Eduardo Casanova revela en una entrevista para El País que recibió su diagnóstico mientras grababa Aída y analiza cómo el pánico al estigma social condicionó su salud mental, su imagen pública y toda su filmografía hasta hoy.
Te recomendamos

Javier Bardem admite que sus posiciones públicas le han costado críticas y disgustos y se niega a callarse al presentar ‘El ser querido’

La Academia de Cine deja a ‘Los domingos’, ‘El ser querido’ y ‘La bola negra’ en la última criba del Oscar y anuncia el 16 de septiembre cuál representa a España

El reparto de ‘Zombies’ despide a la actriz Carla Jeffery, fallecida con 33 años, y su compañera Chandler Kinney resume el golpe: “Esto no parece real”

Kylian Mbappé aparece en la lista de 26 direcciones que un preso de 18 años guardaba en dos móviles para ordenar presuntos secuestros y asaltos a millonarios en Francia
La trayectoria profesional de Eduardo Casanova ha convivido, desde sus inicios, con una realidad invisible para el gran público. Durante el invierno de 2008, con apenas 17 años y mientras la serie ‘Aída’ congregaba a seis millones de espectadores en Telecinco, el actor recibió la noticia de que era positivo en VIH. Lo que en aquel momento percibió como una «sentencia de muerte» se convirtió en el inicio de un aislamiento emocional que ha durado casi dos décadas. «Lo primero que piensas es que tienes sida; lo siguiente, que te vas a morir», explica el director, recordando aquel primer ataque de ansiedad que decidió contener para seguir trabajando.

Acompañado por sus padres al ser menor de edad, Casanova recuerda la «sensación de clandestinidad» que rodeó sus primeras visitas médicas. Un especialista le aseguró que le ayudaría para que «no le pillaran», alimentando involuntariamente la idea de que tener el virus era algo vergonzoso que debía ocultarse. Aquella misma noche, Eduardo acudió a una reunión de preproducción de su primer corto, ‘Ansiedad’, descubriendo que el cine era el único lugar donde podía refugiarse de la realidad, aunque solo fuera de forma temporal.
El peso de diecisiete años de ocultamiento
La vida cotidiana de Eduardo Casanova ha estado marcada por pequeños gestos de supervivencia frente al estigma. Durante años, el cineasta arrancó las etiquetas de sus botes de medicación por miedo a que alguien descubriera su contenido y evitó contárselo a amigos muy cercanos hasta hace apenas unos meses. Esta situación de «soledad en el armario» acabó moldeando una personalidad pública defensiva. Casanova admite ahora que su actitud «pedante, distante o enfadada» en las entrevistas era, en realidad, una respuesta al miedo: «Las personas que reivindicamos algo tendemos a hacerlo enfadados: imagínate reivindicar algo sin decir lo que reivindicas».

Incluso su estética y su obra se vieron afectadas por este secreto. El director de ‘La piedad’ confiesa que el uso recurrente del color rosa en su filmografía funcionaba como un «maquillaje» para ocultar una realidad mucho más cruda. Al preparar la serie ‘Silencio’ para Movistar+, donde aborda la temática del sida, comprendió que no podía seguir escribiendo desde el hermetismo si quería que su cine fuera real. Fue entonces cuando decidió publicar su situación en Instagram el pasado 18 de diciembre, un acto que le provocó una taquicardia mayor que el propio diagnóstico original.
‘Sidosa’ y la urgencia de nuevos referentes
El anuncio de su seropositividad está vinculado al estreno de ‘Sidosa’, un documental que se presentará en el Festival de Málaga y que llegará a los cines el 23 de abril. La cinta, que cuenta con la participación de Jordi Évole, busca normalizar la imagen del VIH en España, alejándola de las tragedias de los años noventa. Casanova denuncia que, aunque la ciencia permite que el virus sea indetectable e intransmisible, la sociedad sigue anclada en la desinformación. Como ejemplo, cita el mensaje de un técnico que, tras ver el avance de la película, le escribió asustado porque Eduardo había bebido de su botella de agua días antes.

«He recibido una cantidad de serofobia muy heavy», reconoce el artista, aludiendo a los insultos y comentarios de odio en redes sociales que justifican su enfermedad. Sin embargo, recalca que prefiere vivir comprendiendo a quienes odian por falta de herramientas que seguir oculto. Eduardo Casanova hace un llamamiento a otros personajes públicos —políticos, actores o cantantes— que viven con el virus en secreto: «Los necesitamos. No podemos estar rodeados de personas silenciadas que lo están pasando mal».
Un acto político frente a la «muerte social»
Citando estudios de Cesida, Casanova pone de relieve que solo el 11% de las personas con VIH en España son visibles. El resto convive con el miedo al rechazo sexual, laboral o familiar, lo que la investigadora María José Fuster define como «dolor social». Para el cineasta, contar su historia no es una búsqueda de atención, sino un «acto político» necesario para construir un proyecto de vida pleno.

A pesar de las críticas y de quienes cuestionan sus motivos, Eduardo se siente por fin liberado de la máscara que le oprimía. «No tengo miedo», sentencia, dejando claro que, aunque seguirá cometiendo errores y habrá gente a la que no le guste su cine, ahora lo hará desde una identidad real y sin el peso del secreto que marcó su adolescencia en el plató de ‘Aída’.
