La periodista Sonsoles Ónega ha roto su silencio en El Hormiguero sobre el duelo por su padre, Fernando Ónega, desvelando el conflicto ético que marcó su ausencia y su drástica decisión de abandonar el tabaco tras 33 años de adicción.
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La televisión tiene esa capacidad de desnudar el alma incluso en los formatos más festivos. Tras poco más de un mes desde que el periodismo español perdiera a una de sus plumas más insignes, Sonsoles Ónega regresó al plató de Pablo Motos no solo para promocionar su última novela, sino para realizar un ejercicio de honestidad brutal sobre la orfandad profesional y personal. La presentadora de Antena 3 admitió que la vida sin su progenitor es «mucho más triste», revelando que el vacío dejado por su consejero vital se manifiesta cada vez que se enfrenta a una decisión difícil frente a las cámaras.
El conflicto ético y la consulta que nunca ocurrió
Durante su intervención, la ganadora del Premio Planeta desveló un momento de especial vulnerabilidad mediática: el tratamiento informativo del caso de Noelia, la joven que solicitó la eutanasia. En ese instante, la inercia de Sonsoles fue buscar el teléfono para consultar a su padre, tal y como había hecho durante décadas. «Me creó un conflicto y eché mucho de menos tener a mi padre para aconsejarme», confesó emocionada.
Recordó que Fernando Ónega fue quien emitió la histórica entrevista de Sampedro, un precedente que le hacía preguntarse constantemente qué le habría dicho él en esta ocasión. Esa necesidad de imaginar respuestas ajenas es, según la propia periodista, una de las cargas más pesadas de su actual proceso de duelo.
La página 152: el último rastro de Fernando Ónega
La conexión emocional con su padre quedó sellada en su nueva obra, Llevará tu nombre. Sonsoles reveló un detalle que conmovió al público de El Hormiguero: su padre murió con el libro entre las manos, pero no pudo terminarlo. «Se quedó en la página 152 y lo marcó con una mascarilla de hospital. Lo tengo en casa», relató aguantando las lágrimas.
Este objeto se ha convertido en un tótem de su legado, una señal de interrupción que marca el final de una era para la saga de comunicadores.
La batalla contra los 120 días de abstinencia y ansiedad
Más allá del duelo, Sonsoles Ónega abordó con valentía y una pizca de humor su otra gran lucha: la desintoxicación del tabaco. La presentadora decidió dejar de fumar tras ver a su padre con graves dificultades respiratorias durante su ingreso hospitalario. Sin embargo, la victoria sobre la nicotina tiene un precio físico y mental.
«Llevo 120 días sin tabaco y he ganado siete kilos», confesó, admitiendo que se enfrenta a una «ansiedad terrorífica» cada mañana. Tras 33 años consumiendo hasta dos paquetes diarios, Sonsoles reconoce que el reto es especialmente duro en su faceta creativa. Siempre escribió con un cigarro en la mano y ahora el folio en blanco parece más árido que nunca. A pesar de los momentos de ansiedad y el cambio físico, la periodista asegura haber alcanzado un bienestar rápido, notando mejoras drásticas en la calidad de su piel y su cabello.
