La irrupción de Lola García en la crónica social española ha traído consigo un vendaval de acusaciones que ponen en jaque su faceta profesional. La bailarina, actual pareja de Kiko Rivera, se enfrenta a duras críticas por parte de sus propias alumnas, quienes denuncian una supuesta «dejadez» en sus academias de baile desde que comenzó su mediático romance con el hijo de Isabel Pantoja.
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Las alumnas rompen su silencio en Telecinco
Lo que comenzó como un rumor en los pasillos de sus centros de danza ha estallado este lunes en la pantalla pequeña. Una de las estudiantes de su academia ha alzado la voz en el programa Vamos a Ver de Telecinco, asegurando que la presencia de Lola en las clases es cada vez más «anecdótica». Según este testimonio, la profesora estrella habría delegado sus funciones en sustitutas que, a juicio de las alumnas, carecen de la titulación y la experiencia necesarias para impartir la formación.
La queja es clara: desde que el amor llamó a su puerta, Lola García habría dejado de compartir su talento y experiencia con la frecuencia habitual, centrando sus esfuerzos en el seguimiento mediático y en su nueva vida junto al DJ. Esta situación ha generado un clima de descontento en sus locales de danza, donde el arte parece haber cedido terreno a las portadas de las revistas de corazón.
Deudas y «mecenas» bajo la lupa
A los problemas de gestión se le suman controversias económicas que enturbian aún más su imagen pública. Se ha puesto sobre la mesa una supuesta deuda de 32.000 euros derivada del impago del alquiler de uno de los locales donde operaba su academia. Además, la financiación de sus sedes es motivo de debate: mientras se apunta a que Omar Montes apoyó inicialmente su proyecto en Villaviciosa de Odón antes de retirarle el auxilio financiero, ahora se señala a Kiko Rivera como el nuevo inversor de su aventura empresarial.
La contundente respuesta de la bailarina
Ante la gravedad de las acusaciones, Lola García ha roto su silencio a través del periodista Pepe del Real. Aunque ha preferido que su conversación no sea retransmitida íntegramente, ha autorizado al colaborador para que traslade su defensa de manera tajante:
«Desmiente toda la información. Dice que ella sigue allí y que acompaña a Kiko los fines de semana, que no hay clase. Además, puntualiza que, si un día no puede ir, hay gente preparada para hacerlo».
Lola defiende su profesionalidad con uñas y dientes, negando que su historia de amor ponga en peligro el negocio que tanto esfuerzo le ha costado levantar. Sin embargo, el contraste entre sus redes sociales —donde las publicaciones artísticas han sido desplazadas por románticas estampas con el DJ— y la realidad de sus aulas sigue alimentando el debate sobre sus verdaderas prioridades actuales.
