Saltar al contenido
Corazón

Carlos Sobera desvela el retiro con el que sueña lejos de los platós, un pueblo de Burgos de 22 vecinos donde quiere ser agricultor: «Cuando deje la tele voy a volver»

Pedro Serrano González
5 min 139
Carlos Sobera vibras

Carlos Sobera, uno de los rostros más longevos y reconocibles de la televisión española, ha dejado escapar una confesión que retrata al hombre que hay detrás del presentador. El conductor de First Dates tiene ya decidido dónde y cómo quiere vivir cuando apague para siempre los focos, y no es en ninguna gran capital ni en un ático de lujo, sino en un minúsculo pueblo de Burgos de apenas veintidós habitantes. «Cuando deje la tele voy a volver a Burgos como agricultor», ha resumido, sin dramatismo, quien lleva décadas siendo uno de los maestros de ceremonias más fiables de la pequeña pantalla.

Te recomendamos

La revelación, que recoge el diario ABC, dibuja a un comunicador muy distinto del que cada noche empareja a desconocidos en el restaurante televisivo más famoso del país. Nacido en Barakaldo en 1960 y vasco de cuna, Sobera guarda una predilección profundamente sentimental por la tierra de la que procede su familia, un rincón perdido de la provincia de Burgos al que regresa cada vez que la agenda se lo permite. Actor, presentador, empresario teatral y profesor universitario, el comunicador ha construido una carrera larguísima y versátil, pero cuando habla de futuro no menciona nuevos formatos ni grandes contratos, sino boñigas de vaca, huertos y la calma de un lugar donde el tiempo parece haberse detenido.

Un rincón perdido de Las Merindades con solo veintidós almas

El pueblo elegido por el presentador para su ansiada jubilación se llama Cubillos de Losa, una pedanía diminuta enclavada en la comarca burgalesa de Las Merindades, adscrita al partido judicial de Villarcayo y al Ayuntamiento de Junta de Traslaloma. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la localidad cuenta con apenas veintidós habitantes, una cifra que resume mejor que cualquier adjetivo el tipo de vida que persigue el vasco: la del silencio, la del vecindario que se conoce por su nombre, la de la España rural que resiste al despoblamiento. Su principal reclamo es la Iglesia de San Juan Bautista, una de las mejores representaciones del arte románico de la zona, un templo de piedra que preside un paisaje situado a noventa y cuatro kilómetros de la capital burgalesa.

La España de la posguerra que el presentador no ha olvidado

El vínculo de Carlos Sobera con Cubillos de Losa no es una pose reciente ni un capricho de madurez, sino el hilo que cose toda su biografía. Allí pasó los veranos enteros de su infancia y de su juventud, y el relato que ha rescatado de aquellos años tiene el sabor áspero de otra época. «Llegábamos a finales de junio a Cubillos. En aquella época íbamos en autobús hasta Quintanilla de Pienza y de ahí hacíamos los cuatro kilómetros andando con mi padre llevando cajas al hombro. ¡Eso sí que era la España de la posguerra! Recuerdo que eran todo boñigas de vaca, olor a cabra y oveja y que el agua había que ir a buscarla a la fuente», rememoraba el pasado mes de junio en un diario burgalés, con motivo de ser el encargado de lanzar la bota en las fiestas del pueblo.

Con el paso de los años, la familia compró una casa en Medina de Pomar, otra localidad de los alrededores en la que todavía reside su madre, de noventa y siete años, durante los meses de julio y agosto. Ese arraigo intacto, mantenido a fuego lento pese a la fama y al ritmo endiablado de los platós, es el que explica que el presentador no conciba su vejez en ningún otro sitio que no sean aquellas tierras altas del norte burgalés, entre iglesias románicas, huertos y caminos que huelen a hierba mojada.

El sueño de las dos vacas y el carro de bueyes

Lejos de fijar una fecha concreta para colgar el micrófono, el conductor de Mediaset sí tiene nítida la fotografía de cómo quiere que sea el último capítulo de su vida, y la describe con una ternura casi bucólica. «Siempre digo que el día que tenga 75 u 80 años me gustaría tener una casita en el campo, cultivar unas cositas, tener un par de vacas y montarme en un carro con bueyes para dar un paseo», confiesa el presentador, que está casado con Patricia Santamarina desde 2015 y es padre de una hija, Natalia, nacida en 2008. El contraste no puede ser mayor: el hombre que domina como pocos el vértigo del directo sueña con la lentitud, con el trabajo de la tierra y con un horizonte sin cámaras.

Más allá de la anécdota simpática, la confesión de Sobera conecta con una nostalgia muy española, la del que triunfó lejos de su pueblo y sueña con regresar a él para cerrar el círculo. En un país que se debate entre la vida acelerada de las grandes ciudades y el drama silencioso de la España vaciada, que uno de sus presentadores más populares reivindique un futuro de vacas, huertos y carros de bueyes en un pueblo de veintidós vecinos suena, más que a extravagancia, a declaración de principios.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *