Penélope Cruz tiene 52 años y dos hijos adolescentes, y ha admitido que no sabe del todo cómo protegerlos de la cantidad de información con la que crecen. «Quiero saber qué les pasa, en qué están, qué intereses tienen y al mismo tiempo protegerles de este aluvión de información imposible de asimilar, pero nuestra generación no tiene herramientas para hacerlo, no sabemos lo que es crecer así», reconoce la actriz. Y cuando habla de ellos aclara algo: no se refiere solo a los suyos.
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«No estoy hablando solamente de mis hijos»

La frase completa de Penélope Cruz arranca de otra manera. «Siento debilidad por ellos, y no estoy hablando solamente de mis hijos», dice la actriz. La actriz, madre de Leo y Luna con Javier Bardem, extiende la preocupación a toda una generación, y lo hace admitiendo el límite de la suya propia: la de los padres que no crecieron con un móvil en la mano y que ahora tienen que criar a quienes sí. Ese reconocimiento de no tener manual es lo que separa sus palabras del discurso habitual sobre pantallas y adolescentes.
El diagnóstico que hace de ese aluvión es igual de rotundo. «Se mezclan hechos, opiniones, mentiras, los seres humanos no estamos preparados para asimilar tanta información, es un experimento que está saliendo mal porque es imposible que pueda salir bien, no se puede procesar», sostiene la actriz de 52 años. No habla de una app ni de una red concreta: habla del volumen, y de que nadie ha comprobado antes qué le hace eso a un chaval de quince.
Con todo, el tramo no acaba en queja. «Elijo poner el foco en lo bueno y ellos lo son. Vamos a hacer esa revolución, no somos puñeteros robots», dice Penélope Cruz, y esa es la frase con la que cierra el asunto de los jóvenes. La actriz también dedica un apartado al clima. «Estoy muy preocupada por los incendios y porque haya quien siga cuestionando el cambio climático y un montón de cosas que no son cuestión de opiniones, que son hechos», afirma.
De la crianza a la inteligencia artificial

De la avalancha de datos, Penélope Cruz salta a la Inteligencia Artificial y ahí endurece el tono. «Se habla con frivolidad del tiempo libre que supuestamente nos dejará la IA en el futuro, pero se olvida que las personas necesitamos un propósito, algo que nos mueva y dé sentido a nuestras vidas», sostiene, antes de señalar «lo peligroso que es ceder a esa forma total de control». Y remata comparando la máquina con el arte: lo que provoca una buena película, una novela o un cuadro «toca una tecla en nosotros con lo que lo otro no puede competir porque no tiene alma».

Las declaraciones llegan en una entrevista publicada por Vogue España, firmada por la escritora Alana S. Portero, autora de La mala costumbre. El motivo es La bola negra, la película de Los Javis que la actriz protagoniza y que se estrena el 25 de septiembre. Javier Calvo y Javier Ambrossi recibieron por ella un premio en el Festival de Cannes, donde la ovación acabó con la actriz llorando en la sala.

Alcobendas y San Sebastián de los Reyes
De sus directores, Penélope Cruz habla en un solo registro: «No sé si saben lo que tienen entre manos, son genios». Y cuenta cómo se conocieron: «El primer encuentro entre Los Javis y yo en realidad fue como un reencuentro, hablamos durante horas de las películas de Pedro Almodóvar, nos sabíamos frases de memoria, nos contamos la vida entera como si fuésemos amigos de siempre». De ese mismo rodaje salió otra confesión suya, cuando contó el susto médico que estuvo a punto de paralizar el proyecto.
El último tramo lo dedica a sus dos barrios de origen. «Me emociono hablando de mis barrios, Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, me han hecho ser quien soy y no dar por sentado poder dedicarme a esto», dice la actriz, que añade de dónde viene su forma de trabajar: «En mi barrio, de los valores de mis padres, en lo que he visto, aprendí que hay una ética del trabajo, una forma de hacer las cosas». Vistas en conjunto, las respuestas dibujan a una intérprete que llega a la promoción de una película y acaba hablando de casi todo lo demás.
