Aitana Sánchez-Gijón ha arremetido con una dureza sin precedentes contra la prensa del corazón en una entrevista concedida en el Festival de Cannes. La prestigiosa intérprete, de actualidad internacional por la presentación del largometraje Amarga Navidad de Pedro Almodóvar, ha roto de forma tajante su habitual distanciamiento del foco mediático para calificar de «violaciones» los seguimientos periodísticos derivados de su reciente e inesperado romance con el actor Maxi Iglesias.
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«Son depredadores»: el rotundo alegato por el derecho a la intimidad
La polémica se encendió semanas atrás cuando la revista Lecturas publicó en exclusiva unas fotografías de la actriz besándose apasionadamente con Maxi Iglesias. El destape del romance la convirtió de inmediato en el objetivo prioritario de las agencias y en el debate central de magacines como Y Ahora Sonsoles en Antena 3, D Corazón en televisión Española o El Tiempo Justo en las tardes de Telecinco. En declaraciones al diario El País, la protagonista ha decidido plantar cara de forma directa a lo que considera una intolerable agresión a su esfera íntima.
«Nunca he especulado con mi vida ni he aireado mi vida privada. Y es algo que voy a seguir haciendo mientras viva», ha afirmado la artista con una contundencia implacable. Sánchez-Gijón sostiene que las dinámicas de la prensa rosa albergan un trasfondo «profundamente reaccionario» y no ha dudado en tildar a determinados medios de comunicación de auténticos «depredadores». Su veredicto final ha sido devastador para el sector: «Respeto mi intimidad y pretendo que se me respete. Y todo lo demás me parecen violaciones. Yo comparto lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero».
La trágica coincidencia entre la ficción de Almodóvar y su duelo real
El enfado y la vulnerabilidad de la actriz ante el acoso de las cámaras cobran un sentido infinitamente más profundo al desvelarse el durísimo trance familiar que atravesaba mientras rodaba bajo las órdenes del cineasta manchego. En Amarga Navidad, Sánchez-Gijón da vida a Mónica, la fiel asistente del realizador protagonista, interpretado por el argentino Leonardo Sbaraglia.
La ganadora del Premio Nacional de Teatro ha confesado en la Costa Azul que construyó este nuevo personaje a partir de una herida desgarradora, ya que el calendario de grabación de la película coincidió de forma matemática con el peor escenario médico de su hogar. «Mi madre se acaba de ir hace tres semanas. Y el rodaje coincidió con el diagnóstico de su cáncer. El dolor de Mónica frente a la pérdida y al duelo es el mío», ha desvelado visiblemente emocionada ante la prensa internacional. Esta trágica catarsis personal impregnó cada una de sus escenas, dotando al film de una verdad dramática desgarradora que ya ha despertado una ovación de diez minutos tras su proyección oficial en Cannes.
Tensiones a las puertas del teatro e insistencia mediática
Toda esta acumulación de dolor por la pérdida de su madre ayuda a comprender la tensa reacción que la intérprete protagonizó recientemente a las puertas de un recinto teatral en Madrid. Mientras se disponía a acceder a las instalaciones para encarar su jornada laboral en las tablas, varios reporteros de televisión la asaltaron de forma agresiva para interrogarla por su romance con Maxi Iglesias.
Sánchez-Gijón se plantó con severidad ante los micrófonos para exigir mesura y frenar la provocación en mitad del luto que intentaba digerir de forma privada: «¿De qué vais? Por favor, tengo una función por hacer». El lamentable suceso ha servido para que la actriz denuncie en los grandes foros la falta de ética de las productoras del corazón, defendiendo que el valor comercial de una exclusiva sentimental jamás puede justificar el atropello emocional de un ciudadano que se encuentra atravesando una fase de duelo tan reciente.
El idilio con las tablas frente al declive del esplendor cinematográfico
A sus 57 años de edad, su incorporación a Amarga Navidad supone el segundo gran encuentro artístico de la actriz de origen romano con la cinematografía de Almodóvar, tras su aplaudida participación en Madres paralelas (2021), un rol secundario de enorme calado que le valió una merecida nominación a los Premios Goya. Desde Francia, la que fuera la primera presidenta de la Academia de Cine ha querido realizar un balance honesto sobre su actual estatus en la profesión.
Sánchez-Gijón ha rememorado con orgullo los años de juventud en los que encadenaba superproducciones sin descanso: «Es verdad que tuve unos años absolutamente increíbles en los que hice todo el cine del mundo». Con una madurez envidiable, ha reconocido abiertamente que aquella fase de esplendor masivo en las carteleras tocó a su fin debido al implacable sesgo de edad que impera en la industria global. Sin embargo, lejos de caer en la queja o el victimismo, ha querido reivindicar la soberanía del espacio escénico que le ha servido de cobijo permanente durante las últimas décadas: «¡Pero cuánto me quiere el teatro!». Una lealtad mutua que la mantiene en la cúspide de la interpretación nacional al margen del ruido mediático de los paparazzi.
