Dulceida ha roto su silencio sobre la crisis migratoria de Ceuta con un comunicado que ha compartido en su perfil de Instagram, en el que explica por qué no se ha pronunciado sobre lo ocurrido en la ciudad autónoma pese a la avalancha de mensajes que dice estar recibiendo estos días, muchos de ellos, según cuenta ella misma, cargados de insultos. La creadora de contenido, que lleva más de una década construyendo su marca personal en redes, ha optado por dar la cara con un texto extenso en lugar de mantenerse callada sin ninguna explicación, algo que en los últimos años se ha convertido en motivo de polémica para varios de sus compañeros de profesión.
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El comunicado con el que ha roto su silencio
«Tengo muchos mensajes pidiéndome que me pronuncie sobre lo ocurrido en Ceuta, muchos de ellos insultándome como si me diera igual porque no pongo nada en una historia», arranca el texto de Dulceida. La influencer reconoce ahí mismo el tono de una parte de esos mensajes y responde de forma directa a quienes la acusan de indiferencia: «No, chicos, no me da igual, pero no soy la persona indicada para ello». Con esa frase fija ya la idea central de todo el comunicado, que desarrolla a continuación en varios párrafos separados y sin ambigüedad: no va a analizar en sus redes un asunto que considera que excede su papel como creadora de contenido, por mucho que la presión de sus seguidores insista en lo contrario.
La segunda parte del mensaje detalla el motivo con una frase que ha circulado después entre sus seguidores como resumen de toda la polémica: «No soy un medio de comunicación». A partir de ahí, Dulceida defiende que existen «muchos periodistas, medios y creadores especializados que informan y analizan este tipo de situaciones con el conocimiento y el contexto necesarios», y sostiene que es ahí, y no en su perfil, donde su comunidad debería buscar información sobre la crisis. No es una negativa a hablar del tema por comodidad, según lo plantea ella misma, sino una remisión expresa a quienes tienen la formación para tratarlo con rigor.
Por qué dice que no le corresponde opinar
El tercer bloque del comunicado es el más argumentado y el que más ha comentado su comunidad en los últimos días. «También creo, y es una opinión personal, que los creadores no tenemos que opinar públicamente sobre absolutamente todo lo que sucede en el mundo», escribe. Y matiza de inmediato el motivo, para que no se confunda con desinterés: «No porque no nos importe, sino porque no somos expertos en todos los temas». Es la frase que sostiene el resto del razonamiento: para Dulceida, la responsabilidad de quien tiene audiencia no es hablar de todo, sino medir en qué materias puede aportar algo y en cuáles no.
El riesgo que dice querer evitar lo nombra sin rodeos: «No puedo ni siento que deba, por responsabilidad, hacer análisis público sobre una situación tan compleja. Porque así llegamos a los bulos, la desinformación y la sobreinformación». La influencer cierra el comunicado dejando claro que su silencio en el contenido no equivale a desconexión personal: «Eso no significa que viva ajena a lo que está ocurriendo. Al contrario, estoy siguiendo la situación con mucha preocupación y tristeza, como imagino que todos». Termina con un deseo de resolución para «quienes están sufriendo las consecuencias» y un mensaje final, «todo mi apoyo a Ceuta», que sí ha decidido dejar por escrito pese a evitar el análisis del conflicto.

Un dilema que ya han vivido otros creadores de contenido
La disyuntiva que plantea Dulceida no es nueva en su gremio. Cada vez que una catástrofe o una crisis social ocupa la conversación pública, una parte de la audiencia traslada a sus creadores favoritos la exigencia de opinar, y el silencio se lee a menudo como frialdad o desinterés. El precedente más reciente y más comentado en España se remonta a la DANA que devastó buena parte de Valencia en octubre de 2024, cuando varios influencers que sí viajaron a la zona afectada recibieron duras críticas por priorizar el contenido sobre la ayuda real. La propia Jessica Goicoechea denunció entonces en sus redes la actitud de parte del sector con frases tan directas como «es inaceptable aprovechar la tragedia para buscar likes y aprobación» y «a mí se me caería la cara de vergüenza ponerme a grabar» en mitad de una tragedia así.
Flipando con esto de Jessica Goicoechea pic.twitter.com/wSwI2Sd6tN
— sofrito (@soofrito) July 31, 2026
Aquella polémica dejó dos modelos enfrentados dentro del propio sector: el de quienes usaron su visibilidad para acercar recursos y avisos útiles a la zona, y el de quienes convirtieron la catástrofe en contenido para sus perfiles, con el consiguiente rechazo del público. En medio de los dos extremos se sitúa un tercer grupo, cada vez más numeroso, que prefiere no entrar directamente en la cobertura del suceso y remitir a los medios especializados, la postura que ahora defiende Dulceida con la crisis de Ceuta. Es, según sus propias palabras, una forma de no sumar ruido a un asunto que ya arrastra bulos y versiones contradictorias circulando en redes, aunque esa misma prudencia sea la que le está costando parte de las críticas que recibe estos días en sus mensajes privados.
La crisis migratoria que ha desatado la ola de mensajes
El comunicado de Dulceida llega en pleno pico de tensión en la frontera de Ceuta, donde en los últimos días se ha registrado una entrada masiva de personas desde Marruecos que las autoridades españolas califican como una de las mayores presiones migratorias sufridas por la ciudad autónoma en mucho tiempo. Las imágenes de las llegadas a nado por el espigón del Tarajal, la respuesta desplegada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el relato de varias decenas de personas fallecidas en el intento de cruzar han ocupado buena parte de la conversación en redes sociales durante los últimos días, con un volumen de vídeos y capturas compartidas que explica en parte la cantidad de mensajes que ha recibido la influencer pidiéndole una reacción pública.
En paralelo a la cobertura informativa, el grueso de quienes entraron en la ciudad ha ido regresando de forma voluntaria hacia territorio marroquí en las horas siguientes, ante la falta de suministros básicos y el acuerdo de repatriación que manejan ambos países, mientras las autoridades locales insisten en que la situación sigue sin haberse normalizado del todo. Es precisamente ese carácter cambiante y todavía abierto del suceso el que, según defiende Dulceida en su comunicado, hace más necesario remitir a quienes cubren la actualidad con rigor y evitar que una interpretación propia, hecha sin la formación ni el acceso a fuentes de un periodista, añada más confusión a una crisis que ya de por sí genera bulos y versiones distintas según el canal por el que se siga.
