Lo que empezó como un rumor de convite —de esos que se cuentan entre risas y nadie se atreve a sostener— acaba de dejar de ser una especulación. Anita Williams y José Navarro, el cortador de jamón que trabajaba en la boda de Suso Álvarez y Marieta Díaz, ya no se esconden: han sido fotografiados juntos en Madrid saliendo de una peluquería, con la complicidad puesta a la vista de las cámaras de Europa Press, y ella misma ha zanjado la cuestión con una frase que vale por un comunicado: «Menos mal que me gusta el muchacho, imagínate que no me gustara». Ya no hay conjeturas ni fuentes anónimas. Hay imágenes, hay planes compartidos y hay una pareja que, sin querer ponerse etiquetas, se comporta exactamente como una pareja.
Te recomendamos

Rosario Mohedano presume de rechazar cada semana las ofertas para colaborar en televisión, pero corre a los platós en cuanto tiene un single de su tía que promocionar

Un mes sin dejarse ver juntos enciende las alarmas: ‘De lunes a viernes’ debate si Rocío Carrasco y Fidel Albiac están en crisis o lo fingen a propósito

Carmen Borrego se duele de «una nueva guerra» por el ático de su madre mientras una discípula de María Teresa dicta sentencia: «El reality fue su gran error»

El robo del coche de Kiko Rivera acaba en cuatro horas: la Guardia Civil localiza su Audi Q7 tras el aviso viral y el DJ respira desde un avión

De cortar jamón a acompañarla a la boda del día siguiente

La historia tiene el arranque más televisivo imaginable. José Navarro acudió al enlace de Suso Álvarez y Marieta a hacer su trabajo, que es cortar jamón —y hacerlo bien: es uno de los cortadores más solicitados del circuito de eventos, hasta el punto de que Divinity lo perfiló recordando que ha llegado a servir para la mesa de Felipe VI—. Pero aquella noche pasó otra cosa. Él mismo lo confesó después, sentado en el plató de ‘Vamos a Ver‘, con la naturalidad de quien no tiene nada que ocultar: «Cuando la vi, los ojos se me fueron para ella. Hablamos un rato y cuando terminó la boda le escribí». No partían de cero, eso sí: ya se seguían en redes sociales, de modo que el flechazo tuvo menos de casualidad y más de coincidencia largamente aplazada.
La velocidad de lo que vino después explica por qué el asunto ha escalado tan rápido. Anita Williams, que ese fin de semana encadenaba compromisos, le lanzó una invitación que no admitía medias tintas: al día siguiente tenía otra boda, la de su compañero de ‘Supervivientes‘ Almácor, y quería que la acompañara. Él dijo que sí. Así, en menos de veinticuatro horas, el cortador de jamón pasó de ser el proveedor de un catering a convertirse en el acompañante oficial de una de las protagonistas más comentadas del universo Telecinco. Cuando el asunto saltó a los platós, ambos lo confirmaron sin dramatismos: él debutando en directo, ella conectada por videollamada desde Barcelona porque había perdido el tren tras quedarse dormida, un detalle que retrata bastante bien el tono desenfadado de todo este idilio.
Las imágenes que convierten el rumor en hecho: una peluquería, un taxi y muchas miradas

El salto definitivo llegó cuando la catalana regresó a Madrid para asistir al bautizo del hijo de Noemí Salazar y aprovechó el viaje para reencontrarse con él. No fueron a cenar a un reservado ni se escondieron en ningún hotel: se fueron juntos a la peluquería, uno de esos planes cotidianos y sin épica que, precisamente por eso, dicen mucho más que cualquier declaración. A la salida del establecimiento se toparon con los reporteros, y la reacción de Anita Williams fue tomárselo a broma sin negar absolutamente nada. «La pareja del momento no, pero quién sabe», deslizó, antes de rematar con ese «menos mal que me gusta el muchacho» que ya circula por todas partes. Preguntada por lo que más valora de él, respondió sin pensarlo: «Es muy detallista».

Él tampoco se escondió. Reconoció que lleva «unos días muy locos» por el revuelo mediático que se ha montado a su alrededor, aunque aseguró llevarlo «bien», y dejó claro que no piensa dejarla escapar: «A la vista está que es guapísima». Sobre el futuro, ninguno de los dos quiere comprometerse a nada más allá de disfrutar: «Que la vida nos sorprenda», resumió el cortador. «Eso. Piano, piano si va lontano», añadió ella antes de subirse a un taxi. La postura de Anita es coherente con lo que viene diciendo desde el principio: «Ahora mismo prefiero que todo fluya, no me gusta poner etiquetas porque me agobio muy rápido. Que pase lo que tenga que pasar». Y también con una confesión que dejó caer entre risas y que conviene no pasar por alto: sola, dice, también estaba «muy a gusto».
@larazon.es 💘 ¿Va en serio lo de Anita Williams y José Navarro? 👥 Tras conocerse en la boda de Marieta y Suso Álvarez, donde saltaron los rumores de un posible tonteo, la exconcursante de La Isla de las Tentaciones y el cortador de jamón han vuelto a dejarse ver juntos. #AnitaWilliams #JoséNavarro
♬ sonido original – La Razón
El giro que necesitaba después de un año durísimo
Para entender la dimensión de esta historia hay que recordar de dónde viene ella. Anita Williams encadena meses convertida en uno de los personajes más comentados —y más golpeados— del ecosistema de los realities. Se dio a conocer en ‘La isla de las tentaciones’, protagonizó una ruptura mediática con José Carlos Montoya que dio la vuelta al mundo, pasó por ‘GH DÚO’ arrastrando las secuelas físicas de la amputación que sufrió durante el concurso, se sometió a una operación en mayo y este mismo mes relató sin filtros los cuatro meses que pasó en prisión, un episodio que abordó con una crudeza poco habitual en televisión. Después de todo eso, verla salir de una peluquería riéndose con un chico que le corta jamón a los reyes tiene algo de justicia poética.
Queda por ver hasta dónde llega. El «sin etiquetas» es, en el argot de este género, un territorio conocido: casi siempre significa que ya hay algo más y que nadie tiene prisa por certificarlo. Pero la diferencia entre aquel primer rumor de la boda de Suso y Marieta y lo que hay hoy es sustancial. Entonces eran comentarios de invitados. Ahora hay fotografías, hay una agenda compartida y hay dos protagonistas que, preguntados de frente, sonríen y no desmienten. En el diccionario del corazón, eso ya tiene nombre, se lo pongan ellos o no.
