Pepi, una mujer cercana al entorno Pantoja-Muñoz, ha roto su silencio en ‘El Precio de… Cantora’ para revelar que le propusieron poner a su nombre dos propiedades vinculadas a la familia, una oferta que rechazó con firmeza pese a las promesas de un futuro económico resuelto para ella y sus hijos.
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Un apartamento, un chiringuito y una negativa rotunda
La confesión de Pepi no dejó margen a la ambigüedad. Según relató durante la emisión del programa, le plantearon registrar a su nombre dos inmuebles: un apartamento situado en una zona privada de San Pedro y un chiringuito. «Quieren poner dos propiedades a mi nombre y yo le dije, digo no», aseguró sin titubeos. La propuesta, lejos de ser un gesto aislado, se repitió en varias ocasiones, siempre acompañada del mismo argumento: que con ello quedaba asegurado su porvenir y el de sus hijos.
El escenario de una de esas conversaciones fue un restaurante, donde Pepi mantuvo su posición a pesar de la insistencia de quienes la acompañaban. «Era un apartamento en una parte privada de San Pedro que yo lo conocí y un chiringuito, y yo me negué, me negué», reiteró, dejando claro que su decisión fue inquebrantable desde el primer momento.
La promesa de un futuro sin apuros y el enfado contenido
El relato de Pepi dibujó un patrón de presión envuelta en generosidad aparente. Según su testimonio, se le aseguró que no tendría problemas económicos si aceptaba poner las propiedades a su nombre. «Él me decía que yo no iba a tener problemas económicos para ponerme yo las dos cosas a mi nombre», confesó. A cambio, solo debía ceder su identidad para el registro: su nombre y nada más.
Sin embargo, Pepi se aferró a su independencia con una convicción que sorprendió incluso a quienes le insistían. «Yo no quería nada a mi nombre que no era mío, que yo me estaba pagando mi casa», explicó, revelando que su sentido de la honestidad pesó más que cualquier promesa de estabilidad financiera. La negativa provocó cierto malestar: «Él se enfadó un poco, se molestó conmigo, pero también lo entendió», admitió Pepi, sin desvelar la identidad concreta de su interlocutor.
Alguien cercano a ella, cuya identidad tampoco quedó explícita en la conversación, insistió en que aceptara con expresiones como «venga, no seas tonta», pero la respuesta fue siempre la misma.
La sombra de Cantora y las propiedades a nombre de terceros
Durante la entrevista, el presentador del programa contextualizó la confesión de Pepi señalando que esta propuesta no habría sido un caso aislado en el entorno de Isabel Pantoja. «Pepi, cuando eso se te propone, ya se ha puesto a nombre Isabel, Guadalpín y la perra», afirmó, sugiriendo que la práctica de registrar bienes a nombre de terceros era una dinámica recurrente en el universo Pantoja.
El presentador fue más allá al plantear que la propia Isabel Pantoja era conocedora de estas maniobras. «Isabel es consciente de esa propuesta», subrayó. Pepi, sin embargo, matizó un detalle relevante: la tonadillera no estuvo presente en el encuentro del restaurante. «El día que fuimos al restaurante, ella no estaba, pero ella ha sido consciente siempre de todo», precisó, trazando una línea entre la ausencia física y el conocimiento pleno de lo que ocurría con sus propiedades.
El peso de un ‘no’ que hoy cobra sentido
La negativa de Pepi, que en su momento le costó un disgusto con personas de su confianza, emerge ahora como una decisión cargada de lucidez. En un entramado donde los bienes cambiaban de titularidad con una naturalidad que el presentador calificó sin ambages, esta mujer optó por mantenerse al margen, pagando su propia hipoteca mientras rechazaba un atajo que otros, según se desprendió del programa, sí aceptaron.
Su testimonio añade una pieza más al complejo rompecabezas patrimonial de Cantora, donde cada revelación parece desenterrar una nueva capa de decisiones financieras tomadas tras bambalinas. La voz de Pepi, firme y sin adornos, resuena como la de alguien que prefirió la tranquilidad de lo propio antes que la incertidumbre de lo ajeno.
