El tiempo no perdona, y el interés tampoco. Que Las Campos ya no venden ha dejado de ser una intuición de redacción para convertirse en un hecho medible, con cifras encima de la mesa. Antes era casi imposible cazar a las hermanas Campos en bikini en su zona de veraneo habitual sin que mediara un posado de exclusiva en alguna revista del corazón. El motivo era sencillo: esas imágenes valían dinero, y mucho, porque el interés por su vida privada era real. Esta semana, esa lógica se ha invertido del todo, y los datos lo confirman uno detrás de otro.
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El 9,2% que certifica la caída

El pasado 31 de julio, Terelu Campos y Carmen Borrego se sentaron en el plató de ‘¡De Viernes!’ para la despedida de temporada del programa: una edición especial con hasta seis invitadas, en la que las dos hermanas fueron las primeras en ocupar el sofá para ajustar cuentas tras un mes sin hablarse por la disputa entre sus hijos. Era, sobre el papel, el material más potente que puede ofrecer un late night de crónica social para cerrar el curso: sangre de la misma familia, rencor acumulado, cámaras en directo. El resultado en audiencia, según los datos oficiales de Kantar Media publicados por Vertele, fue un 9,2% de share y 570.000 espectadores.
Y ese 9,2% no es una anomalía puntual: es, más bien, la confirmación de un techo. ‘¡De Viernes!’ se mueve habitualmente en la franja del 8-10% de share, sin que le haga falta un rival de peso para quedarse ahí. El problema no es que perdiera un viernes cualquiera: es que ni siquiera un cara a cara vendido como «el definitivo», el que debía cerrar la temporada por todo lo alto entre dos hermanas enfrentadas, consiguió sacar al programa de su rango de todos los días. Ni rastro de un pico de interés, ni rastro de un acontecimiento televisivo. Un 9,2% que podría haber sacado cualquier tarde sin Campos de por medio. En otra época, un careo de las hermanas Campos con ese montaje habría disparado la cuota muy por encima de su techo habitual. Hoy, ni eso.
Tampoco fue una noche tranquila puertas adentro del plató. Durante la emisión, un intercambio entre Terelu y la periodista Ángela Portero —que le espetó que si a su propia hermana la llama «victimista» es que cree que «ya viene con el papel de víctima»— derivó en un momento que el propio programa no pudo controlar: el público del plató rompió su silencio habitual para dedicarle a Terelu un abucheo sonoro y prolongado. Tan evidente fue que el copresentador Santi Acosta tuvo que salir a matizar en directo: «Ni lo hemos pedido nosotros, Terelu». La propia Terelu, visiblemente descolocada, respondió: «Yo tampoco voy con abucheos. Yo respeto a todo el mundo y como jamás pido un aplauso, tampoco pido un abucheo». El rechazo a Terelu Campos ya no se mide solo en redes sociales o en comentarios de prensa. Se mide, literalmente, en decibelios, delante de las cámaras que ella misma pisa cada semana.
La burla no se quedó solo en el careo de fin de temporada. Este mismo miércoles, en ‘De lunes a viernes‘, el propio programa donde Terelu colabora a diario mostró sus fotos en bañador durante la escapada a La Manga y las presentó con un rótulo de coña: «Terelu Sex Symbol». Ya no hace falta esperar a un cara a cara con su hermana para que Terelu se convierta en blanco de la burla: le basta con ponerse un bañador en su propio lugar de trabajo.

Ni rastro en las portadas de esta semana
Si el dato de audiencia fuera un hecho aislado, se podría matizar. No lo es. Esta misma semana, según el repaso semanal de portadas de Divinity, ninguna de las cuatro grandes revistas del corazón del país lleva a Terelu Campos como protagonista. Ni una sola. La gran apuesta de esta semana en los quioscos es Ana Boyer y su hija Mía, nacida hace tres meses, además del fallecimiento del padre de Paula Echevarría, las vacaciones de famosos internacionales en España y la propia despedida a Luis Echevarría en otra cabecera. Terelu, la mujer que durante años garantizaba portada con solo pisar una playa, no figura ni de refilón.

Carmen Borrego corre mejor suerte, pero tampoco es la que era: aparece en portada esta semana, sí, según recoge Divinity, pero como una foto más en bañador «tras las últimas polémicas en torno al Clan Campos«, compartiendo espacio con Carmen Thyssen y con Kylian Mbappé y Ester Expósito. No hay exclusiva, no hay reportaje propio, no hay la ventana grande que antes se reservaba para una Campos en solitario. Es una mención, no un reclamo.
«Las Campos ya no venden»: la exclusiva de Raúl García

Para entender el porqué de esta caída, hemos hablado en exclusiva con Raúl García, uno de los paparazzi y especialistas en crónica social de más prestigio del panorama nacional, con años de trayectoria cazando a la crónica rosa española en sus momentos más delicados. Su diagnóstico es directo: «Las Campos ya no venden. Hoy vemos a Terelu con una foto en su programa cuando antes pagaban miles de euros por esas fotos. Pillar a Terelu en bañador era imposible. Ahora que las revistas no la quieren, sale a la playa donde sabe que hay paparazzis. Pero ella ya no vale», explica, refiriéndose al peso real de la presentadora en el mercado de la crónica social.
García matiza además que, dentro de ese declive compartido, hay diferencias notables entre las dos hermanas: «Carmen es más rentable que Terelu. Se lleva mejor con la prensa, es un personaje que pasa de todo. Terelu es una borde y no admite que su hermana tenga más protagonismo, la hizo sombra hace ya mucho tiempo. Carmen da más juego que Terelu. Las Campos han dado mucho dinero y horas a la prensa del corazón. Es una pena que ya no haya sagas como las de antes.»
El paparazzi recuerda con detalle hasta dónde llegaba antes el interés real por la vida de Terelu Campos: «Yo he llegado a disfrazarme y dormir en la calle con cartones para hacer unas fotos a Terelu saliendo de un bar con un novio, para que ella pensara que yo era un vagabundo», relata. «Yo llegaba a estar en los restaurantes hasta altas horas de la madrugada esperando a que saliera porque se vendía toda su vida. Ahora ni en sueños te quedas por ella.»
Un declive que ya no se puede disimular
Entre un 9,2% que no logró despegar de la rutina y una semana entera sin portada, el patrón es el mismo: el mercado —audiencia, revistas, paparazzi— ha dejado de pagar por lo que antes garantizaba ingresos. Las Campos, que fueron durante años una de las sagas más rentables de la crónica social española, se enfrentan hoy a algo más difícil de gestionar que cualquier polémica familiar: la indiferencia.
No es un problema de talento para generar titulares: entre el careo con su hermana, la guerra de sus hijos y el abucheo en directo, esta semana no les ha faltado material. El problema es que ese material ya no se traduce en lo que antes se traducía sin esfuerzo: cuota de pantalla por encima de la media y un hueco fijo en portada. Cuando el ruido deja de convertirse en negocio, lo que queda no es polémica: es un síntoma. Y ese síntoma, esta semana, tiene nombre y apellidos.
