Hay confesiones que desarman incluso al entrevistador más curtido, y la que dejó Hiba Abouk frente a Jesús Calleja pertenece a esa categoría. La actriz madrileña se sentó en Universo Calleja dispuesta a hablar sin corazas y terminó abriendo la puerta de una infancia atravesada por el alcoholismo de su padre, un capítulo íntimo que rara vez había verbalizado y que explica buena parte de la mujer resiliente que es hoy. «Era alcohólico», soltó sin rodeos, en un relato que dejó al aventurero visiblemente conmovido: «Me estoy quedando petrificado», acertó a responder él, incapaz de disimular el impacto de lo que estaba escuchando.
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Del dinero fácil a la ruina: el retrato de un padre que se perdió por el camino
La intérprete reconstruyó el ascenso y la caída de su progenitor con una honestidad casi quirúrgica. «Mi padre era bróker. Venía de una familia muy humilde, pero era un tipo muy inteligente y supo hacer dinero. Hizo dinero y se arruinó. Era alcohólico», resumió la actriz, dibujando en apenas unas frases una trayectoria de esplendor y desplome que marcó a toda la familia. En su testimonio, la capital tuvo un papel casi de personaje: «Madrid lo atrapó», deslizó, apuntando a un entorno de excesos que fue engullendo poco a poco a un hombre brillante hasta dejarlo irreconocible. La adicción, insistió, no golpea a una sola persona, sino que se lleva por delante todo lo que la rodea: «Eso destroza en muchos aspectos a una familia».
La protagonista de El Príncipe no ocultó que aquella etapa dejó cicatrices profundas y recuerdos que todavía hoy prefiere manejar con cuidado. «Tengo recuerdos complicados de esa época», admitió, antes de describir uno de los mecanismos de supervivencia más dolorosos de la infancia: la evasión. «Me olvidaba de absolutamente todo», confesó, aludiendo a esa capacidad de los niños para levantar un muro protector frente a lo que no pueden controlar. Sus palabras dejaron entrever el peso que arrastró durante años una menor obligada a crecer deprisa, en un hogar donde la estabilidad brillaba por su ausencia y donde el futuro se antojaba tan incierto como la próxima recaída.
Un año sin beber y una reconciliación que llegó con el tiempo

Pese a la crudeza del relato, la actriz reservó un giro luminoso para el final, una nota de esperanza que suavizó el drama: su padre lleva un año sin probar el alcohol. El dato, lejos de ser un detalle menor, se convirtió en el verdadero corazón de la confesión, la prueba de que ni las historias más sombrías están condenadas a un desenlace trágico. La sobriedad reciente del progenitor ha permitido a la intérprete mirar atrás desde otra perspectiva, sin rencor y con la serenidad de quien ha hecho las paces con su pasado. No es la primera vez que la madrileña alude a una relación familiar tortuosa —ya había contado en otras ocasiones que estuvo años sin apenas hablarse con sus padres, primero por su empeño en dedicarse a la interpretación frente a quienes la querían médica—, pero nunca antes había puesto nombre con tanta claridad a la raíz de aquel distanciamiento.
Nacida en Madrid en el seno de una familia de raíces tunecinas y libias, la actriz se marchó de casa siendo muy joven, cargó sus pertenencias en cajas y construyó una carrera a base de tesón hasta convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la ficción española. Ese carácter batallador, forjado en la adversidad doméstica, es el mismo que ha exhibido en los últimos tiempos al rehacer su vida en la capital junto a sus hijos tras su mediática separación del futbolista Achraf Hakimi, un proceso del que también ha hablado con una franqueza inusual. La suya es, en el fondo, una historia de supervivencia: la de una niña que aprendió a olvidar para no romperse y la de una mujer que, ya adulta, ha decidido recordar en voz alta para cerrar heridas.
La cara más humana de un formato que busca la emoción verdadera

El testimonio encaja de lleno en el espíritu de Universo Calleja, el espacio en el que el presentador leonés saca a sus invitados de su zona de confort para conversar desde la autenticidad, lejos del maquillaje promocional. La reacción del propio conductor, sobrecogido ante la naturalidad con la que la actriz desnudaba su pasado, se convirtió en uno de los momentos más comentados del episodio y en la mejor prueba de que la confesión brotó sin guion. En un panorama televisivo saturado de titulares fabricados, la sinceridad de la intérprete al hablar de la enfermedad de su padre, del dinero que se esfumó y del año de abstinencia que hoy sostiene la reconciliación resuena con una fuerza distinta. Porque detrás de la estrella que enamoró en la pequeña pantalla late una historia familiar tan dura como universal, la de tantas casas que un día se rompieron y que, con paciencia, aún encuentran la manera de recomponerse.
