Tras seis años de un proceso judicial que ha calificado como «lacerante», la modelo e influencer Jessica Goicoechea ha logrado finalmente el respaldo definitivo de los tribunales. Una sentencia judicial ha reconocido oficialmente que la catalana fue víctima de violencia de género por parte de su expareja, el también modelo River Viiperi. Con este fallo, la justicia no solo valida el episodio de agresión física que conmocionó a la opinión pública en 2020, sino que ratifica un patrón continuado de maltrato psicológico que Goicoechea ha definido como el capítulo más duro de su existencia.
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Los hechos que ahora cuentan con una verdad jurídica se remontan a marzo de 2020, en los días más críticos del confinamiento por la pandemia. Aunque la relación sentimental entre ambos se había roto poco antes, el estado de alarma les obligó a seguir conviviendo en su domicilio de Barcelona. Fue en ese contexto de encierro forzoso cuando se produjo la agresión que derivó en una llamada a los Mossos d’Esquadra. Los agentes, tras personarse en la vivienda y constatar «lesiones evidentes» en la modelo, detuvieron a Viiperi, quien quedó en libertad con cargos tras pasar por el juzgado de violencia sobre la mujer.
Seis años de «silencio absoluto» y reconstrucción personal
Jessica ha elegido su perfil de Instagram para compartir un extenso y emotivo comunicado donde analiza este largo camino hacia la justicia. «Una frase que llevo años escuchando en repetidas ocasiones y por fin puedo decir que seis años más tarde la verdad ha salido a la luz», ha escrito la influencer, subrayando que este ha sido, sin duda, «el peor episodio de su vida». Durante este tiempo, Goicoechea optó por un blindaje mediático total, una decisión motivada por la confianza en los tiempos legales y la necesidad de proteger su propia salud mental mientras el procedimiento seguía abierto.
En su escrito, la modelo confiesa lo difícil que resultó el paso de denunciar, admitiendo que tardó una semana en hacerlo debido al miedo al juicio ajeno. «Durante esos días sentí mucho juicio alrededor, dudas, comentarios, culpa e incluso pena», revela. Además, critica haberse sentido cuestionada por quienes debían aplicar la ley, una barrera emocional que dificulta la salida del círculo de la violencia para muchas mujeres.
La cara oculta del éxito: del escaparate de Instagram al maltrato real

La sentencia pone el foco en la realidad que se escondía tras los filtros de las redes sociales. La relación entre Jessica y River comenzó en 2017 y, de cara a la galería, proyectaba la imagen de una pareja idílica: jóvenes, exitosos y con una vida profesional entrelazada en la que él llegó a ejercer como su representante. Sin embargo, tras las fotos en destinos de ensueño, se ocultaba un patrón de maltrato que, según la propia Goicoechea, dejó una huella psicológica imborrable.
«Sufrí violencia física, pero la que más huella me dejó fue la psicológica», confesó la modelo anteriormente, describiendo cómo Viiperi pasó años «jugando con su mente» hasta anularla. Hoy, Jessica escribe desde el cierre de esa etapa, pero con la responsabilidad de dar visibilidad a esta lacra para que ninguna otra mujer tenga que pasar por lo mismo. Con este fallo judicial, la influencer recupera su voz y cierra definitivamente uno de los capítulos más dolorosos de la crónica social reciente.
