El blindaje físico del que siempre ha presumido el aristócrata del bache y el compadreo ha vuelto a quebrarse en el peor momento posible. Bertín Osborne se encuentra postrado en una cama, devorado por la fiebre alta y aquejado de una neumonía bastante aguda que ha encendido todas las alarmas en su entorno más cercano. La noticia, desvelada en primicia este miércoles por la representante Susana Uribarri en el plató de Y Ahora Sonsoles de Antena 3, introduce un nuevo y preocupante capítulo en el historial clínico del jerezano, cuya salud ya quedó seriamente tocada tras arrastrar un severo cuadro de COVID persistente desde el año 2020.
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El contratiempo de salud no solo afecta a la intimidad familiar del cantante de rancheras, sino que dinamita de forma inmediata su maltrecha agenda de conciertos. La propia Susana Uribarri, íntima amiga y habitual gestora de los grandes rostros del papel cuché, se mostraba sumamente cauta de cara a los inminentes compromisos profesionales que el presentador tiene firmados para las próximas setenta y dos horas. «No es alarmante, pero está en cama, con fiebre y con una neumonía bastante aguda. Sé que tiene este fin de semana conciertos y no sé si va a poder asistir», reconocía la mánager ante la atenta mirada de Sonsoles Ónega, dejando flotar en el aire la más que probable cancelación masiva de sus espectáculos musicales.
Esta dolencia pulmonar llega en un momento de absoluta vulnerabilidad para el polifacético artista. Con una edad en la que cualquier afección respiratoria seria exige un estricto control médico, este bache clínico obliga al madrileño a recluirse por completo en su finca andaluza, precisamente cuando intentaba reorientar su carrera profesional sobre las tablas de los teatros tras meses de severo desgaste de su marca personal en la crónica social y los platós de la competencia.
Del colapso respiratorio al búnker andaluz tras el huracán con Gabriela Guillén
El revés hospitalario coge a Bertín Osborne con las defensas bajas y el ánimo seriamente afectado tras un año de intensísima sobreexposición mediática. Su guerra de desgaste, comunicados y batallas de paternidad con la esteticista paraguaya Gabriela Guillén lo habían situado de forma perpetua en el centro de la diana del corazón. Ahora, obligado por prescripción facultativa a guardar reposo absoluto, el encierro forzoso actúa como un inesperado búnker sanitario que lo aparta de los micrófonos de la prensa del corazón, aunque a un coste demasiado elevado para sus promotores musicales.
La fragilidad que hoy exhibe el intérprete de ‘Como un vagabundo’ desmiente de un plumazo esa imagen de galán incombustible e impermeable al paso del tiempo con la que suele presentarse ante su audiencia fiel. Mientras los médicos vigilan la evolución de la infección respiratoria para evitar complicaciones mayores derivadas de sus antecedentes víricos de 2020, sus seguidores aguardan un comunicado oficial de su equipo de producción que confirme el aplazamiento de sus recitales. La salud ha dicho basta y ha obligado al andaluz a frenar en seco una maquinaria que parece que ya no responde como antes.
