Dionisio Rodríguez Martínez, el hombre al que España entera conoce como el Dioni, quiere ser alcalde. A sus 76 años, y casi cuatro décadas después de subirse a un furgón blindado y desaparecer con él, ha anunciado que su intención es concurrir a las próximas elecciones municipales como candidato de Vox a la Alcaldía de El Molar, en la sierra norte de Madrid. Lo ha contado en una entrevista con El Cierre Digital, y ha añadido dos cosas: que ya mantiene conversaciones para que esa candidatura se materialice y que cuenta con el respaldo de numerosos vecinos del municipio.
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El pueblo de su madre y una candidatura todavía en conversaciones
La elección del municipio no es casual y él mismo la explica por la vía familiar: su madre era natural de El Molar, y con esa localidad mantiene un vínculo que viene de lejos. Es un pueblo de la sierra madrileña, a poco más de cuarenta kilómetros de la capital, del tamaño en el que un apellido conocido pesa en una urna. Según su relato, la candidatura no está cerrada: está en fase de conversaciones para que pueda hacerse realidad, y sostiene que hay vecinos que le han trasladado su apoyo. Por parte del partido no ha trascendido ninguna confirmación pública, de modo que lo que hay hasta ahora es la voluntad del interesado y las gestiones que él mismo dice estar haciendo.
El movimiento devuelve al primer plano a un personaje que llevaba años pisando el freno. Después de una etapa larga de exposición pública —colaboraciones televisivas, un libro autobiográfico sobre su propia historia e incluso actuaciones musicales—, Rodríguez había optado por una vida bastante más discreta. Hoy reside en el barrio madrileño de Moratalaz junto a su esposa y describe una rutina de jubilado sin sobresaltos: cocina, que es su gran afición, petanca y mucho tiempo dedicado a sus hijos, sus nietos y sus bisnietos, la faceta que él considera la más importante de esta etapa. También ha recordado las dificultades económicas que atravesó al salir de prisión y los distintos trabajos que tuvo que encadenar para salir adelante, lejos ya de la delincuencia, y ha destacado el peso que ha tenido la fe religiosa en su vida desde su paso por la cárcel brasileña, donde asegura que hizo una promesa que sigue cumpliendo cada día. De ahí, y con 76 años cumplidos, a pedir una alcaldía.
298 millones de pesetas, un peluquín y un vuelo a Río de Janeiro

En 1989, Dionisio Rodríguez trabajaba como vigilante de seguridad en la empresa Candi S.A. Le habían degradado: pasó de escoltar a grandes personalidades a transportar caudales, y decidió vengarse de la compañía. Aprovechó que sus dos compañeros habían bajado del furgón para hacer una entrega en un banco de Madrid, se sentó al volante y se marchó con el vehículo y con cerca de 298 millones de pesetas dentro. No disparó un solo tiro ni amenazó a nadie. Antes de salir del país metió las sacas en el maletero de un coche, se citó con tres amigos y les repartió una parte del botín; después siempre sostuvo que nunca volvió a saber nada de ese dinero. Puesto en dinero de hoy, aplicando la inflación acumulada, aquella cifra equivale a unos 4,58 millones de euros.
La fuga tuvo todos los ingredientes del relato popular que acabó siendo. Consiguió un pasaporte falso a nombre de un chileno inventado, se compró un peluquín para tapar la calvicie y unas gafas oscuras para disimular el estrabismo, y con ese disfraz voló a Río de Janeiro. En Brasil vivió a todo lujo, entre limusinas, hoteles caros y fiestas, y llegó a pasar por el quirófano para cambiarse las facciones y despistar a la policía. No le sirvió: fue detenido, extraditado y condenado a tres años y cuatro meses de prisión por un delito de apropiación indebida. Salió en libertad condicional en mayo de 1995, tras cumplir las tres cuartas partes de la pena sumando el tiempo que pasó en una cárcel brasileña y el que cumplió en España después de la extradición.
