Amador Mohedano llevaba años anunciando unas memorias sobre su hermana y este viernes decidió abrir el cuaderno en el plató de ‘¡De Viernes!’. Lo que salió de ahí no fue un anecdotario: fue una versión completa y alternativa de la lectura del testamento de Rocío Jurado, con nombres, con una reunión en Hacienda y con una acusación directa a su sobrina, Rocío Carrasco, y a Fidel Albiac. Y, entre medias, el relato de las últimas palabras que cruzó con la cantante: una llamada a las siete de la mañana en la que ella le cantó por teléfono.
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«Mi hermana nombró de albacea a la que no tendría que haber nombrado»
El bloque más serio de la entrevista es el del testamento, y es serio porque Amador Mohedano pone nombre y apellidos a su reproche. Sostiene que su hermana se equivocó al designar albacea a Ana Iglesias Gil de Bernabé, abogada y amiga cercana de la cantante: «Mi hermana nombró de albacea a la que no tendría que haber nombrado», afirmó. A partir de ahí, su versión es la de una familia desbordada por el papeleo: asegura que su sobrina y Fidel Albiac se entendieron con la albacea y que entre ellos «manejaron todo como les dio la gana». La consecuencia práctica, según su relato, llegó con la factura fiscal: cuando les reclamaron los impuestos por los bienes que había dejado la artista, la cifra les pareció «una barbaridad».

Lo que cuenta después es el detalle que da cuerpo a la acusación, porque incorpora a un tercero y a una administración. Según Amador, fue su cuñado José Antonio —«al que la Carrasco no puede ver», precisó— quien cogió los papeles y encargó a especialistas una valoración de todo lo que tenía Rocío Jurado. Con esa tasación bajo el brazo se plantaron en Madrid, y en una reunión en Hacienda les dijeron a él y a su hermano, siempre según su testimonio, que «nos la querían meter doblada». Él mismo relató que llegó a negarse a firmar uno de los papeles que la albacea quería que rubricase. Es su palabra, y ninguna de las personas señaladas ha respondido a estas afirmaciones concretas, pero es la primera vez que el que fue mánager de la artista durante tres décadas desgrana el episodio con esta minuciosidad. Preguntado por si el distanciamiento con su sobrina fue únicamente una cuestión de dinero, no se anduvo con rodeos: «La ambición la ha corroído totalmente. A ella y al otro».
«Amador, tiro la toalla»: la última conversación con Rocío Jurado
La parte que descolocó al plató no fue la del dinero, sino la del final. Amador Mohedano reconstruyó la última vez que habló con su hermana con una escena doméstica y brutal: entró en la habitación, como cada día, y se la encontró secándose con una toalla. «Me mira y me dice: ‘Amador, tiro la toalla, no puedo más’», recordó. Estaba, explicó, agotada de pruebas y tratamientos. Él salió de allí sin ser capaz de sostenerse: «Me fui a mi casa y me metí en el coche llorando como un niño chico, no veía ni la carretera. Me tiré en la cama, llorando, y me quedé dormido, rendido».

Lo que vino después es el momento que se llevó la noche. «A las siete de la mañana me llama por teléfono y me canta ‘Te quiero más que a mi vida’. Ahí me quedé muerto. Esto fue lo último que hablé con Rocío», contó. La cantante falleció al día siguiente, y fue él, como mánager y como hermano, quien tuvo que comunicar la noticia. Ese doble papel —el de familiar que sostiene y el de profesional que da la cara— es exactamente el que reclama para sí en las memorias que prepara, y explica por qué se ha mostrado tan reacio al documental producido por su sobrina. Ahí fue más lejos que nunca: cuestionó directamente los manuscritos atribuidos a la cantante en los que se apoya la serie y aseguró que «son recopilatorios de prensa», es decir, que no serían escritos originales de Rocío Jurado sino material recopilado. Sostiene que será en su libro donde se cuente «toda la verdad». No es la primera vez que reabre el capítulo de la enfermedad: ya detalló en Telecinco el diagnóstico de la artista veinte años después, con la consiguiente reacción de Gloria Camila.
La muerte de Pedro Carrasco, contada desde el otro lado
El tercer frente de la entrevista fue el 27 de enero de 2001, el día en que un infarto repentino se llevó a Pedro Carrasco mientras dormía. La versión de aquella mañana la había contado ya Rocío Carrasco; ahora Amador ofrece la suya, y sitúa el foco en otro punto: dice que fue él quien recibió el primer aviso y el primero en llegar a la casa. Allí se encontró a Raquel Mosquera, que había hallado el cuerpo de su marido en la cama y había dado la voz de alarma, en un estado que describió como «fuera de sí», gritando y sin creerse lo que acababa de pasar. La frase que le lanzó, según su relato, resume el shock: «Despiértale tú, que a ti te hará caso».
Después entró en la habitación. «Me encontré a Pedro, ya fallecido, con una sonrisa en los labios», contó, una imagen que asegura no habérsele borrado en los veinticinco años transcurridos desde la muerte del que fue campeón del mundo de boxeo. El detalle importa por lo que arrastra: el orden de llegada a aquella casa es uno de los puntos que la familia ha discutido públicamente, y su relato de quién estaba y quién no coloca su versión frente a la que ha sostenido su sobrina. Es, otra vez, la misma mecánica de toda esta guerra: dos memorias sobre los mismos días que no encajan, y un espectador que decide a cuál da crédito.
Un movimiento más en una guerra que no se cierra
La entrevista no llega en el vacío. Se emite años después de los documentales protagonizados por Rocío Carrasco que fracturaron definitivamente a la familia, y en pleno curso de una batalla que sigue dando episodios: hace un mes Gloria Camila cargó contra el documental de Rocío Jurado por marginar los testimonios de su familia, y esta misma semana Rosa Benito, exmujer de Amador, rompió con ‘De Lunes a Viernes’. La rama de los Mohedano lleva meses recolocándose en televisión, y esta entrevista es la pieza que faltaba: la del hermano que gestionó la carrera y el patrimonio, y que ahora reclama el derecho a contar su parte.
Amador Mohedano no era además el único plato fuerte de la noche. La misma emisión de ‘¡De Viernes!’ desplegó las conversaciones inéditas entre Isabel Pantoja y Julián Muñoz de la etapa en que el exalcalde de Marbella estaba en prisión —más de una treintena de llamadas, escuchadas por primera vez por Mayte Zaldívar—, las imágenes del interior de Cantora aportadas por Pepi Valladares y Laura Cuevas, y el cara a cara de Makoke con las hermanas Campos por la venta del piso de Málaga. Fue el primer viernes sin ‘Tu cara me suena‘ enfrente, y el programa lo aprovechó para amontonar en una sola noche casi todos los frentes abiertos de la crónica social española.
