El artista colombiano Manuel Turizo, que revolucionó la industria junto a su hermano Julián Turizo, se prepara para lanzar ‘Apambichao’, un quinto álbum que rompe con la tiranía de las métricas. En una charla íntima en el VP Plaza España de Madrid, el intérprete de ‘La Bachata’ analiza el fenómeno de Bad Bunny en la Super Bowl y su próxima colaboración con Maluma, defendiendo el derecho a la felicidad por encima del personaje.
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La imagen que proyecta Manuel Turizo (Montería, 25 años) en la planta más alta del hotel VP Plaza España Design de Madrid dista mucho de la del producto prefabricado que el sistema suele escupir con frecuencia estacional. Lleva gorra, una mirada que se escapa hacia el horizonte del Palacio Real y una serenidad que parece impropia de alguien que lleva diez años viviendo en el epicentro de un huracán mediático. Este 2026 marca un antes y un después para él: se cumple el décimo aniversario de Una Lady Como Tú, el hit que lo cambió todo, y lo celebra no con una gira de despedida, sino con un regreso espiritual a sus raíces más profundas.

El código de barras de Montería: ‘Apambichao’ y el retorno al origen
El próximo 9 de abril, el mercado musical recibirá Apambichao, su quinto trabajo discográfico. El título no es un capricho fonético; es una declaración de principios. Según explica el propio Turizo, «Apambichao» es una expresión cultural que desborda energía, pero que también encierra una filosofía de vida necesaria en tiempos de ansiedad digital. «Es vivírtela a tu modo, a tu tiempo, sin afanarte, sin andar corriendo… A lo tuyo. Haciendo lo tuyo por ti», confiesa el cantante con una calma que desarma.

A diferencia de otros artistas que reniegan de su pasado para abrazar las tendencias de turno, Manuel siente que este álbum es un reencuentro con el «código de barras» de su identidad. Aunque reside habitualmente en Miami, el cordobés asegura que nunca se fue de Montería. Esta madurez musical coincide con un cambio drástico en su escala de valores. Si hace unos años el hambre de gloria lo devoraba todo, hoy el prisma es radicalmente distinto: «Antes hubiera dicho de manera más ambiciosa que quiero llenar estadios, que amén, pero ahora quiero ser feliz, hasta que Dios decida dónde tiene que llegar lo que yo haga».
La cara B de la fama: cuando el compromiso roba la ilusión
A pesar de acumular cifras que marean a cualquier analista —más de 14 millones de seguidores en Instagram y una presencia fija en el Top 50 global de Spotify—, Turizo no oculta que el camino ha sido extenuante. La industria actual exige un ritmo de producción y exposición que, en ocasiones, colisiona frontalmente con la salud mental del artista. Hay días, admite con una honestidad inusual en el género urbano, en los que el ánimo no acompaña para subirse a una tarima frente a miles de personas.

«Cuando se vuelve tu labor de vida, baja un poquito la ilusión en tu cabeza. Hay ciertos momentos en los que tienes estrés y en los que ya se vuelve un compromiso», explica. Para el colombiano, la trampa reside en la velocidad de un mundo globalizado que no permite el barbecho creativo. Siente que la sociedad ha olvidado el arte de estar presente, de disfrutar el lugar en el que se está sin pensar en la siguiente publicación. Por eso, su mayor batalla hoy no es contra las listas de éxitos, sino contra su propia mente. Se define como su mayor juez y reconoce que le cuesta controlar las expectativas: «Todo lo que lleve mi nombre quiero que sea de verdad valioso».
El blindaje de la intimidad: «No soy un muñequito de estantería»

Uno de los mayores logros de Manuel Turizo no ha sido un disco de platino, sino haber mantenido su vida privada bajo llave en un entorno que premia el exhibicionismo. En una era donde el oversharing es la moneda de cambio para alimentar al algoritmo, él se niega a convertir a su familia o a su pareja en contenido para redes sociales.
Su postura es firme frente a la presión de las discográficas y el marketing por convertirlo en un «personaje de la fama». «Te quieren empujar inconscientemente a que toda tu vida se vuelva un motivo de fama, que te vuelvas como un muñequito de estantería», explica con contundencia. Para él, su energía y lo que ocurre tras las cámaras es «mío, solo mío». Esta parcela de humanidad es la que le permite seguir creando desde la verdad y no desde la necesidad de aprobación ajena.
2026: El año en que la música latina se volvió política

El contexto en el que Turizo lanza este proyecto es inmejorable para la cultura hispanohablante. La música latina atraviesa su época dorada, impulsada por hitos que han trascendido lo puramente auditivo. Manuel menciona con especial admiración lo conseguido por Bad Bunny, cuyo impacto ha llegado a las cotas más altas de la cultura popular estadounidense.
Para Turizo, lo ocurrido con el puertorriqueño en el evento deportivo más grande del mundo fue un punto de inflexión: «Siento que más que música fue política. Me parece brutal tener, en un punto con tanta tensión en la política, un mensaje tan chimba en un evento tan grande como la Super Bowl«. Ese sentido de pertenencia y el orgullo por el idioma es lo que Manuel intenta inyectar en su nueva etapa. Ya no se trata de encajar en un molde anglo, sino de que el mundo se adapte al ritmo de los latinos.
Un futuro sin fechas de caducidad: El legado de los hermanos Turizo
Aunque su nombre es el que brilla en los neones, Manuel nunca olvida que este viaje comenzó como un proyecto familiar. La figura de su hermano, Julián Turizo, ha sido fundamental no solo en la composición de éxitos como La Bachata, sino en mantener los pies del artista en la tierra. Juntos han navegado por una industria que devora jóvenes talentos a una velocidad pasmosa.

Ahora, con el sencillo que comparte junto a Maluma ya escalando posiciones en las listas de reproducción, Manuel mira al futuro con una ambición renovada, pero más sana. Ya no busca la validación externa a través del número de «sold outs». Su meta es la permanencia y la calidad. Empezó a los 17 años y, desde entonces, no ha tenido un respiro real. Su objetivo a medio plazo es recuperar tiempo para su gente y vivir experiencias que la burbuja de la fama le ha negado sistemáticamente.

Por ahora, el foco está puesto en el 9 de abril. Con Apambichao, Manuel Turizo se postula como el artista que ha aprendido a domar a la bestia del éxito para ponerla, por fin, al servicio de su propia felicidad. En «Vibras en Corte» lo tenemos claro: estamos ante la versión más libre y peligrosa —en el mejor sentido artístico— de un ídolo que ha decidido dejar de ser un producto para empezar a ser, simplemente, un músico.
