Miguel Lago atraviesa el momento más duro de su vida personal. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, el humorista y colaborador de televisión y su mujer, Laura Abella, viven el periodo más crítico de sus más de 25 años de relación, con la ruptura y la confrontación marcando ya el día a día de la pareja. Fuentes conocedoras de los hechos aseguran que las diferencias entre ambos parecen ya irreconciliables, y la brecha ha crecido hasta tal punto que el enfrentamiento ha llegado ya al entorno judicial, algo que el citado medio ha podido comprobar ante las autoridades.
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Una guerra que llega a los juzgados cuatro años después de su hijo más deseado

La crisis estalla, precisamente, cuatro años después de uno de los momentos más felices de la vida familiar de Miguel Lago y Laura Abella: la llegada de su cuarto hijo. Fue en junio de 2022 cuando la pareja, ya padres de tres hijos biológicos, dio la bienvenida al pequeño Robinson, un niño originario de la República Dominicana al que adoptaron tras un proceso «durísimo, lleno de sinsabores», en palabras del propio Lago, quien entonces lo definió como «la batalla más dura a la que nos hemos enfrentado». El cómico gallego compartió la noticia en sus redes sociales asegurando estar «feliz de anunciar que Laura y yo hemos sido padres por cuarta vez», y semanas después reconoció públicamente que Robinson «es un niño que tiene necesidades especiales, y nadie te prepara para eso», y que ambos trabajaban «todos los días para que él esté feliz».
Ese relato de unión familiar es hoy, según las fuentes consultadas por EL ESPAÑOL, papel mojado. La complicidad y el nexo de antaño entre Miguel Lago y Laura Abella han dado paso a lo que fuentes cercanas describen como «una cruda guerra entre ellos», con un enfrentamiento que ya no se libra solo puertas adentro: el citado periódico ha podido confirmar ante las autoridades que el conflicto conyugal ha trascendido al ámbito judicial, un paso que certifica la gravedad de una crisis que, hasta ahora, la pareja mantenía completamente alejada de los focos pese a la exposición pública que da a Lago su trabajo en televisión.
25 años de relación construidos desde una fotocopiadora universitaria
Miguel Lago y Laura Abella se conocieron en su primer año de carrera, cuando ambos estudiaban Filología Hispánica, en un encuentro que el propio humorista ha relatado varias veces en televisión y en podcasts: «La conocí en la universidad, delante de la fotocopiadora. No lo olvidaré jamás. Me enamoré al instante. Me quedé… Metí ficha. Yo le iba tirando los tejos». De aquel flechazo nació una relación que Lago ha descrito como el pilar de su vida: «Es la persona más importante de mi vida. Cuando la conocí tenía 18 años. Llevamos toda la vida juntos. Fue mi primera novia. Y mi mujer, hasta hoy». Laura Abella, licenciada en Filología y profesora durante casi tres décadas, decidió al llegar a Madrid volcarse en la crianza de sus hijos, una decisión que el propio Lago presentó en el podcast Lo que tú digas, en febrero de 2022, como «un ejercicio de feminismo»: «La madre de mis hijos está en casa, en sus labores (…) Ella trabaja más que yo. Ahí no hay descanso. Es full, 24 sobre 7».
La pareja, además de sus cuatro hijos —Lucía, Diego, Anna y Robinson—, comparte la Fundación Miguel Lago, el proyecto benéfico de la familia que hoy gestiona la propia Laura Abella y en el que, según figura en la web de la organización, participan también los cuatro hijos del matrimonio. Su historia sobrevivió incluso a momentos límite, como la hemorragia masiva que sufrió Laura Abella durante el parto de su tercera hija biológica, Anna, un episodio que Lago recordó como el más aterrador de su vida: «Aquello fue como cuando se desprende una manguera de un grifo. A mí me vino un médico y me dijo que mi mujer estaba en claro riesgo vital. Esa frase es demoledora… Dios no quiso que a mi esposa le tocase en ese momento. No se murió porque no tocaba». Ese pasado de unión hace todavía más significativo el momento actual: fuentes cercanas a la familia resumen la situación con una frase que contrasta por completo con los 25 años anteriores: «son sombras y conflictos muy serios».
