Los estadios de fútbol que se ven llenos en una miniserie brasileña de Netflix no lo estaban. El público que ruge en las gradas no existe: lo generó una Inteligencia Artificial. Y en un documental sobre la historia de Estados Unidos hay diecisiete minutos de batallas y planos generales que tampoco se rodaron como se rodaba antes. La plataforma acaba de reconocerlo oficialmente y con cifras: ha utilizado IA generativa en 300 producciones.
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El anuncio no llegó en un festival ni en una entrevista, sino donde se dicen las cosas que importan de verdad en esta industria: en la presentación de resultados financieros del segundo trimestre de 2026, la misma en la que la compañía certificó unos ingresos de 12.560 millones de dólares. Y el dato que ha acabado dominando la conversación no ha sido el de los suscriptores, sino el de la forma de trabajar. Netflix ya no experimenta con la inteligencia artificial: la ha incorporado a su motor de producción.
«El doble de rápido y a mitad de coste»
La compañía lo ha explicado sin rodeos en declaraciones recogidas por The Verge: «Estamos aprovechando cada vez más estas herramientas para ofrecer resultados de mayor calidad con más rapidez y a un menor coste que los métodos tradicionales». El objetivo declarado es exactamente ese: trabajar el doble de rápido gastando la mitad. Y no se trata de un departamento concreto ni de un retoque final, sino de toda la cadena, desde los primeros conceptos y la previsualización hasta la posproducción y el estreno.
Lo relevante aquí no es que una plataforma use inteligencia artificial —eso lleva tiempo ocurriendo en toda la industria—, sino que una del tamaño de Netflix lo reconozca abiertamente en cientos de títulos y, además, lo presente como una ventaja competitiva ante sus inversores. Hasta ahora, el uso de estas herramientas se admitía a media voz o se negaba directamente. Esta vez viene con número, con ejemplos y con nombres propios.
Los títulos donde ya la has visto sin saberlo

La plataforma ha puesto tres ejemplos concretos sobre la mesa. El documental ‘The American Experiment‘ incluye diecisiete minutos de metraje optimizado para recrear batallas y planos generales. El thriller deportivo indio ‘Glory‘ también ha recurrido a estas herramientas. Y en la miniserie brasileña ‘Brasil 70: A Saga do Tri‘ se llenaron estadios de fútbol con público digital generado por ordenador, que es el ejemplo más gráfico de todos: multitudes que aplauden sin haber existido nunca.
El argumento de la compañía es que sin esa tecnología muchas de esas escenas sencillamente no se habrían rodado, porque no había presupuesto para ellas. Lo defendió su codirector ejecutivo, Ted Sarandos, que quiso marcar distancias con la idea de una industria sin personas: «Creemos que se necesitan buenos artistas para hacer algo grande y la IA no va a cambiar eso». Las películas, viene a decir, las siguen haciendo quienes hacen películas; la máquina solo les da herramientas mejores.
La frase que abre el debate de verdad

Hay una declaración de Sarandos que merece leerse dos veces, porque contiene la contradicción de todo el asunto: «No creo que lo más rápido y barato importe si no es, además, mejor». Es una frase defensiva y honesta a la vez. Reconoce que la velocidad y el ahorro, por sí solos, no valen nada, pero llega justo después de anunciar a los inversores que se busca precisamente eso: la mitad de coste y el doble de velocidad. El equilibrio entre ambas cosas es, literalmente, el negocio.
Y queda la pregunta incómoda, que ya no es si la industria usará estas herramientas —eso está decidido— sino cuánto tardarán las demás plataformas en hacer el mismo anuncio, y qué pasará con los profesionales que hasta ahora rellenaban esos estadios, pintaban esos fondos y montaban esos planos. Por ahora, el espectador no percibe la diferencia, y para la compañía ese es el mejor aval posible: si nadie lo nota, nadie protesta. La conversación, sin embargo, no se va a cerrar con una presentación de resultados.
