El actor Álex García ha visitado los estudios de la Cadena Ser para participar en el reto gastronómico de «A las bravas». Durante la entrevista conducida por Raúl Pérez, el intérprete canario ha recordado sus inicios como reportero infantil y la cara más amarga de una exposición mediática que le llevó a huir de su isla natal para recuperar el anonimato.
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Un reportero estrella en el ojo del huracán tinerfeño

Mucho antes de consolidarse como uno de los actores más respetados de la escena actual, Álex García experimentó un éxito arrollador en Tenerife cuando apenas era un niño. Con tan solo 13 años, se convirtió en uno de los rostros principales del Canal 7 del Atlántico, donde sus reportajes —especialmente los realizados durante el Carnaval de Tenerife— le otorgaron una popularidad masiva en toda la isla.

Esta fama temprana, aunque gestionada con la naturalidad propia de la infancia, trajo consigo situaciones difíciles de procesar para un menor. «No tuvo nada que ver con la fama de Macaulay Culkin… pero no es fácil para cualquier niño», ha reflexionado el actor sobre aquel periodo de su vida. La constante repetición de sus intervenciones en televisión hacía que fuera prácticamente imposible para cualquier habitante de la isla no conocerle.
El acoso en el ámbito privado: llamadas y esperas en el portal
La exposición de García traspasó la pantalla de forma invasiva. El actor ha relatado cómo, en una época previa a la hegemonía de los teléfonos móviles, los seguidores utilizaban los listines telefónicos públicos para localizar su domicilio y el número de su casa. El bombardeo de llamadas era tal que su familia se vio obligada a cambiar el número de teléfono para frenar el acoso constante de jóvenes de su edad que querían contactar con él.

Sin embargo, el asedio no se limitaba a la línea telefónica. García ha confesado en la Cadena SER que vivió momentos de verdadera tensión al encontrarse con personas que le esperaban directamente en la puerta de su casa. Aunque en aquel entonces asegura que era feliz con la popularidad, el desgaste acumulado por esta falta de privacidad acabó pasando factura.
La «huida» a Madrid en busca de la libertad del anonimato

El punto de inflexión llegó a los 18 años, cuando decidió trasladarse a Madrid. Lo que en principio parecía un movimiento natural en su carrera profesional, escondía en realidad una necesidad vital de escapar de la presión mediática de Tenerife. García ha reconocido que su salida de la isla tuvo «algo de huida» y que llegar a la capital española supuso una auténtica liberación.

En Madrid, el actor descubrió el valor del anonimato, un contraste radical con las 20 horas diarias de presencia en antena que sufría en su tierra natal debido a las reposiciones. Esta experiencia personal ha forjado en él una profunda preocupación por cómo gestionan la fama los niños y niñas que protagonizan series de éxito global hoy en día. «El tema de la exposición es muy difícil de llevar. Si ya lo es siendo adulto, imagínate cómo será siendo niño», ha advertido el intérprete.
