A sus recién estrenados 30 años, la influencer Laura Escanes ha decidido romper su coraza en una charla profunda con Vicky Martín Berrocal. En esta conversación para el pódcast A solas con…, la creadora de contenido catalana analiza con una madurez inédita su pasado junto a Risto Mejide, el impacto de la diferencia de edad y las cicatrices emocionales de una etapa marcada por la dependencia y la falta de honestidad.
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El peso de la perspectiva tras una década en el foco
El calendario ha dictado sentencia y Laura Escanes ya no es aquella joven de 19 años que saltó a las portadas por su romance con uno de los rostros más duros de la televisión. Al cumplir los 30, la catalana atraviesa lo que ella misma denomina una «resaca emocional» llena de luz, pero que le ha obligado a mirar por el retrovisor con una honestidad que llega a doler. Durante su intervención en el espacio de Vicky Martín Berrocal, la fuente original de estas revelaciones, Escanes admitió que su visión sobre la diferencia de edad ha mutado de forma radical. Lo que antes era una bandera de libertad y amor sin barreras, hoy se analiza bajo el prisma de la experiencia y, quizás, de un arrepentimiento silencioso pero firme.
Aquel vínculo que nació en 2015 a través de una red social se convirtió en un torbellino mediático que duró siete años. Hubo una boda multitudinaria, el nacimiento de una hija, Roma, y una defensa pública constante contra quienes cuestionaban los 22 años que la separaban del publicista. Sin embargo, la Laura de 2026 reconoce que esa defensa era fruto de una ceguera voluntaria: “En ese momento, yo de verdad creía que no pasaba nada y que la diferencia de edad no era ningún problema, lo defendía a muerte”. Hoy, el discurso es otro. La influencer admite que faltaban muchas piezas en el puzle de su madurez y que, en realidad, aquellas críticas que ella sentía como ataques eran, en muchos casos, intentos de protección.
El dilema de una madre ante su propio espejo
Uno de los puntos más críticos de la entrevista surge cuando se proyecta el futuro de su hija. La pregunta de Martín Berrocal fue directa al corazón de la contradicción: ¿qué pasaría si Roma, al crecer, decidiera compartir su vida con un hombre mucho mayor? Escanes, lejos de esquivar el golpe, respondió con la voz entrecortada, evidenciando que su instinto protector choca frontalmente con su biografía personal. La influencer confesó que actuaría como lo hizo su propia madre en su día: “Preguntar si está bien con un poco de susto, de preocupación, de miedo por pensar que a lo mejor se va a saltar etapas, que a lo mejor no esté haciendo las cosas por ella misma y porque de verdad lo crea… todas estas preocupaciones de madre”.
Esta revisión de su recorrido vital le genera una contradicción interna difícil de gestionar. Es consciente de que su pasado le quita autoridad moral frente a su hija, pero al mismo tiempo le otorga un conocimiento de causa que considera vital compartir llegado el momento. “¿Qué le podría decir yo a mi hija? No le puedo decir nada, si yo lo he hecho. Justamente por eso sí que le puedo advertir o avisar de algunas cosas… es complicado”, reflexionaba con una vulnerabilidad que conectó de inmediato con la audiencia. “Me siento mal por pensarlo, aunque creo que es normal hacer revisión sobre mi recorrido. Esas decisiones han hecho que sea la persona que soy hoy”, sentenció para cerrar un círculo que sigue abierto en lo emocional.
El estigma de la identidad y el miedo al vacío
Durante años, Laura Escanes cargó con el peso de ser «la mujer de». Su ascenso a la fama fue tan meteórico como cuestionado; pasar de 20.000 a 50.000 seguidores en una noche fue un trauma digital que marcó su carrera. El temor a ser devorada por el personaje de su pareja fue una constante en sus primeros años de exposición pública. “Una de mis preocupaciones cuando explotó todo fue ser una mujer florero y perderme a mí y mi identidad”, desveló. Aunque Risto intentó prepararla para el escrutinio, pintándole un panorama dramático, Laura recordó que en aquel momento se sintió capaz de soportarlo todo, una entereza que con el tiempo se reveló como una máscara de supervivencia.
Esa lucha por dejar de ser un complemento y convertirse en una profesional de la comunicación ha sido larga. Hoy, consolidada como presentadora en TV3 y con proyectos propios, Laura mira atrás y ve a una mujer que tuvo que pelear por cada milímetro de su autonomía. Sin embargo, el camino dejó cicatrices profundas, especialmente en lo que respecta a la confianza en los demás. La influencer recordó episodios de una dureza extrema en los que la dependencia emocional la anuló por completo.
Mentiras, llanto y el camino hacia la sanación
La parte más oscura del relato llegó al hablar de la traición. Escanes no dudó en describir un mes de su vida sumida en una tristeza absoluta, donde el trayecto de la cama al sofá era su única rutina. El motivo: una decepción sentimental que rompió sus esquemas sobre la lealtad. “Tantísima dependencia en una persona que me mentía en la cara y me miraba a los ojos. ¿Cómo voy a confiar luego en la gente?”, se preguntó durante la charla. Esa falta de honestidad le provocó una crisis de identidad severa, hasta el punto de confesar que “ya no sabes ni lo que te gusta ni lo que no, es como que no sabes nada de ti”.
Afortunadamente, el presente de la catalana se escribe en otros términos. Tras su ruptura con Risto en septiembre de 2022 y un proceso de terapia constante, ha logrado reconstruirse. Actualmente mantiene una relación estable con el piloto Joan Verdú, una etapa que define por la tranquilidad y la madurez. La joven que una vez proclamó que el amor podía con cualquier obstáculo, incluso con el paso del tiempo, ha aprendido que la mayor victoria es ser capaz de cuestionar tus propios dogmas para no perderte por el camino. Con Roma como prioridad y una carrera profesional que ya no depende de apellidos ajenos, Laura Escanes celebra sus 30 años con la paz de quien ya no tiene que convencer a nadie, solo a sí misma.
