La trayectoria vital del coreógrafo granadino experimenta un giro radical de ciento ochenta grados tras salir totalmente victorioso de sus antiguos y mediáticos líos legales con la justicia. Rafael Amargo regresa por la puerta grande a los escenarios de la capital con una propuesta artística renovada y un cambio físico evidente, mientras tramita una importante reclamación económica contra la administración pública. El artista debutará a finales del mes de julio en el madrileño Teatro Calderón al frente de Alá! iré, un montaje donde además de bailar asumirá el reto de cantar en directo arropado por un elenco musical seleccionado para la ocasión.
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El bailaor no oculta el resentimiento hacia el bando de conocidos que optó por dejarle de lado durante su estancia en el calabozo, pero se enfoca en la resolución favorable de su caso. El artista confirma que el Ejecutivo nacional ha reconocido formalmente la existencia de una grave anomalía institucional al decretar su privación de libertad bajo acusaciones falsas, por lo que se encuentra a la espera de percibir una cuantiosa indemnización por daños y perjuicios. Para afrontar la vuelta a las tablas en plenas facultades físicas, ha llevado a cabo una estricta rutina de cuidado corporal con la que ha perdido cerca de siete kilos de peso, estas medidas han servido para estabilizar su mente y su salud de cara a los ensayos generales.
La gran sorpresa de su nueva rutina es su matriculación en la carrera universitaria de Psicología a través de la UNED. Amargo presume de haber completado con éxito absoluto el último cuatrimestre del curso, aprobando la totalidad de las materias y demostrando una gran constancia en las aulas virtuales. Esta declaración de intenciones formativa coincide con un blindaje familiar absoluto, donde su esposa Luciana ha jugado un rol indispensable para evitar el aislamiento que amenazaba su entorno tras el desprecio de muchos de sus antiguos colaboradores del sector.
La ruina financiera y el pilar de la supervivencia familiar
La dureza del ingreso en prisión provocó una profunda desolación en sus hijos, quienes según las propias declaraciones del coreógrafo vivieron el proceso con «rabia y coraje» pero manteniéndose firmes a su lado de forma incondicional. Sin embargo, la figura clave en la supervivencia del artista ha sido su progenitor, a quien define como la persona más importante de su existencia. «Si no hubiera estado conmigo en los momentos más duros, me habría muerto», confiesa de manera cruda y rotunda ante la prensa al repasar los peores pasajes de su encierro.

El bache judicial ha dejado las cuentas bancarias del andaluz totalmente exhaustas, hasta el punto de depender de la asignación de su padre para cubrir sus necesidades básicas y costear la preproducción de su vuelta a la escena pública. El espectáculo del Teatro Calderón se presenta como la última carta para revertir su delicada situación económica, planteando un diseño escénico fragmentado y de tintes marcadamente autobiográficos donde se intercalan coreografías que transmiten el dolor del encierro con piezas festivas que celebran su renacimiento profesional.
