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Corazón

Isabel Pantoja se rompe: «Cuando se apagan las luces y cruzo el camerino soy Maribel»

Pedro Serrano González
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La tonadillera Isabel Pantoja rompe su silencio mediático en una entrevista íntima para ‘Ellas internacional’ antes de su gira por América. En un momento marcado por su reconciliación con Kiko Rivera y el luto por su director musical Víctor Eloy, la artista reflexiona sobre su identidad y su delicada situación financiera con Cantora en el punto de mira.

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El desdoblamiento de una estrella frente al espejo

La dualidad entre el mito y la mujer ha sido, durante décadas, el motor de la narrativa que rodea a la intérprete de ‘Marinero de luces’. A sus 69 años, y tras un largo periodo de hermetismo absoluto, Isabel Pantoja ha decidido mostrar las costuras de su armadura emocional. A escasos días de emprender su ambicioso tour por el continente americano, que arrancará el próximo 27 de abril en Perú, la cantante ha querido dejar claro que el personaje que domina el escenario no es el que habita en la soledad de su hogar.

«Isabel Pantoja es la que está encima del escenario y cuando cruza la puerta del camerino cuando se apagan las luces soy Maribel, mi nombre abreviado», ha confesado con una naturalidad que desarma. Esta distinción no es baladí; representa la frontera entre la diva que gesticula con bata de cola y la mujer que busca refugio en la cotidianeidad. Para ella, Maribel es el reducto de paz donde no llegan los focos ni las críticas feroces. Es el nombre que resuena en los pasillos de su casa, el que utilizan sus hijos, sus hermanos y sus seres queridos para conectar con la persona real, lejos de la industria del espectáculo.

La mística de una voz que brota del corazón

A pesar de la veteranía, Pantoja asegura que su proceso creativo no ha perdido ni un ápice de intensidad. No se limita a una ejecución técnica o vocal, sino que entiende su oficio como un ejercicio de honestidad brutal con su propia biografía y con los sentimientos ajenos. «Aparte de cantar con la garganta, obviamente, yo canto con mi corazón, todo lo que canto me lo creo. Hay cosas que son vivencias mías y otras no», explica sobre esa capacidad de conectar con distintas generaciones que siguen llenando sus recitales.

En este balance vital, la mirada hacia el futuro se tiñe de una melancolía luminosa. Al ser preguntada por sus deseos, no pide éxitos de ventas ni portadas, sino elementos básicos que la vida le ha arrebatado o complicado en diversos tramos: salud, paz e igualdad. Incluso se permite un viaje onírico hacia la inocencia perdida, admitiendo que le encantaría volver a ser niña el tiempo que le queda de vida. Es la confesión de alguien que ha cargado con el peso de la fama y la tragedia desde una edad muy temprana.

Luces y sombras: Entre el éxito y la amenaza judicial

Sin embargo, esta aparente calma espiritual contrasta radicalmente con una realidad financiera y judicial que vuelve a oscurecer su horizonte. Según ha revelado el director de la revista Lecturas, Luis Pliego, la situación económica de la tonadillera es crítica. La finca Cantora, símbolo de su historia de amor con Paquirri y su mayor patrimonio, arrastra una deuda que supera los 1,5 millones de euros. Los intentos por sanear sus cuentas con la Agencia Tributaria parecen haber encallado, y la cifra total que pesa sobre la propiedad ascendería a los 7 millones de euros.

Este escenario coloca a la artista en una posición de vulnerabilidad legal extrema. Al haberse agotado las vías administrativas de negociación, el caso entra en el terreno de lo penal al superar el umbral del delito fiscal. La sombra de una posible vuelta a prisión, tras su estancia en la cárcel de Alcalá de Guadaíra en 2014, es una posibilidad real que sobrevuela su entorno mientras ella prepara las maletas para cruzar el charco. El contraste es casi cinematográfico: el aplauso del público en Lima frente a los requerimientos judiciales en España.

El duelo por Víctor Eloy y la esperanza en la familia

La faceta profesional de Isabel también ha sufrido un golpe emocional devastador recientemente. El fallecimiento de su director de orquesta, Víctor Eloy, a los 43 años debido a un cáncer, ha dejado un vacío inmenso en su equipo artístico. «Siento profundamente la gran pérdida de una persona tan extraordinaria: un gran músico, un gran profesional, y sobre todo, un ser muy querido. Queridísimo Víctor, que en gloria estés», escribía la cantante en sus redes sociales, evidenciando un dolor profundo por quien no solo era su guía musical, sino un amigo íntimo que decidió seguir trabajando a su lado hasta el último aliento.

No obstante, en este mar de dificultades, brilla un rayo de esperanza familiar. La reconciliación con su primogénito, Kiko Rivera, parece ser un hecho consolidado. Tras años de reproches públicos por la herencia de su padre, madre e hijo se reencontraron recientemente en Canarias. Este acercamiento, que incluye conversaciones con sus nietos, supone un bálsamo necesario para Maribel. La imagen de un Kiko Rivera sonriente en el aeropuerto de Sevilla tras el encuentro confirma que, al menos en el terreno de los afectos, la tonadillera está logrando recomponer los pedazos de una vida marcada por la intensidad y el drama.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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