Ernesto de Hannover lo ha vuelto a hacer. El aristócrata, conocido por su temperamento volcánico y sus desencuentros con la prensa, ha protagonizado un momento surrealista en plena calle que ya es carne de meme. Lo que empezó como un intento de saludo amable por parte de un reportero de Europa Press terminó con insultos en inglés, gritos de pánico y una huida desesperada para salvar el equipo de trabajo.
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La escena, captada hace pocas horas, parece sacada de una comedia de enredos si no fuera por la tensión real del momento. El reportero, con un optimismo digno de estudio, se dirigió a Hannover con un campechano: «¿Qué tal corazón?, happy?». La respuesta, sin embargo, no fue precisamente una sonrisa de portada de revista. Ernesto, con «caras de pocos amigos», fulminó al periodista con la mirada y le profirió un insulto en inglés que hizo que el reportero se sobresaltara y soltara un grito de pura sorpresa.
«How are you?»: La pregunta que desató la furia bávara
A pesar del primer impacto, el profesional de Europa Press decidió que el espectáculo debía continuar y prosiguió con su trabajo mientras el aristócrata se disponía a entrar en un portal. Al lanzarle un educado «how are you?», Hannover, lejos de amansarse, repitió el mismo insulto anterior. Pero el verdadero clímax llegó cuando el periodista mentó a Claudia, la actual pareja del príncipe.
En ese instante, un Ernesto totalmente encolerizado se olvidó de las llaves del portal y se abalanzó sobre el micrófono del reportero con la clara intención de arrebatárselo. La reacción del periodista ha pasado directamente a la historia de los momentos más divertidos de la crónica social: salió huyendo despavorido al grito de «¡Ay no no no no, mi micro!», mientras ponía pies en polvorosa para poner a salvo su herramienta de trabajo del alcance de las garras de Hannover.
Un historial de «amistad» con la prensa
Este nuevo episodio no hace más que engordar la leyenda negra de Ernesto de Hannover y su nula paciencia con los medios de comunicación. Una vez más, el príncipe ha demostrado que no está para «corazones» ni para preguntas sobre su felicidad, dejando claro que su relación con la prensa sigue siendo, cuanto menos, explosiva.
