Un WhatsApp que parecía venir del jefe de la Casa del Rey. Un PDF con el azul institucional de la Fundación Princesa de Asturias, su logotipo y la fecha exacta de la ceremonia. Y un catálogo de precios que llegaba a 1,8 millones de euros por una mesa cerca de la Familia Real en el Teatro Campoamor. Todo falso. Es el fraude que ha destapado El Mundo y que utiliza el prestigio de los premios y la presencia de los Reyes como cebo, con un nivel de acabado muy superior al de las estafas habituales que suplantan a la institución.
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El cebo: un mensaje que simulaba venir del jefe de la Casa del Rey
El primer contacto no llegaba por correo basura ni en un envío masivo, y ahí está la diferencia con los fraudes que circulan cada temporada. Según el relato publicado, los mensajes iban dirigidos a personas que ya habían asistido a ediciones anteriores de los premios: gente que conoce el protocolo, que ha estado en el Teatro Campoamor y que, precisamente por eso, no encuentra extraño recibir una comunicación institucional. El mensaje llegaba por WhatsApp y simulaba proceder de Camilo Villarino, el diplomático que dirige la Casa de Su Majestad el Rey. Estaba redactado con la cortesía y el estilo propios del cargo, y sugería que Felipe VI deseaba establecer contacto con el destinatario.
El número desde el que se enviaba no pertenecía a Villarino, pero la apariencia del texto bastaba para inducir a error. Ese primer gesto funcionaba como anzuelo: no pedía dinero, no pedía datos, solo una respuesta. Quien contestaba pasaba automáticamente a la segunda fase. Es un patrón clásico del fraude dirigido —primero se comprueba que el destinatario está receptivo, después se despliega la operación—, pero aquí ejecutado sobre una institución que rara vez se usa como señuelo porque exige conocer bien cómo funciona por dentro: sus fechas, su lenguaje, su cadena de mando.

Cuatro categorías, de la MESA REAL a los 920.000 euros
Quienes respondían recibían después un correo electrónico mucho más extenso, con un documento PDF adjunto que imitaba con precisión la estética de la Fundación: el azul institucional, el logotipo, la estructura gráfica e incluso la fecha real prevista para la ceremonia, el viernes 23 de octubre a las 18:30 horas. El archivo describía una supuesta propuesta de «hospitalidad institucional y patrocinio» dirigida —según su propio texto— a entidades y familias empresariales interesadas en asociar su nombre a un marco de excelencia y proyección internacional. La fórmula suena verosímil porque existe en otros grandes eventos; en estos premios, no.
El documento detallaba cuatro niveles de presencia con sus precios. La llamada MESA REAL, sin coste fijado, prometía cercanía con la Familia Real, una recepción privada y acompañamiento protocolario. La categoría PLATINO ofrecía una mesa de «máxima distinción» por 1,8 millones de euros; la ORO, por 1,4 millones, se dirigía a entidades con «alta capacidad relacional»; y la SILVER, por 920.000 euros, proponía una presencia «cuidada» en el entorno de los galardones. El PDF incluía hasta un esquema del Teatro Campoamor con la disposición aproximada de las mesas. Los contactos se hacían desde teléfonos prepago difíciles de rastrear.

Por qué el montaje no se sostiene: la Fundación no vende nada
Algunos destinatarios dudaron, y hubo quien llegó a pensar que podía tratarse de una nueva vía de patrocinio de la institución. No lo es. La Fundación se financia con aportaciones de sus patronos, convenios y subvenciones, y nunca solicita dinero para organizar la ceremonia ni ofrece contraprestaciones económicas a particulares, porque no dispone de programas de ayuda económica de ningún tipo. Tampoco encaja con el funcionamiento real del Teatro Campoamor: sus casi 1.500 butacas se reparten entre autoridades, familiares de los premiados, patronos, alcaldes vinculados a los galardonados y un número limitado de plazas reservadas a que los asturianos puedan vivir la ceremonia al menos una vez en la vida. No hay mesas que vender, ni recepciones privadas que comprar.
La institución tampoco es nueva en esto, aunque sí lo es la escala. El pasado 4 de enero la propia Fundación emitió un comunicado alertando de «perfiles falsos y comunicaciones fraudulentas» que usurpaban su identidad y la de Leonor para «realizar proposiciones de carácter económico y/o recaudar dinero», y recordó entonces que la princesa «no solicita, ofrece o gestiona aportaciones económicas bajo circunstancia alguna». Aquello eran perfiles en redes sociales dirigidos a ciudadanos particulares. Esto es otra cosa: un dosier corporativo con precios de siete cifras, dirigido a empresas y a familias con dinero, y construido a partir de una lista de personas que ya habían pisado el teatro.
La edición de Patti Smith, Ghibli y Messi, como reclamo
El fraude aparece además en el peor momento posible del calendario, cuando la organización trabaja ya en los tres días de actos que culminan con la entrega. La edición de este año reúne un cartel especialmente llamativo —Patti Smith, Studio Ghibli, David Klenerman, Shankar Balasubramanian, Pascal Mayer, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, Timothy Garton Ash, Leo Messi, Julian Barnes y Christina Koch—, y ese atractivo es exactamente el que los estafadores han utilizado como argumento de venta.
Detrás de todo está el activo que convierte esta ceremonia en un objetivo: la presencia conjunta de Felipe VI, Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y doña Sofía, que cada octubre transforma Oviedo durante varios días. Es el mismo tirón que hemos visto funcionar en otras citas, desde el cambio de agenda de la Familia Real al completo para volar a Nueva York a la final del Mundial hasta los actos institucionales de cada verano. Esa capacidad de atracción es el capital que aquí se ha intentado monetizar por vías ilegítimas, y de ahí la advertencia que deja el caso: cualquier propuesta que implique presencia institucional o uso de imagen pública debe verificarse por los canales oficiales de la Fundación y de la Casa de Su Majestad el Rey, los únicos donde, como recordó la propia entidad, está «la única información veraz».
