El universo de los estilistas de plató vuelve a saltar por los aires de la forma más cruda. Natalia Ferviú ha decidido romper una lanza en favor de su salud mental y ajustar las cuentas pendientes con su pasado televisivo, señalando directamente a Pelayo Díaz por el calvario que padeció tras las cámaras. Años después de su sonada y volcánica salida en directo del formato de moda que los encumbró a ambos en la pequeña pantalla, la asesora de imagen ha aireado los trapos sucios de aquella convivencia profesional, sentenciando el comportamiento de su antiguo aliado sin andarse con rodeos.
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La estilista de raza no ha tenido reparos en calificar de insostenible la atmósfera que se respiraba en las tripas del programa por culpa de las maniobras de su entorno. Al ser interrogada por la relación que mantenía con el asturiano y el resto del equipo, la tinerfeña se ha mostrado tajante al valorar el bando en el que jugaban sus supuestos aliados. «Claro, yo creo que no fueron buenos compañeros, no», ha disparado con una soltura elegante pero letal, resumiendo de un plumazo un malestar cronificado debido a las dinámicas corporativas dañinas que se cocinaban a sus espaldas.
A pesar de querer mantener la elegancia y no desglosar minuciosamente cada puñalada en el plano personal, la canaria reconoce que el daño interno fue devastador. El acoso y derribo emocional terminó por desarmar su resistencia en mitad de una emisión en directo que ya forma parte de la historia de la televisión patria. «El hecho de que me fuera en directo hecha polvo, llorando, incluso diciéndoles ‘os vais a tomar por culo’, o sea, hay que estar muy rotita por dentro para llegar a ese punto», ha rememorado con un ritmo seco, desnudando la frustración extrema que la empujó a patear el tablero y mandar a paseo el negocio del espectáculo.
Una frontera ética frente a los que hacen lo que sea por la pantalla

El desgarrador testimonio de la canaria va mucho más allá de una simple rabieta entre profesionales de la moda. Natalia Ferviú dibuja un retrato descarnado de la ambición desmedida que impera en la televisión comercial, marcando distancias insalvables con el bando de los que instrumentalizan el enfrentamiento diario para amarrar la silla y cotizar en los audímetros. Para la tinerfeña, el peaje de la exposición pública y la crispación consentida es un negocio ruinoso para cualquier mente sensible.
«Hay gente que hace lo que sea por estar, y hay gente que se mueve plácidamente en el conflicto, yo no, yo lo paso mal, soy sensible y no me compensa», ha reflexionado con un colmillo afilado, lanzando un dardo envenenado hacia los perfiles que medran en mitad de las broncas de plató. La asesora exige transparencia y lealtad absoluta en su entorno, estableciendo un veto insalvable contra las puñaladas traperas en la profesión. «A mí, pues yo qué sé, me gustan las cosas claras, no me gusta que me traicionen, no me gusta, no sé, no todo vale, no todo vale», ha zanjado con firmeza, dejando claro que su salud no está en venta.
