Nagore Robles ha abierto sus historias de Instagram con las facturas del agua en la mano y un número que, sostiene, no le cuadra por ningún lado: recibos que han llegado a superar los 1.300 euros y unos gráficos de consumo que le atribuyen picos de 8.500 litros diarios en su vivienda. «No trabajo en un aquapark», resume la colaboradora, que asegura llevar meses seguidos pagando esos importes para no quedarse sin suministro mientras intenta que alguien le explique de dónde sale semejante caudal.
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Recibos de 1.300 euros y un caudal que dice no haber gastado
Nagore Robles ha contado su caso en sus stories, enseñando a cámara los papeles y los gráficos mensuales que, mes tras mes, le devuelven la misma imagen: una barra disparada que no reconoce como propia. Los importes que ha ido abonando han llegado a superar los 1.300 euros, una cantidad que asegura no poder soportar y que aun así paga. La cifra aparece en las tres crónicas que han recogido su desahogo, con matices entre ellas: Telecinco habla de facturas «superiores a 1.300 euros» y La Razón escribe que algunas de esas cuantías han superado esa cifra, mientras que 20minutos sitúa esa cantidad como techo, «hasta 1.300 euros». El dato que la ha hecho estallar es el otro, el del volumen: los gráficos le adjudican picos de 8.500 litros de agua al día en una vivienda particular. «No trabajo en un aquapark. No hay un grifo ni una manguera lo suficientemente ancha como para soportar ese caudal de agua desde mi casa…», lamenta.

Ella lo plantea como un problema de física antes que de dinero: sostiene que ninguna instalación doméstica de su casa podría mover semejante volumen y que lo facturado no se corresponde con lo que consume. Sobre la amenaza que pesa encima, cada medio lo cuenta con distinta intensidad: Telecinco apunta que afronta esos pagos precisamente para evitar el corte del servicio y La Razón va un paso más allá y habla directamente de que le amenazan con cortarle el suministro si no abona lo que le reclaman. Todo ello en pleno agosto, con las olas de calor apretando y el agua convertida, según su relato, en una pesadilla que se repite cada vez que llega la carta con el detalle del gasto.
La oficina, el teléfono y la vuelta a la oficina
El recorrido administrativo es el segundo eje de la queja de Nagore Robles. Acudió presencialmente al punto de atención comercial del Canal de Isabel II en el centro de Madrid, dejó abierta allí una reclamación y después volvió a llamar al servicio de atención al cliente, sin que ninguna de las dos vías le haya devuelto de momento una solución. Lo que ocurrió en esas gestiones lo relató ella misma, sin intermediarios: «Fui a la oficina del Canal de Isabel II, le expliqué esto a una chica. Flipó. Le dije que estoy desesperada, que ya llevo muchos meses seguidos pagando unas facturas enormes que no puedo soportar. Se hizo una reclamación. Ahora he vuelto a llamar y me han pasado con atención al cliente. Ahí me han dicho que no pueden hacer nada y que tengo que volver a la oficina. Es el cuento de nunca acabar. Estoy desesperada, de verdad».
Entre aquella primera visita al mostrador y esta última llamada han quedado meses de papeleo, esperas y trámites que, según denuncia, no han movido su recibo ni un euro. La reclamación se registra en la oficina, el teléfono la remite de vuelta al mostrador y el mostrador la devuelve al principio del proceso, un bucle que ha terminado por agotar su paciencia. Mientras tanto los importes siguen llegando con el mismo consumo disparado y ella los sigue pagando, atrapada entre la factura que considera imposible y el temor a quedarse sin agua en su propia casa.
El caso salta del móvil al plató de la mano de Ion Aramendi
El desahogo pasó de la pantalla del teléfono a la de la televisión el mismo día. Ion Aramendi introdujo el asunto en El verano se mueve: «Nagore Robles está viviendo un infierno, pero un infierno muy concreto […] Está ahogada». El material que llegó al programa era exactamente el que ella había publicado unas horas antes en su perfil oficial: los recibos delante de la cámara, el gráfico de consumo abierto y la enumeración de todo lo que ha intentado por su cuenta antes de hacerlo público.
Y hay un motivo que va más allá de su propio bolsillo para sacarlo a las redes. Al contar el caso, la colaboradora se pregunta en voz alta cuántas familias estarán recibiendo facturas igual de desorbitadas sin poder abonarlas y sin ningún altavoz desde el que reclamar. Ella misma admite haber buscado consuelo y consejo entre sus seguidores después de que las vías formales —el mostrador, el teléfono, la reclamación registrada— la devolvieran cada vez al punto de partida. A día de hoy sigue pagando cada mes un consumo que dice no haber gastado, sin haber recibido una explicación de esos 8.500 litros diarios.
Un verano muy distinto para una de las caras más vistas de la temporada
El episodio irrumpe en un agosto tranquilo para una televisiva que venía de una primavera intensísima. Su concurso en Supervivientes 2026 la tuvo mes y medio en Honduras, desde aquel salto del helicóptero con el que entró como concursante oficial con la edición ya empezada hasta el rifirrafe con Jorge Javier Vázquez que estalló en pleno directo cuando el presentador le ajustó las cuentas por lo del «pequeño dictador». Aquella etapa se cerró en mayo con una expulsión que nadie en la palapa esperaba, la noche en la que se despidió entre lágrimas ante Sandra Barneda. La última vez que su nombre había saltado a los titulares fue el pasado 2 de agosto, cuando Jordi González respondió en la SER a ella y a Boris Izaguirre.
Lo que enseña ahora a cámara no es una playa de Honduras ni un plató, sino un papel con un número de cuatro cifras y un gráfico que insiste en marcar 8.500 litros al día. Y la única respuesta que dice haber obtenido, después de meses de gestiones, visitas y llamadas, es que vuelva a la oficina por donde empezó.
