El que fuera uno de los rostros más carismáticos de la pantalla pequeña rompe de manera drástica con su pasado en los platós nacionales para reorientar su futuro laboral lejos de los focos. Marc Calderó, conocido por su etapa al frente de formatos en Telecinco y TVE, ha hecho oficial su mudanza definitiva al Reino Unido para ejercer una labor estrictamente institucional, confirmando los rumores sobre su progresivo distanciamiento de los medios de comunicación en España.
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El periodista catalán, que alcanzó la popularidad masiva como presentador sustituto en Ya es mediodía, ejecutó a principios de año un cambio de rumbo radical junto a su pareja, Unai, al trasladar su residencia habitual a la capital británica. El motivo de este exilio voluntario se ha desvelado a través de sus redes sociales, donde ha anunciado su incorporación inmediata como Communications Manager de la Spanish Chamber of Commerce in the United Kingdom. Esta nueva ocupación corporativa le aleja de la crónica social para centrar sus esfuerzos en la gestión de estrategias de comunicación con grandes empresas y la Embajada de España.

Ante el revuelo generado entre sus seguidores por este giro laboral, el propio implicado ha querido aclarar su postura respecto a un posible veto definitivo al medio que le dio la fama. El presentador admite que esta mudanza no es fruto de una rabieta improvisada, sino de una meditada declaración de intenciones que le ha llevado a rechazar jugosas propuestas televisivas en los últimos meses para dar prioridad a su faceta institucional. «La verdad es que nunca sabemos lo que nos depara la vida», afirma de manera ambigua, dejando una puerta abierta al retorno, aunque dejando claro que su prioridad absoluta ahora mismo pasa por consolidar su influencia en los despachos londinenses.
La incomodidad derivada de la sobreexposición pública parece haber sido un factor determinante en su marcha. En intervenciones previas, Calderó ya había manifestado el fuerte choque que suponía gestionar el cariño de la audiencia de la calle con la pérdida total de su intimidad en el ámbito privado, un peaje habitual de la pequeña pantalla que ahora subsana bajo el paraguas de una entidad diplomática de perfil técnico.
Una trayectoria de cambios y apuestas arriesgadas
La carrera del periodista de 37 años se ha caracterizado siempre por la búsqueda constante de nuevos horizontes, huyendo del encasillamiento que sufren otros profesionales del sector. Tras formarse en la Universidad Ramón Llull y foguearse en las televisiones locales de Cataluña, su gran salto al circuito nacional se produjo al incorporarse a los equipos de informativos de Mediaset, realizando coberturas de peso para las redacciones de Cuatro y el canal principal del grupo.
Su soltura ante el micrófono propició que la dirección del grupo audiovisual le encomendara las labores de copresentador en las mañanas de Fuencarral, asumiendo el bando principal del magacín diario durante los periodos vacacionales. Aquella etapa de máxima exposición terminó de forma abrupta en el año 2022, cuando decidió romper su vinculación contractual con el grupo privado para enrolarse en las filas de la televisión pública, buscando un modelo de periodismo más reposado y acorde a sus aspiraciones corporativas.
En el ente público maduró su perfil lidiando con formatos de gran complejidad técnica como Hablando claro o el debate del exigente concurso de aventuras El Conquistador. Sin embargo, el punto álgido de su experiencia en la corporación pública llegó de la mano de la conducción de las galas del Benidorm Fest, una cita musical de dimensiones gigantescas que el propio presentador catalogó en su momento como el reto más imponente y satisfactorio de toda su andadura profesional en la televisión generalista debido al enorme volumen de audiencia y la gran repercusión social del evento. Toda esa veteranía acumulada ante las cámaras se traslada ahora al entorno institucional de la Cámara de Comercio en Londres, donde asume la tarea de capitanear las relaciones con los corresponsales de los medios informativos extranjeros.
