Los números son tozudos y, en el caso de Alejandra Rubio, demoledores. El director de la revista Lecturas, Luis Pliego, ha destapado en televisión las discretísimas cifras de ventas de la primera novela de la colaboradora, Si decido arriesgarme, un dato que deja en muy mal lugar la faceta literaria de la hija de Terelu Campos. Según reveló, el libro apenas ha despachado 487 ejemplares en su segundo mes en las librerías y, a día de hoy, ni siquiera habría cubierto gastos.
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487 ejemplares en el segundo mes: los números de un batacazo
Pliego puso cifras concretas sobre la mesa en el programa El verano se mueve, de Telecinco. Si en su primer mes en el mercado la novela vendió 1.277 ejemplares, en el segundo la cifra se desplomó hasta los 487, lo que arroja un total de apenas 1.764 libros en dos meses de recorrido en las estanterías. Unos registros que, para un lanzamiento con semejante despliegue promocional y con la presencia televisiva constante de su autora, resultan sencillamente sonrojantes y difíciles de maquillar. La novela, que llegó a las librerías esta primavera arropada por una intensa campaña en los platós en los que colabora la joven, arrancó con un tímido empujón inicial que se ha ido apagando semana a semana hasta tocar fondo en este segundo mes.
El director de Lecturas no se anduvo con rodeos a la hora de dimensionar el fiasco. «Fuentes del sector editorial me dicen que no han cubierto gastos», aseguró, antes de rematar con una comparación tan gráfica como demoledora: «Vende más la hoja parroquial de cualquier iglesia». Una frase que, más allá de la crudeza, resume el varapalo que supone para la joven ver cómo su estreno como escritora se salda con un resultado tan discreto pese a todo el ruido mediático que lo acompañó.
La comparación demoledora con Preysler y Mar Flores
Para calibrar la magnitud del tropiezo, el periodista lo puso en contexto con otros nombres del papel cuché que también se han pasado a la literatura con notable éxito. «Isabel Preysler vendió en una semana 11.000 ejemplares de su libro», recordó, mientras que «Mar Flores ha vendido en un mes 5.000, que son bastante más que los que lleva Alejandra en dos meses». La distancia, en efecto, es abismal: lo que a otras figuras del corazón les ha costado apenas unos días, a la colaboradora le ha llevado semanas sin acercarse siquiera de lejos a esos registros.

El propio Pliego se atrevió incluso a echar cuentas de lo que la operación ha podido dejar en el bolsillo de la autora. Teniendo en cuenta que los escritores suelen percibir entre un 8 y un 10% de las ventas, calculó que Alejandra Rubio habría ingresado alrededor de 2.000 euros brutos durante el primer mes. Una cantidad prácticamente testimonial para un proyecto del que se habló largo y tendido en cada plató en el que la joven pone un pie, y que se vendió como uno de sus grandes saltos profesionales.
Un tropiezo para el clan más presente —y cuestionado— de la tele
El dato llega, además, en un momento especialmente delicado para la saga. Alejandra Rubio, hija de Terelu Campos y nieta de la inolvidable María Teresa Campos, es uno de los rostros más omnipresentes de la parrilla, con presencia constante en los programas de corazón pese a las críticas recurrentes sobre lo que el clan aporta realmente a la televisión. Que su gran apuesta literaria se salde con estas cifras alimenta, precisamente, ese debate de fondo sobre el peso real de un apellido que copa platós pero que no siempre se traduce en un respaldo equivalente por parte del público.
Habrá que ver si la propia interesada o su entorno reaccionan a unos números que, por su crudeza, difícilmente pasarán desapercibidos en los mentideros del corazón. De momento, el varapalo editorial se suma a una temporada cuesta arriba para la familia, entre los flojos datos de audiencia de los espacios en los que participan y una sobreexposición mediática que, lejos de amainar, no deja de crecer. Los números, esta vez, han hablado por sí solos, y no precisamente a favor de la nieta de la reina de las mañanas. Queda por ver si el fiasco frena la faceta literaria de la joven o si, pese a todo, decide arriesgarse —nunca mejor dicho— con una segunda entrega.
