No es habitual que un colectivo profesional le dé públicamente las gracias a un programa de televisión, y menos con la región ardiendo. Ha ocurrido este fin de semana: la brigada forestal del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid ha escrito en su cuenta de X un mensaje dirigido a ‘Malas Lenguas‘ que empieza pidiendo algo muy concreto —«que se sepa la verdad»— y termina con una acusación de las que no se lanzan a la ligera: «Trabajamos sin contrato desde 2012 a 2025, cuando firmamos un contrato fraudulento y sino a la calle, sin la plaza ganada en una oposición».
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El agradecimiento va firmado por la cuenta Bomberos Forestales CBCM y responde a un clip emitido el sábado en la edición nocturna del programa de TVE, donde uno de ellos, Óscar de Castro, contó en directo lo que llevaban años contando sin altavoz. El testimonio dejó al plató en silencio y a Jesús Cintora haciendo la pregunta obvia. La cadena, que arrastra semanas de conversación sobre ese formato, se encuentra así con que su programa se ha convertido en el sitio al que acude un colectivo público para denunciar a la administración que lo contrata.
«Llevo desde 2012 sin contrato, trabajando para la Comunidad de Madrid»
La frase que abrió el asunto es esa, y la dijo De Castro sentado en el plató. Ante la incredulidad del presentador —«¿cómo se puede trabajar sin contrato para una institución pública?»—, el bombero forestal respondió señalando hacia arriba: «Pregúntaselo a la jefe, al jefe de personal, porque yo llevo desde 2012, al igual que muchísimos de mis compañeros, trabajando sin contrato porque la Comunidad de Madrid incumplió las sentencias del Tribunal Supremo que nos hacían fijos-discontinuos en aquel momento». Lo que describe a continuación es todavía más enrevesado: cuando fueron a firmar los contratos nuevos, dice, «para ahorrarse la indemnización de los despidos, nos han hecho un contrato de novación, que se basa en otro contrato». El problema es que ese contrato previo, el que teóricamente se nova, no aparece por ninguna parte.
Ahí está el núcleo de la denuncia, y conviene reproducirlo tal cual porque es lo que convierte una queja laboral en un asunto de otra dimensión: «Cuando hemos solicitado ese contrato para ver qué vamos a novar, porque para novar algo, hay que tener algo firmado, resulta que no hay contratos. Pero no hay contratos ni siquiera dados de alta en el SEPE y cuando se les ha pedido en sede judicial tampoco aparecen». Preguntado por si alguien puede enfrentarse a un incendio sin relación contractual, De Castro —que confirmó que el caso está denunciado— lo resumió en cuatro respuestas: «¿Estábamos dados de alta en la Seguridad Social? Sí. ¿Están los contratos en el Servicio Público de Empleo? No. Hemos pedido los contratos en el juzgado y no aparecen. Y yo no recuerdo haberlo firmado».
Que se sepa la verdad en la @ComunidadMadrid y @112cmadrid trabajamos sin contrato desde 2012 a 2025, cuando firmamos un contrato fraudulento y sino a la calle, sin la plaza ganada en una oposición.
— Bomberos Forestales CBCM (@bomberos_infoma) July 26, 2026
Gracias @MalasLenguas_Tv por dar voz a los #BomberosForestalesCBCM https://t.co/ggr9V3cAM4
Cuántos son y qué dicen que les falta
Los números ayudan a dimensionar de quién hablamos. En la Comunidad de Madrid hay 1.680 bomberos oficiales, mientras que una parte del servicio forestal está privatizada a través de otra empresa, con 419 efectivos durante todo el año y 220 personas más contratadas medio año, repartidas entre extinción —61 profesionales—, vigilancia y coordinación operativa. Días atrás, un grupo de trabajadores se grabó un vídeo denunciando que habían pedido acudir al fuego de Almorox, en Toledo, y no disponían de medios para ello: «No tenemos vehículos, no tenemos camiones, no tenemos herramientas», lamentaba uno de ellos, que se quejaba de que «nos tienen paralizados durante nuestra jornada de trabajo». En ese mismo vídeo aclaraban algo importante: que están «en conflicto» con el Gobierno regional, pero que no se encuentran en huelga.
Esa precisión no es menor, porque la confusión ha circulado estos días. El comité de empresa ha recordado este fin de semana que la huelga iniciada en 2025 quedó suspendida a finales de mayo y que sus aproximadamente 450 profesionales trabajan «con normalidad, responsabilidad y profesionalidad», pese a seguir soportando unas condiciones que consideran precarias. Lo han hecho después de que el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso anunciara que estudia «todas las vías administrativas y jurídicas» contra un grupo distinto, de unos sesenta bomberos forestales públicos. Los representantes de los trabajadores replican que los 450 integrantes del operativo están «dando todo de sí» frente a los incendios que arrasan la región.
Un programa que lleva un mes siendo noticia por otras cosas
El agradecimiento llega en un momento peculiar para el formato. Este domingo contamos aquí cómo Gonzalo Miró reclamaba dimisiones desde ese mismo plató por el asunto de los bomberos sin contrato, poniendo en fila los exabruptos de la política frente a las brigadas que apagan el fuego. Y no es el único frente abierto: TVE ha entregado a Miró la tarde entera del programa durante agosto, y el formato viene de un mes movido en el que una tertuliana se levantó de la mesa en pleno directo. Que en medio de todo eso sea un colectivo de emergencias quien lo señale como el sitio donde se cuenta lo suyo dice bastante sobre para qué está sirviendo el programa este verano.
Conviene también situar el asunto en el paisaje de la semana, porque no ocurre en el vacío. Los incendios de la Sierra Oeste llevan días dominando la conversación y arrastrando a nombres muy distintos: desde una actriz que perdió su refugio en Ávila y respondió al mensaje de apoyo del Gobierno regional con un exabrupto, hasta la madre de una influencer que se presentó voluntaria y se negó a salir de su pueblo. La diferencia con todo eso es que aquí no habla un famoso afectado: habla quien entra al fuego. Y lo que pone sobre la mesa no es una opinión sobre la gestión, sino una afirmación verificable, ya denunciada en un juzgado, sobre unos contratos que —según sostienen— nadie es capaz de encontrar.
