Gloria Camila Ortega ha reaparecido en el plató de ‘El tiempo justo’ con una estrategia tan previsible como cuestionable. Tras ser señalada por sus constantes incoherencias respecto a su relación con Manuel Cortés y Álvaro García, la hija de Ortega Cano ha optado por el victimismo médico para evitar dar las explicaciones que el público reclama. «He petado», afirma la colaboradora, quien no ha dudado en acudir a su puesto de trabajo —previo pago de su caché— para, paradójicamente, anunciar que no piensa hablar de los temas por los que se le paga para estar ahí.
Te recomendamos

Alba Silva habla por primera vez tras el asalto de cinco encapuchados a su vivienda sevillana. Asegura que su familia está a salvo, aunque sigue «en shock»

Lara Dibildos será la madre de Roscón en la obra infantil con la que el hijo de 18 años de Samantha Vallejo-Nágera se estrena en el teatro estas Navidades

Sahara Ray, la modelo a la que se relacionó con Justin Bieber, habría fallecido por una sobredosis de fentanilo con 34 años, pocos meses después de ser madre

Sergio Rico y Alba Silva sufren el asalto de cinco encapuchados armados en su casa sevillana con sus dos hijos pequeños y la abuela dentro
El espectáculo ofrecido este martes por Gloria Camila en televisión ha dejado un sabor de boca amargo y una sensación de déjà vu en la audiencia. Tras semanas alimentando la polémica, vendiendo exclusivas y posicionándose en el centro del foco mediático, la joven ha decidido levantar un muro justo cuando las evidencias parecen haberla acorralado. Con el «carrito del helado» a las puertas y sus supuestas mentiras quedando al descubierto, la colaboradora ha recurrido al comodín de la salud emocional para blindarse ante las preguntas incómodas.
«Simplemente he petado, creo que se ha hecho tanta bola que no he sabido gestionarlo mentalmente», explicaba Gloria Camila con rostro compungido. Sin embargo, resulta difícil de procesar que alguien que se declara «sobrepasada» por la presión mediática elija, precisamente, un plató de televisión en pleno prime time para reaparecer, cobrando su correspondiente minuta pero negándose a ejercer su labor informativa.
El hospital como escudo: visión borrosa y límites a conveniencia
Durante su intervención, Gloria confirmó los datos adelantados por su sobrina Rocío Flores sobre su reciente ingreso hospitalario. «He tenido que ir al hospital porque la ansiedad me ha generado un estrés mental y emocional. Tenía un dolor que no se me iba y empecé a ver borroso», relataba para justificar su mutismo. No obstante, esta alusión a cuadros clínicos críticos choca frontalmente con su decisión de mantenerse en la primera línea de fuego televisiva.
Cuando llegó el momento de abordar las pruebas que cuestionan su versión sobre lo ocurrido con Manuel Cortés, Gloria Camila sacó a relucir una dignidad repentina: «Voy a mirar por mí y no voy a entrar en este tema. Me vais a perdonar, pero cada uno tiene muy marcados sus límites y estos son los míos». Unos límites que, curiosamente, parecen ser elásticos cuando se trata de cobrar por hablar de su vida privada, pero que se vuelven de acero cuando la verdad empieza a apretar.
El consejo de Ortega Cano y la sombra de la conveniencia
Para cerrar su «no-entrevista», la joven se refugió en la figura de su padre. Según Gloria, José Ortega Cano le ha aconsejado que «haga lo que le haga feliz» y que anteponga su salud a todo lo demás. Un consejo loable en el ámbito privado, pero que en el entorno de un negocio basado en la transparencia y la actualidad suena a excusa barata para no reconocer que las evidencias han superado a la ficción que intentaba sostener.
La pregunta que queda en el aire es obvia: si la salud es lo primero y la televisión le provoca ceguera temporal por estrés, ¿qué hacía Gloria Camila hoy sentada en un plató? La respuesta parece estar más cerca de la necesidad de controlar los daños de su maltrecha credibilidad que de una auténtica recuperación médica. Callarse cuando se debe una explicación no es marcar límites; es, sencillamente, una huida hacia adelante cuando ya no quedan excusas que vender.
