Sandra Bullock ha contado por primera vez cómo vivió los años de enfermedad de Bryan Randall, el fotógrafo con el que compartió ocho años de vida y que murió de ELA en agosto de 2023, a los 57 años. La actriz se sentó en el pódcast SmartLess, que presentan Jason Bateman, Sean Hayes y Will Arnett, y ahí puso en palabras lo que había callado durante toda la enfermedad de su pareja. «Empecé a hacer el duelo por Bryan cuatro años antes de que falleciera».
Te recomendamos

Terelu Campos y Mar Flores esquivan la foto juntas tras nacer su segunda nieta y el periodista Luis Pliego lo resume con un «se desprecian profundamente»

Omar Montes reta al creador de contenidos Gero Arias con la mano derecha recién operada y le avisa de que «no necesito mi derecha para noquearte»

Alejandra Rubio entra en casa con su hija Tessa y alguien se le ha adelantado con un detalle que no esperaba y que ella enseña orgullosa

Laura Matamoros descarta volver a pincharse el tratamiento que la ha tenido un mes de médicos y lo zanja con un «esto no me lo vuelvo a pinchar»
Un diagnóstico en plena pandemia que él le pidió no contar

La petición partió de él y ella la cumplió hasta el final. «Me pidió que no lo compartiera. Sé por qué me lo pidió», relató la actriz, que asegura no haber tenido permiso para hablar de lo que estaba ocurriendo dentro de su casa. «No se me permitía hablar de ello. Esa fue su petición y lo intenté; la respeté». El diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica llegó en plena pandemia de COVID-19, con lo que el silencio se sumó al encierro. «Eso me aisló en el proceso», ha reconocido sobre el peso de sostener sola una información que no podía compartir con nadie. Durante un tiempo, la única persona de su entorno que lo supo fue su hermana, Gesine Bullock-Prado. «Al principio pensé: vale, puedo con esto, puedo estar callada», recordó. A la enfermedad y al confinamiento se le añadió una preocupación doméstica y muy concreta: uno de sus dos hijos padece asma severa, y la actriz describió aquellos meses tratando de evitar por todos los medios que los niños se contagiaran del virus mientras el hombre con el que vivía empezaba a apagarse dentro de la misma casa.

Antes del diagnóstico hubo un recorrido largo de consultas y pruebas. Bullock ha explicado que Randall pasó más de un año encadenando exámenes médicos hasta que los especialistas determinaron que se trataba de ELA, la enfermedad que afecta al sistema nervioso y que también se conoce como enfermedad de Lou Gehrig. «El suyo no era hereditario, lo cual creo que es un alivio enorme. Pero fue como un año y pico observándolo para ver qué era. Podía ser esto, podía ser aquello. Pero lo que yo vi, yo lo supe. Lo supe. Y tienes que planificar en silencio». La actriz situó esa capacidad de organizarse en su propia biografía familiar: su padre había sufrido accidentes y su madre había pasado un Cáncer. «No me da miedo —no la enfermedad en sí, eso no me da miedo—. Puedo afrontar y lidiar con casi cualquier cosa. Pero tenía dos hijos pequeños que estaban pasando por ello, sobre todo una niña pequeña que veía a Randall como una figura paterna». También movió hilos por su cuenta: contactó con distintos médicos para intentar que su pareja entrara en la lista de algún ensayo con fármacos experimentales, y ha admitido que contó con «el privilegio» de poder pagar a los cuidadores que él necesitaba.
El duelo arrancó cuatro años antes de la muerte
La frase que sostiene todo el relato tiene que ver con el momento en que ella entendió lo que venía. «Creo que, por donde estaba él en su camino, tanto física como mentalmente, empecé a hacer el duelo por Bryan cuatro años antes de que falleciera. Algo en mi cabeza me dijo: empieza el duelo ahora. Porque sabía que yo iba a ser la cuidadora, y podía ver que aquellos ojos brillantes que yo conocía… algo había cambiado». Randall estuvo enfermo al menos la mitad de los ocho años que duró la relación. «La persona que yo amaba se fue mucho antes de que se fuera el cuerpo. Creo que no lo superé hasta después de su fallecimiento, porque estás como en una cinta de correr». Cuando él murió, la familia difundió que había fallecido «en paz tras una batalla de tres años contra la ELA». El desfase entre esa cifra y los cuatro años que ella menciona encaja con el año largo de pruebas médicas previo al diagnóstico definitivo, el periodo en el que, según su propio relato, ya sabía lo que estaba viendo sin tener aún un nombre para ello.
A la enfermedad se le sumó después otro frente. «Cuando la enfermedad física se sumó al aspecto de la salud mental —y es algo de lo que la gente no habla— se produjo una combinación nefasta, una situación realmente sombría». En esa etapa la casa se llenó de personal sanitario que acabó formando parte del paisaje diario. «Tuve unos enfermeros increíbles… son como cuatro hermanos mayores en mi cocina cada mañana». El desgaste dejó huella física y la actriz la localiza mirando fotografías de aquellos años, en las que dice reconocerse con la piel gris en las pocas alfombras rojas que pisó. «Sentía que había una especie de sudario negro sobre mí», describió sobre un periodo en el que además arrastraba el temor a que, en el momento en que dijera algo, alguien más acabara señalado. La actriz llegó al pódcast con una referencia previa: ya había estado como invitada cinco años antes, y ha admitido que en aquella grabación «no estaba mentalmente allí». Esta vez fue ella quien avisó a los presentadores, antes de empezar a grabar, de que estaba preparada. «Me siento segura hablando de esto con vosotros», les dijo.
Dos niños, un terapeuta infantil y un ala de la casa cerrada

