Le pusieron sobre la mesa los tres nombres que llevan semanas sonando —Silvia Intxaurrondo, Javier Ruiz y Àngels Barceló— y José Miguel Contreras no se escondió detrás de un «no comento rumores». Hizo algo mucho más interesante: los repartió en tres cajones distintos con una sola frase, dejando a media industria haciendo cábalas. «De estos tres, hay uno que no va a estar seguro, hay otro que es posible y otro que yo espero que sí», respondió el impulsor de La Séptima, el nuevo canal de la TDT que llegará el próximo 5 de noviembre. Ni confirma ni desmiente, pero acaba de admitir en voz alta que dos de los tres siguen encima del tablero. Y dos de ellos son, ahora mismo, piezas clave de las mañanas de TVE.
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La frase que deja tocada la parrilla matinal de la pública
El detalle no es menor, y por eso su respuesta ha caído como una piedra en el estanque. Silvia Intxaurrondo está al frente de ‘La Hora de La 1‘, el programa que precisamente este lunes firmó un récord histórico con un 26,7% de cuota, y Javier Ruiz conduce ‘Mañaneros 360‘: los dos pilares con los que la cadena pública ha reconstruido su franja matinal y que hoy son de lo poco que le funciona sin discusión. En cuanto a Àngels Barceló, su nombre aparece vinculado al proyecto tras su etapa al frente de ‘Hoy por Hoy‘ en la Cadena Ser. Es decir, el nuevo canal no está mirando a las promesas: está mirando a los titulares indiscutibles de la competencia.
La incógnita, ahora, es quién es quién en esa clasificación de tres cajones. Contreras no lo aclaró, y probablemente ahí esté la gracia del asunto: ha conseguido que se hable de su cadena sin haber fichado —oficialmente— a nadie. El propio Javier Ruiz, por cierto, lleva semanas en el escaparate: ya se sabía que tenía sobre la mesa una oferta de este proyecto y que había aplazado su decisión hasta finales de julio. La respuesta de hoy no despeja esa incógnita. La alimenta.
Una cadena sin telediarios: «No tiene sentido esperar a las 15.00 o a las 20.00»
Más allá de los nombres, lo verdaderamente rupturista de la comparecencia está en el modelo. La Séptima no va a tener informativos convencionales. Ni a mediodía ni por la noche. Ninguno. El fundador de laSexta sostiene que ese formato pertenece al pasado en un contexto dominado por las redes sociales y el consumo inmediato de noticias, y lo explica sin florituras: «No tiene sentido esperar a las 15.00 o a las 20.00 a escuchar un informativo». Su apuesta es una cadena «permanentemente abierta y en directo», construida sobre programas de conversación y análisis más que sobre las tertulias de choque a las que la televisión española lleva una década enganchada. Reivindica una televisión de actualidad «más explicativa» y «más de contexto», alejada de la sucesión frenética de conexiones y broncas de plató.
El planteamiento es, como mínimo, valiente: renunciar al telediario es renunciar a la columna vertebral que sostiene la identidad de cualquier generalista desde que existe la televisión. Y hacerlo mientras se aspira a competir de tú a tú con Cuatro y laSexta —el objetivo declarado es alcanzar a medio plazo entre un 4% y un 5% de cuota— convierte el proyecto en el experimento más arriesgado que se ha visto en la TDT española en muchos años. Detrás hay una inversión inicial de entre 20 y 25 millones de euros y un accionariado vinculado a Prisa.
«No estamos aquí por ideología»: el intento de esquivar la etiqueta
Consciente de que el canal arrastra una etiqueta ideológica desde antes de emitir un solo minuto, Contreras quiso marcar distancias de forma explícita: «Nosotros no estamos aquí por ideología, sino para montar una industria y un grupo audiovisual potente de cara a los próximos años». Admite, eso sí, que la cadena tendrá un posicionamiento reconocible y que se dirigirá a un público con «ideas progresistas, de modernidad y de innovación», pero advierte de que atarse a posiciones partidistas sería un error para una televisión que aspira a crecer. Es una línea fina —hablar de un público ideológicamente definido mientras se niega el sesgo—, y él lo sabe.
Quedan menos de cuatro meses para el estreno y el guion está claro: promo lanzada, plató alquilado, inversión comprometida y una parrilla que se construirá sobre el directo, la actualidad y la conversación. Falta lo más caro y lo más difícil: las caras. Y ahí, de momento, todo lo que hay es una frase deliberadamente ambigua de un hombre que lleva treinta años sabiendo exactamente qué dice y por qué lo dice. Uno no estará. Otro, quizá. Y del tercero, ya veremos.
