Después de tres meses ingresado, Adrián Rodríguez ha vuelto a asomarse a sus redes sociales con una imagen que ha sorprendido a sus seguidores por el cambio físico. No ha querido explicar cómo se encuentra ni pronunciarse sobre lo vivido. Quien sí ha hablado, y largo, ha sido la mujer que lleva más de doce años a su lado: «Me pide ayuda económica. He tenido que establecer límites».
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Las palabras son de Victoria Vladimerovna, su expareja, que se pronunció en directo en Y Ahora Sonsoles para poner al día una situación que sigue siendo delicada. Su testimonio no es el de alguien que ajusta cuentas, sino el de quien ha aprendido por la vía dura dónde termina la ayuda y dónde empieza el desgaste propio.
«He dado muchísimo: psicólogos, tratamientos, lo que necesitaba y lo que no»

La joven, que le conoce desde hace más de una década y con quien mantuvo una relación de más de un año, hizo un repaso de todo lo que ha puesto por él: «Yo he dado mucho por Adrián. Lo digo porque mucha gente se desvive por las personas adictas que tienen sus problemas. He dado muchísimo en psicólogos, tratamientos, en todo lo que ha necesitado y lo que no ha necesitado: carné de coche, moto, clases de piano…».
De ahí la frase que resume su posición actual. No le ha cerrado la puerta —le ha ofrecido una habitación donde vivir—, pero ha trazado una raya nítida: acompañamiento sí, dinero no. Ella misma continúa en terapia psicológica para reponerse del desgaste acumulado, y ya el pasado mes de abril había resumido en una frase lo que le costó aquel intento de salvamento: «Dejé de hacer mi vida por salvarle».

Su diagnóstico sobre el momento actual del intérprete fue el más duro de todo el directo, y también el más discutible: sostiene que él «tiene que tocar fondo», matizando que no se refiere a las caídas vividas hasta ahora. También considera precipitada su salida del centro, después de apenas tres meses ingresado. Pese a todo, cerró con un deseo: «Solo deseo que sea fuerte, que remonte y que luche por su vida. Es un chico con muchos valores, todos le queremos y deseamos verle bien. Tiene mucho que sanar, como miedos, traumas…».
Sin ingresos y buscando una habitación
La periodista Paloma García-Pelayo aportó en el mismo programa el retrato más concreto de su situación material, citando a fuentes cercanas al actor: «Cualquier persona que tiene un bache de esta dimensión necesita seguir con su vida. Trabajar, tener una actividad. Dice que ha hecho algunos trabajitos, pero que no tiene ingresos. Está buscando los ingresos mínimos para acceder a una habitación o un alquiler y vivir fuera del centro».
Ese es, despojado de titulares, el punto exacto en el que está: un hombre de 37 años que fue rostro popular de la televisión desde la adolescencia y que ahora busca un trabajo que le permita pagarse una habitación. Según esas mismas fuentes, él «dice sentirse mucho mejor» y cree que, tras estos tres meses, está mejor que cuando entró.
Qué pasó en abril: la condena que no le llevó a la cárcel

Conviene aclarar un extremo que se ha contado de forma confusa. El pasado 16 de abril, tras 48 horas en paradero desconocido, el actor fue localizado en la estación María Zambrano de Málaga. Al verse grabado golpeó con la mano a un cámara y, ya en dependencias policiales de la estación, se produjo un altercado con dos agentes de la Policía Nacional.
Al día siguiente fue juzgado en un juicio rápido en Málaga. Aceptó los hechos y la petición de la Fiscalía, lo que rebajó la pena desde los dos años solicitados inicialmente hasta seis meses de prisión por un delito de atentado contra la autoridad, además de dos multas por las lesiones. Ahora bien, y esto es lo que conviene precisar: no ingresó en prisión ni va a hacerlo. Al carecer de antecedentes, la pena quedó suspendida a condición de que no vuelva a delinquir; solo en ese caso la sentencia le obligaría a entrar.
A la salida del juzgado pidió perdón sin escudarse: «Yo llamé a la policía» y «no me hizo ni puñetero caso, y yo ya agredí al cámara», relató, antes de añadir: «Pido perdón de todas formas. Yo no soy así, yo soy un profesional, siempre lo he demostrado. Necesitaba que no me grabarais». Y cerró con la frase que explicaba dónde estaba aquel día: «Necesito volver al centro, volver a recuperarme». Su padre, Antonio Rodríguez, confirmó después que el actor se encontraba en la estación precisamente porque iba a regresar al centro de rehabilitación, y que «se puso nervioso».
Una década larga de recaídas
El consumo arrancó en la adolescencia, cuando ya era un rostro conocido tras saltar a la fama a los 17 años. Pidió ayuda por primera vez hace unos tres años. A finales de 2024 su situación económica se desmoronó: vendió propiedades y abrió una cuenta en una plataforma de contenido para adultos, algo que él mismo asumió sin rodeos —«quién me iba a decir a mí que iba a estar ahí; lo respeto, pero… me salvó económicamente entre comillas»—. Ese mismo año obtuvo, a distancia y con buena nota, el título de monitor en centros de tratamiento de drogodependencias.
En noviembre de 2025 anunció un nuevo ingreso: «Me voy a un centro de rehabilitación. Estaré completamente incomunicado… Necesito curarme de verdad». Salió a finales de febrero con un alta voluntaria que su familia consideró prematura, y reapareció asegurando estar «limpio, contento y con muchas ganas de vivir». Seis semanas después llegó la recaída que acabó en la estación de Málaga. «Conocí a una persona, se nos fue de las manos y ha habido otra recaída», explicó entonces.

El testimonio más revelador quizá sea el de su padre, que dibuja el precio que paga el entorno: «Tienes que parar porque si no te arrastra. Llevo un año y medio sin verle en persona. Su madre también se tuvo que proteger, porque él se refugiaba mucho en ella y ella quería darle una y otra oportunidad». Es la misma frontera que ahora describe su expareja, dicha por otra boca. Y es, probablemente, la parte de esta historia que menos tiene que ver con la fama y más con cualquier familia.
