RTVE ha destapado las cartas de la tercera temporada de The Floor y lo ha hecho con un as que nadie esperaba encontrarse sobre el tablero: una edición especial que sentará a 32 rostros conocidos sobre las casillas del concurso, con 50.000 euros en juego que ninguno de ellos se llevará a casa. El cheque irá íntegro a la causa solidaria que elija el ganador. La presentación del formato, conducido de nuevo por Chenoa, deja además una novedad en la mecánica que amenaza con desarmar precisamente a los concursantes más brillantes.
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La cadena pública ha desplegado los detalles de una vuelta que llegará después de las vacaciones, sin fecha cerrada todavía, y que mantiene intacto el esqueleto que ha convertido al programa en uno de los pocos motivos de celebración del entretenimiento de La 1: cien concursantes anónimos, cien casillas de conocimiento sobre un suelo gigante y un premio mayor de 100.000 euros que se resiste a caer. Lo que cambia, y no es un detalle menor, es la manera en que un jugador puede crecer dentro de ese mapa.
El robo de categoría, el giro que puede arruinar al campeón
Hasta ahora, encadenar tres duelos consecutivos otorgaba al vencedor una recompensa cómoda y previsible: cinco segundos extra de reloj, ese colchón que en un formato cronometrado hasta la asfixia vale su peso en oro. A partir de la nueva entrega, quien logre esa racha podrá elegir. O se queda con los cinco segundos, o hace algo mucho más audaz y mucho más cruel: intercambiar su propia categoría por la de cualquier rival del tablero. El movimiento reescribe por completo la estrategia del concurso, porque convierte el dominio de una materia en un bien expropiable y siembra la sospecha permanente entre los supervivientes. Ya no basta con saber mucho de lo tuyo. Ahora conviene, además, que nadie codicie lo que tú sabes.
Esa tensión no nace en el plató, sino mucho antes. La producción mantiene a los cien aspirantes conviviendo durante cuatro días, hotel incluido, para capturar las alianzas, los recelos y las conversaciones de pasillo que se cuecen entre duelo y duelo. El resultado es un concurso que se juega tanto en la cabeza como en la boca del estómago, algo que la propia presentadora describe sin rodeos cuando se le pregunta por lo que ve desde su atril: «Cuando se suben aquí arriba se produce una hecatombe de colores que cada uno tiene que gestionar, sobre todo la parte más importante de The Floor, los nervios».
Treinta y dos famosos y un premio que no se quedará ninguno
La gran sorpresa del anuncio, sin embargo, llega envuelta en un formato paralelo. La corporación pública prepara una edición especial de celebridades que reunirá a 32 concursantes conocidos sobre el mismo suelo luminoso, con una diferencia sustancial respecto a la competición ordinaria: el vencedor no ingresará un euro. Los 50.000 euros del bote se destinarán a la entidad solidaria que el propio ganador señale, un giro que aleja la edición del exhibicionismo habitual del famoseo televisivo y la acerca al terreno del gesto. La cadena no ha desvelado todavía ni un solo nombre del elenco, un silencio deliberado que garantiza titulares durante semanas y que sitúa la especulación en el punto exacto donde la televisión quiere tenerla.

Para la artista que sostiene el formato, la noticia llega en un momento de agenda desbordada. La exconcursante de Operación Triunfo compagina el atril de la cadena pública con su silla de jurado en Tu cara me suena, en Antena 3, un doblete poco común en la televisión española que ella misma resume con una franqueza desarmante: «Estoy trabajando muchísimo, estoy haciendo muchas cosas a la vez. Todo a la vez». La cantante atribuye esa capacidad de resistencia a una disciplina aprendida muy pronto, en los casi diez años de ballet que cursó entre los cinco y los catorce. «Soy muy disciplinada en lo que me gusta hacer», zanja.
Cien micrófonos, cuatrocientas personas y el formato más copiado del planeta
Detrás de la aparente sencillez del tablero se esconde un operativo descomunal. El programa moviliza a un equipo de cuatrocientas personas y afronta desafíos técnicos que rozan lo absurdo por su especificidad, como reconoce el productor Bruno Pena al recordar uno de los quebraderos de cabeza fundacionales: «Fue muy difícil conseguir cien micrófonos, ninguna empresa tiene cien micrófonos iguales». La tercera entrega llega además con relevo en la trastienda, ya que Stratos Studios toma el testigo de Satisfaction Iberia y se convierte en la tercera productora que maneja la adaptación española del formato creado por Talpa Studios.
El movimiento no responde a ninguna crisis, sino todo lo contrario. La segunda temporada cerró en marzo de este año con un 11,5% de cuota, 913.000 seguidores de media y 2,3 millones de contactos totales, cifras que en el páramo actual del entretenimiento generalista equivalen a una fortaleza, y a las que se suman las más de 633.000 visualizaciones acumuladas en RTVE Play entre el directo y el bajo demanda. La adaptación acumula tres nominaciones a los Premios Iris, y el formato original, nacido en la factoría neerlandesa, fue durante 2025 el espacio de entretenimiento sin guion más adaptado del mundo, con más de treinta versiones internacionales repartidas por medio planeta.
Con la casilla del prime time cada vez más disputada y una competencia que fía su suerte al ruido, la televisión pública apuesta por lo contrario: un concurso de conocimiento que confía en el silencio previo a la respuesta y en la humanidad de cien desconocidos peleando por un tablero. Que ahora, además, puedan robarse el terreno unos a otros solo añade filo a una fórmula que ya funcionaba. La pregunta, la única que de verdad importa cuando arranque la nueva tanda, seguirá siendo la de siempre: quién será capaz de cruzar el suelo entero sin caerse.
