Apenas una semana después de comparecer ante el juez por la causa que la enfrenta a Íñigo Errejón, Elisa Mouliaá ha localizado un nuevo adversario contra el que desahogarse en público: Hacienda. La actriz ha transformado su cuenta de X en un púlpito de protesta fiscal tras afrontar una liquidación de 19.000 euros, una cifra que ha blandido como prueba irrefutable de que «así es muy difícil prosperar» y que, lejos de granjearle la solidaridad que buscaba, ha desatado una oleada de reacciones que desmontan su relato de contribuyente asfixiada.
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Un lamento fiscal dirigido, con nombres y apellidos, al Gobierno
«19.000 euros de impuestos de golpe. Así es muy difícil prosperar», arrancaba la intérprete en un mensaje que enseguida amplió con una reflexión de mayor calado. Mouliaá aseguraba creer «en unos buenos servicios públicos y en un Estado que proteja a quien lo necesita», pero reclamaba que «quien emprende, crea empleo y saca adelante a su familia necesita poder respirar». La actriz redondeaba su queja con una estampa de esfuerzo sacrificado: «Cuando trabajas, arriesgas, pagas alquileres, nóminas y además tienes hijos, llega un punto en el que sientes que todo el esfuerzo desaparece».
El desahogo no se quedó en lo genérico. La actriz apeló directamente a los responsables políticos —citó, entre otros, a Pedro Sánchez, Yolanda Díaz o Gabriel Rufián y María Jesús Montero— para exigir «un debate serio sobre la presión fiscal a las rentas medias y a los pequeños empresarios», y cerraba con una consigna pensada para el aplauso: «Que nadie tenga que elegir entre cumplir con Hacienda y poder ahorrar para el futuro de sus hijos».
Las redes le recuerdan que 19.000 euros no dibujan una «renta media»
La jugada, sin embargo, le salió regular. En cuestión de minutos, buena parte de las respuestas se dedicaron a señalar la grieta más evidente de su discurso: una factura fiscal de 19.000 euros no es precisamente el retrato de una «renta media» ahogada, sino el reflejo de unos ingresos más que holgados. El intento de la intérprete de dibujarse como una pequeña empresaria al borde del colapso chocó de frente con la aritmética, y numerosos usuarios le afearon que confundiera la incomodidad de pagar impuestos con la imposibilidad de llegar a fin de mes.
Tampoco era la primera vez que Mouliaá convertía la fiscalidad en munición para sus redes. El pasado septiembre ya se mostró perpleja ante el IVA de la vivienda con un «¿de verdad es necesario?» que anticipaba el tono de esta nueva soflama. El patrón se repite: una queja envuelta en la retórica del ciudadano corriente que, en su caso, resulta difícil de sostener sin que la cifra la delate.
Otro capítulo de una actriz cada vez más instalada en el agravio
El momento elegido para el lamento tampoco invita a leerlo con inocencia. La protesta contra Hacienda llega apenas unos días después de que la actriz acudiera, el 24 de junio, a los juzgados de Plaza de Castilla, adonde se presentó de forma voluntaria solo después de que la justicia dictara una orden de busca y captura por haber dado plantón al juez hasta en tres ocasiones en la causa por presuntas calumnias a Errejón. Entre bajas médicas, un rodaje en Emiratos Árabes y la negativa a coincidir con el político, la intérprete ha ido construyendo en los últimos meses una narrativa en la que ella figura, invariablemente, como la parte damnificada.
La factura de Hacienda es, en ese sentido, un nuevo episodio de un relato ya conocido. Mouliaá vuelve a colocarse en el centro del foco no por un estreno ni por un papel, sino por una queja; y lo hace apelando a la complicidad de un público al que pide que comparta su indignación por una cifra que a muchos les gustaría tener el problema de pagar. Que abrir un debate sobre la presión fiscal sea perfectamente legítimo no convierte en verosímil a quien lo plantea desde la desmesura. El esfuerzo, esta vez, no ha desaparecido: simplemente no ha convencido.
