La polémica colaboradora Ylenia Padilla ha anunciado su retirada definitiva de los medios y de Instagram tras años de conflictos judiciales y mediáticos. En un comunicado cargado de reproches hacia figuras como Jedet o Amor Romeira, la de Benidorm confirma que su salud mental ha colapsado ante la presión de la industria.
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Ylenia Padilla, el volcán que un día fue el centro gravitacional de los realities en España, ha decidido apagar (de nuevo) los focos de manera abrupta. Lo hace no por un final de ciclo natural, sino como una huida hacia adelante provocada por el desgaste de un personaje que, en los últimos tiempos, se ha visto envuelto en acusaciones de odio por «transfobia» en reiteradas ocasiones y una deriva pública que ha terminado por pasarle factura en los tribunales y en su propia estabilidad emocional.
El punto de no retorno tras un lustro de sombras
El silencio no ha sido una opción para una mujer que siempre ha hecho de la palabra su arma más afilada, aunque esta vez el filo parece haberse vuelto contra ella. La colaboradora ha revelado que la situación actual no es un evento aislado, sino la culminación de un proceso de erosión que comenzó hace media década. Según ha manifestado la propia protagonista, lleva cinco años inmersa en un proceso judicial, manteniéndose callada y soportando lo que ella denomina como mentiras de la parte contraria. Este escenario ha terminado por afectar su vida personal, laboral y su salud de una forma que ella describe como irreparable, sintiéndose estigmatizada y deshumanizada por las etiquetas que el medio le ha impuesto.
La realidad que describe la de Benidorm dista mucho de la imagen de invulnerabilidad que proyectaba en sus intervenciones en directo. Lejos de las luces de los platós, la presión de los juzgados y el escrutinio constante han configurado un entorno del que ahora necesita escapar a toda costa. Padilla sostiene que se ha fabricado una versión engañosa de su persona y que la narrativa mediática ha reeditado la realidad para fustigarla constantemente, una situación que, asegura, ya no puede pretender que siga soportando.
El choque frontal con Jedet y Amor Romeira
El comunicado, lejos de ser una despedida pacífica, ha servido para reactivar frentes abiertos con otras personalidades del mundo del espectáculo. Ylenia ha querido puntualizar las declaraciones recientes de la actriz Jedet, recordando que ella ya pidió perdón en el pasado por si sus palabras se habían generalizado erróneamente. Según su testimonio, sus ataques originales solo iban dirigidos a los usuarios y medios que la acosaban de forma continuada con calificativos como enferma, adicta o fascista. La colaboradora denuncia que sus disculpas se han borrado del relato oficial para seguir alimentando la imagen de una mujer instalada en el ataque constante.
La tensión también se ha hecho extensible a Amor Romeira, a quien acusa directamente de tergiversar sus palabras para hacer creer que existe un ataque sistemático contra la identidad sexual de un colectivo. La protagonista niega estas acusaciones con rotundidad, tildando de misóginos a quienes, según su visión, viven de la subvención a costa de polemizar con su figura. En su defensa, recalca que cuando se refirió a ciertas personas en el pasado, lo hizo desde el agradecimiento y sin utilizar terminología masculina de forma ofensiva, insistiendo en que todo lo anterior sigue sin estar zanjado ni superado por las partes implicadas.
La rescisión de contrato y el apagón digital
La decisión más drástica y que afecta directamente a su futuro profesional es su salida inmediata del medio que le dio la fama. Ylenia ha confirmado que ha pedido rescindir su contrato en televisión que la mantenía unida al programa de Telecinco «De Viernes» como colaboradora de «Supervivientes«, una medida que busca proteger su salud, la cual se está resintiendo de nuevo. Es consciente de que para muchos esto puede interpretarse como una rendición ante las mentiras que denuncia, pero antepone su bienestar a cualquier otra consideración económica o de imagen. Para ella, simplemente no es posible soportar la misma historia una vez más, llegando a la conclusión de que lo mejor es dejar las redes y no volver a pisar un plató.
El adiós no se limita a la pequeña pantalla; su presencia en el ecosistema digital también tiene los días contados. A pesar de haber perdido en el pasado una cuenta con un millón de seguidores, la colaboradora afirma que las redes ya no le aportan nada positivo. Ha intentado desactivar su perfil de Instagram de forma inmediata, aunque las restricciones de la plataforma le obligan a esperar un plazo de siete días para que la desaparición sea efectiva. Este aislamiento voluntario es su respuesta final a lo que percibe como una persecución sistemática hacia las mujeres que, como ella, se ven expuestas y criticadas por no encajar en los cánones de comportamiento exigidos por la industria.

Interpretación de un retiro bajo sospecha
En el sector de los medios de comunicación, este movimiento se percibe con escepticismo y distancia. No es la primera vez que la colaboradora anuncia su retirada para regresar tiempo después, pero el tono de este último comunicado sugiere un agotamiento mucho más profundo y real. La industria ha cambiado y los comentarios que en otra época podían pasar por alto, hoy la sitúan en el ojo del huracán por su carácter ofensivo. El público, afortunadamente, cada vez menos tolerante con ciertas actitudes arcaicas, ha empujado al personaje hacia una esquina de la que solo parece poder salir abandonando la partida. Ella se lo ha buscado
La salud es, según Ylenia, el primer y único motivo real de este apagón. Con la mente puesta en encontrar la tranquilidad que el medio le ha arrebatado, se despide agradeciendo el apoyo recibido, pero dejando claro que la película que ha protagonizado durante años ya no tendrá más secuelas. El futuro de la de Benidorm es ahora una incógnita que se resolverá lejos de los micrófonos y las cámaras que un día la convirtieron en la «reina del tiki-tiki», una corona que hoy parece pesarle demasiado y que ha cambiado por otra corona mucho más seria: la de la intolerancia.
