La brecha entre el prestigio de la gran pantalla y el fenómeno de los likes ha saltado por los aires tras las declaraciones de Victoria Vera en el Festival de Málaga. La mítica intérprete, que acaba de ser distinguida con la Biznaga Ciudad del Paraíso a sus 73 años, no ha tenido reparos en dinamitar el estatus de las nuevas estrellas digitales durante su paso por la capital de la Costa del Sol. Vera, visiblemente emocionada por un premio que llega «cuando más lo necesitas», aprovechó los micrófonos para lanzar un misil directo contra la presencia de influencers en las galas del séptimo arte.
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El momento de máxima tensión se produjo cuando la actriz de Acosada fue interrogada por María Pombo. La respuesta de la veterana fue un ejercicio de indiferencia que ha escocido en el universo Instagram: «¿Quién es María Pombo? ¿Pombo? No sé. ¿La que lee? Ah, Dios mío. Qué tristeza». Con estas palabras, Vera no solo ninguneó a una de las mujeres más seguidas de España, sino que cuestionó la relevancia cultural de toda una generación que, según ella, dista mucho de las verdaderas influencers de los años 30 y 40, aquellas actrices cuyos peinados y trajes definían una época por su talento y no por un algoritmo.
María Pombo no se achanta: «Victoria Vera… ¿se llamaba así?»
La réplica de la empresaria madrileña ha llegado este miércoles con la misma moneda: la duda sobre la identidad ajena. Aunque ha intentado mantener las formas, Pombo ha devuelto el golpe con una sutil ironía que subraya el choque de épocas. «Estoy segura de que, a Victoria Vera, ¿se llamaba así?, la cuestionaron en su momento», ha sentenciado María, replicando el gesto de no recordar el nombre de su interlocutora.
Pombo, que a diferencia de Laura Escanes o Dulceida no fue invitada a la última edición de los Goya, ha querido zanjar la polémica apelando a la falta de entendimiento de los mayores hacia las nuevas formas de comunicar. «La entiendo, creo que cada generación comunica diferente y respeto su opinión», ha afirmado la influencer, dejando claro que, aunque respeta la trayectoria de la actriz, considera sus críticas como un síntoma de una etapa que ya no comprende el mundo actual. El debate sobre si la alfombra roja debe ser un reducto exclusivo para el cine o un escaparate publicitario para las redes está, más que nunca, al rojo vivo.
