La noche más importante del cine español ha dejado de ser un feudo exclusivo de directores, actores y técnicos para convertirse en el epicentro de una agria disputa profesional y simbólica. Un vídeo del actor y creador Marc Biarnés ha prendido la mecha de un debate que llevaba años gestándose: ¿qué pintan los influencers en una gala donde solo el 7% de los profesionales del sector logra vivir de su oficio? Mientras rostros como Dafne Fernández o Yolanda Ramos cuestionan un modelo que prioriza el «click» frente al talento, voces como la de Inés Hernand defienden la hibridación de pantallas como una evolución necesaria para la supervivencia de la cultura.
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La alfombra roja de los Premios Goya ya no solo se mide por los quilates de las joyas o el diseño de los vestidos; ahora se mide en métricas de Instagram y TikTok, algo que ha terminado por agotar la paciencia de quienes trabajan detrás y delante de las cámaras. El conflicto ha pasado de los susurros en los rodajes a un grito unánime en redes sociales tras la denuncia de Marc Biarnés, quien cuestiona abiertamente la legitimidad de ciertos perfiles digitales en la gala. «Lo quieren vender como un favor a la industria en términos de publicidad, pero todos sabemos que la visibilidad es para vestidos y colonias», afirma con dureza para Vanitatis.
Para Biarnés, la presencia de estos perfiles no responde a un interés real por la cinematografía: «Ninguno está ahí por el cine; el que diga lo contrario, miente. Están ahí para alimentar su ego y su validez».
Esta reflexión ha generado una cascada de reacciones de intérpretes consagrados como Máriam Hernández, Dafne Fernández, Julián Villagrán, Irene Villafranca o Dani Pérez Prada, quienes han manifestado su hartazgo ante lo que consideran un desequilibrio entre el reconocimiento profesional y la visibilidad mediática.
El «efecto llamada» y la precariedad del gremio
Uno de los puntos más calientes del debate es la frustración que genera en los trabajadores de la industria ver cómo se les prohíbe posar a actores con series en el «top mundial» mientras se facilita el paso a creadores de contenido ajenos al medio. «Llegar a asistir a esa gala es un hito que cuesta muchísimo conseguir», insiste Biarnés, recordando que el sector atraviesa una precariedad endémica donde la inmensa mayoría no sabe si llegará a fin de mes.
En este sentido, la intervención de Yolanda Ramos ha sido una de las más comentadas. Aunque la actriz matizó posteriormente que no tiene nada en contra de los influencers, agradeció que el público saliera en defensa de los compañeros de profesión.
El sentir general es que la alfombra roja está perdiendo su seriedad: «El fuerte de la mayoría de asistentes digitales no es la cultura, y no se molestan en esconderlo», critica el actor cordobés.
Inés Hernand y la defensa del ecosistema digital
Frente al aluvión de críticas, Inés Hernand, una de las voces más autorizadas en la cobertura digital de eventos para RTVE, sostiene que no hay debate posible y que las críticas nacen de una incomprensión generacional. «Los influencers son las nuevas celebrities. Son las personas que están ahí para que haya otros ojos que miren al mundo de la cultura», defiende con vehemencia. Para la presentadora, ambos mundos son interdependientes: «La cultura necesita nuestras voces digitales y nosotros necesitamos los espacios lineales para sobrevivir».

Hernand resta peso a la idea de que los creadores «quiten el sitio» a los actores, aclarando que, en muchas ocasiones, ni siquiera ocupan butacas de patio, sino reservados de marcas. Además, lanza un dardo comparativo para poner las cosas en perspectiva: «Me dolería muchísimo más ver a Vito Quiles entrevistando en la alfombra de los Goya que a Laura Escanes haciéndose una foto».
La Academia y el «cupo» de las marcas
Desde la Academia de Cine explican que esta «invasión» tiene una explicación puramente logística y comercial. Mientras la institución gestiona las invitaciones de nominados y académicos, los patrocinadores del evento disponen de sus propios cupos. Son estas empresas colaboradoras las que deciden invitar a sus embajadores digitales para rentabilizar su inversión.
Sin embargo, para los críticos, la responsabilidad última recae en la organización. El mensaje de Biarnés a la institución es tajante: «Sois la Academia. Respetad al gremio del cine, que es el que os da de comer y alimenta nuestra cultura». Entre posturas enfrentadas, una actriz española que prefiere mantener el anonimato aboga por un equilibrio: «Se puede convivir, pero sin perder de vista que esta es la noche del cine, no una pasarela de marcas».
