La espera se alargó casi una hora y acabó en un coche de alta gama, un cordón de seguridad en círculos y un grito colectivo frente al hotel María Cristina, en el centro de San Sebastián. Brad Pitt bajó del vehículo este lunes acompañado de su novia, Inés de Ramón, recorrió el vallado entero y se quedó veinte minutos saludando, firmando fotografías y haciéndose selfis con todo el que alcanzaba a estirar el brazo.
Te recomendamos

Un año después, Irene Rosales y su pareja revelan el día exacto en el que su amistad se convirtió en algo más, y el sitio donde pasó

Isabel Pantoja prepara otra gira por España que no prolonga la del 50 aniversario, y el adelanto llega antes de que termine su cuenta atrás de quince días

Shakira escoge a Daniella Bustamante y a su madre para la caminata con la que arranca su segundo concierto de los doce de Madrid

Paz Padilla lleva del brazo a su hija Anna Ferrer hasta el altar en El Palmar y protagoniza el momento más emotivo de su boda con su ya marido, Mario Cristóbal

Veinte minutos de valla, selfis y bromas con los niños
Desde primera hora de la mañana había una legión de fans agolpada junto a la puerta del hotel. La seguridad fue anticipando el aterrizaje con un despliegue cada vez mayor y acabó acordonando el hall. Se le esperaba en torno a las 12:15, pero pasada casi una hora todavía no había ni rastro de Brad Pitt, y la multitud estiraba la cabeza cada vez que asomaba un coche por la esquina. Cuando por fin apareció el vehículo, la seguridad se desplegó en círculos, sonaron gritos enfervorecidos y casi histéricos, se abrió una puerta y Brad Pitt estaba en la ciudad.

A partir de ahí la escena fue de las que no se pueden ensayar. Brad Pitt saludaba y repartía besos mientras Inés de Ramón, toda discreción, se escabullía deslizándose hacia la escalinata del hotel. Ahí se quedó él: recorrió todo el camino vallado sin dejar de saludar, hacerse selfis y firmar fotografías, y hasta se paró a bromear con niños que no entendían a qué se debía tanto fervor de sus padres. Así hasta veinte minutos, los dos rivalizando antes por mostrar la mejor de sus sonrisas. Una superestrella de 62 años relajada y en su versión más amable.
Tres pistas reservadas para un avión privado

Que nadie supiera la hora exacta tenía su motivo, y es el detalle que explica la mañana entera de plantón. Ni la prensa desplazada a la ciudad sabía a qué aeropuerto iba a llegar Brad Pitt: había tres pistas reservadas para un avión privado, una en Bilbao, otra en San Sebastián —que está en Hondarribia— y una más en Biarritz. Se llegó a decir, además, que para despistar se habían enviado chóferes a los tres aeródromos. De los tres solo hacía falta uno, pero hasta el último minuto no se supo cuál.
El María Cristina es estos días el centro de reunión de las estrellas nacionales e internacionales que pasan por el festival, y el revuelo se notó también dentro. La actriz Carmen Machi, Premio Nacional de Cinematografía en esta edición, se asomó desde la azotea del hotel para cazar el porte del actor. Mientras tanto, otros aprovecharon el barullo en la puerta principal para lo contrario: Miguel Ángel Silvestre y Blanca Suárez salieron discretamente por otra puerta, sin riesgo de que nadie los parase.
A qué ha venido: presenta película el miércoles
El motivo del viaje es una película. Brad Pitt presenta este miércoles ‘El corazón de la bestia’, dirigida por David Ayer, en el Festival de Cine de San Sebastián, que la programa con su título original, ‘Heart of the Beast’. La llegada de este lunes, por tanto, es solo la antesala: le quedan dos días de ciudad antes de la presentación, y el baño de masas de la puerta del hotel deja claro cómo va a ser el recorrido hasta entonces.
El certamen ya está en marcha con su agenda a pleno rendimiento, pero la mañana se la llevó entera la puerta del María Cristina. Cuatro décadas de carrera siguen teniendo ese efecto: la fila de gente que aguantó de pie desde primera hora para verlo bajar de un coche no se formó por la película que viene a presentar.
La otra vez que pisó la ciudad, con Tarantino

No es su primera vez aquí. El actor ya conocía la ciudad y el carácter del festival, porque estuvo en 2009 presentando ‘Malditos Bastardos’, de Quentin Tarantino. Aquella estancia dio para bastante más que una alfombra: cenó en Arzak, acudió a la fiesta de los productores en la discoteca Bataplán y aprovechó el final del viaje para pasear hasta el Peine del Viento y contemplar las esculturas de Eduardo Chillida frente al Cantábrico, bajo una lluvia intensa.
Después se montó en un coche para visitar Hernani y pasar un par de horas en Chillida Leku, un museo que ya conocía por libros de arte, donde hizo el recorrido por los jardines acompañado de Ignacio Chillida. También entró en el caserío Zabalaga y en su biblioteca, y dejó su impronta en el libro de visitas con un sencillo «many thanks». Entonces vino solo; ahora lo hace con la novia con la que hizo oficial su relación en público. Diecisiete años después de aquel viaje vuelve al mismo sitio, y su presencia en el certamen de este año ya estaba anunciada desde agosto, cuando se confirmó que traería la película de David Ayer.