La parte del relato que más espacio ocupa es la de los niños. Louis y Laila, los dos hijos de la actriz, crecieron dentro de la enfermedad, y Bullock trabajó con un terapeuta infantil para encontrar la forma de explicarles qué le estaba pasando a Randall. Los dos percibieron el deterioro físico y cada uno reaccionó a su manera: Louis entendió unos dos años antes del final que necesitaba apartarse, mientras que Laila siguió implicada hasta aproximadamente seis meses antes de la muerte. Para manejar esa distancia sin cortar del todo el contacto, la actriz reorganizó la vivienda. «Pude aislar toda una sección de la casa y convertirla en una entrada distinta, con un jardín exterior y todas esas cosas», ha contado sobre la solución que encontró para que los pequeños entraran solo cuando lo pidieran. Randall y ella criaron juntos a Louis y a Laila, además de a Skylar Staten Randall, la hija que el fotógrafo tenía de una relación anterior.
La culpa por lo que sus hijos vivieron la acompañó hasta hace aproximadamente un año. «Entonces alguien me dijo: si crees que los hijos te eligen, también eligen este camino. Este camino es para ellos también. Eso me quitó un poco de peso de encima». Aun así, ha explicado que se disculpó con ellos por lo ocurrido. El círculo de personas que conocía el diagnóstico se fue ampliando poco a poco más allá de su hermana: acabó confiándoselo a algunas amigas, entre ellas Jennifer Aniston y Amanda Anka, la mujer de Bateman, y describe como «alivio» el momento en que por fin pudo decirlo en voz alta. Tras la muerte de Randall, la actriz se dio tiempo antes de volver a ponerse delante de una cámara: dedicó esos meses a recuperarse, a estar en casa y con los niños, y a asegurarse de que tanto ella como ellos estaban en condiciones de que ella retomara el trabajo. Ese regreso se ha materializado en Prácticamente magia 2, la secuela que la ha devuelto a la promoción y a las entrevistas.
Ocho años juntos y una enfermedad que él quiso en privado

La relación había empezado en 2015 y de la manera más doméstica posible: Randall, un modelo reconvertido en fotógrafo, fue contratado para hacer las fotos del cumpleaños de Louis, el hijo de la actriz. De ahí salió una relación que se hizo pública ese mismo año y que se prolongó durante ocho, hasta su muerte. Bullock llegó a describirlo públicamente como el gran amor de su vida. La actriz, que hoy tiene 62 años, había construido esa etapa lejos del foco, y el silencio sobre la enfermedad fue una continuación natural de esa forma de llevar su vida privada.
Cuando Randall murió, en agosto de 2023, la decisión de mantener la ELA en privado quedó explicada por escrito por su propia familia. «Bryan decidió desde el principio mantener en privado su experiencia con la ELA y quienes le cuidábamos hicimos todo lo posible por respetar su deseo», señalaba aquel comunicado, que agradecía además el trabajo de los médicos y de los enfermeros que pasaron a formar parte de la casa. El texto pedía entonces intimidad para afrontar la despedida. Tres años después, y con el permiso que da el tiempo transcurrido, Bullock ha sido quien ha decidido levantar ese silencio y contar la parte que le tocaba a ella, sin discutir la voluntad de su pareja: sobre por qué él quiso ocultarlo, la actriz remite a Randall y no se atribuye la explicación.
