Luis Miguel ha abandonado de manera definitiva el Hospital Mount Sinai de Nueva York. El cantante mexicano, que permanecía ingresado desde hacía varias semanas tras someterse a una delicada intervención supervisada por el prestigioso cardiólogo español Valentín Fuster, ha recibido el alta médica tras confirmarse su evolución favorable. Rompiendo el hermetismo y los intentos de desmentir su hospitalización, el artista ha tomado de inmediato un avión con destino a México, el escenario elegido para iniciar un largo proceso de recuperación que mantendrá su agenda profesional completamente congelada.
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La salida del hospital neoyorquino se ha producido rodeada de las habituales medidas de seguridad y discreción que caracterizan al entorno del Sol de México. Aunque las primeras informaciones del centro hospitalario apuntaban a que el alta era inminente, ha sido el diario ‘El Economista’, a través de ‘Informalia’, el encargado de confirmar que el artista ya ha dejado atrás las instalaciones situadas en Manhattan tras comprobarse el éxito de la operación.
Durante su estancia, el equipo médico tuvo que acondicionar una habitación especial y muy amplia, con cama adicional, para cumplir con las peticiones del intérprete. Este movimiento fue necesario al encontrarse ocupada la suite principal destinada a las grandes personalidades por la hija de un multimillonario norteamericano. Con el visto bueno de los facultativos, la prioridad absoluta de la estrella es ahora el descanso en su país natal, lejos de los focos y de la polémica mediática que ha generado su ingreso.
Paloma Cuevas y Michelle Salas: la preocupación del entorno
El proceso no ha sido fácil para el núcleo familiar del cantante. Su pareja, la empresaria cordobesa Paloma Cuevas, ha vivido estas semanas en un constante viaje de ida y vuelta entre España y Estados Unidos. Sus obligaciones familiares en Madrid, al cuidado de sus dos hijas en edad escolar, y diversos compromisos profesionales le impidieron instalarse de forma permanente en Nueva York, provocando en ella una lógica situación de angustia y preocupación por no poder acompañar al artista las veinticuatro horas del día en un momento tan delicado. Se espera que Cuevas viaje a México de forma inminente para liderar los cuidados en el hogar del cantante.
Por otro lado, el bando familiar en México también ha seguido con inquietud los acontecimientos. El entorno de Michelle Salas, hija de Luis Miguel, ha confirmado el estado de nerviosismo e inquietud que la joven transmitió a sus amistades más cercanas durante las semanas que su padre permaneció bajo observación en la planta de cardiología. Una tensión que empieza a rebajarse tras confirmarse que el cantante ya vuela hacia su entorno más protector.
Un parón profesional obligatorio para el Sol de México

La salida del Hospital Mount Sinai no implica, bajo ningún concepto, que el proceso médico del artista haya concluido. La intervención, de carácter grave, exige un estricto protocolo de reposo absoluto, revisiones periódicas y un blindaje informativo total para asegurar que el postoperatorio se desarrolle sin contratiempos.
La salud se ha convertido en la única prioridad para el cantante, lo que obliga a mantener todos sus compromisos laborales suspendidos de manera indefinida. A pesar de los intentos iniciales de su entorno por negar la hospitalización —alegando supuestos viajes profesionales a México para desacreditar la exclusiva de la prensa escrita—, la realidad de los despachos médicos impone un ritmo seco y de absoluto parón en los escenarios hasta que el equipo de Valentín Fuster determine que el azteca está listo para volver a rendir al máximo nivel.
