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Televisión

Anatomía de… el control en TVE: el día que los Goya desafiaron la censura del Gobierno de Aznar

Pedro Serrano González
6 min 9

El programa Anatomía de…, emitido en laSexta, ha levantado las alfombras de uno de los periodos más oscuros e inclementes de TVE. Con el testimonio de los profesionales que vivieron el férreo control informativo de la televisión pública durante el mandato de José María Aznar, el espacio televisivo ha puesto nombres y apellidos a la rebelión interna de redactores y al histórico plante cinematográfico del «No a la guerra» en la gala de los Premios Goya de 2003. Aquella ceremonia no fue un simple evento cultural, sino el reflejo de un bando profesional enfrentado a las directrices de una dirección dispuesta a camuflar la realidad social del país.

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El año 2003 arrancó en España con una atmósfera social asfixiante. Al descontento generalizado por la gestión del desastre ecológico del Prestige en las costas gallegas y las secuelas laborales de una huelga general se le sumó el rechazo frontal del mundo de la cultura y la ciudadanía a la inminente intervención militar en Irak. En ese escenario, los servicios informativos de la televisión estatal se convirtieron en el principal foco de las críticas por el sesgo constante en sus coberturas.

Al frente de aquella maquinaria se encontraba Alfredo Urdaci, director de Informativos de la cadena pública y la figura más cuestionada del momento. La periodista Georgina Cisquella, reportera histórica de la casa, relata en el programa la asfixia cotidiana que se respiraba dentro de las instalaciones de Torrespaña: «En el 2003 había un ambiente de tensión en la redacción bastante importante. El control de los informativos, dirigidos por Alfredo Urdaci era brutal».

Esta asfixia interna se traducía en represalias profesionales silenciosas pero efectivas. Según detalla Cisquella, la dirección optaba por apartar a las firmas incómodas o excesivamente independientes de los ámbitos de la actualidad política pura y dura. «Todos los redactores y periodistas que podíamos ser polémicos o un poco más críticos, se nos relegó a áreas que no eran conflictivas, como cultura”, confiesa la periodista. Desde ese exilio profesional mitigado, los trabajadores observaban cómo la manipulación afectaba al producto final que se emitía en los hogares españoles mediante una «injerencia informativa, como controlar titulares o eliminar totales con ciertas declaraciones». El dictamen de la reportera es nítido: «el minutado de Urdaci seguía la filosofía del Gobierno«.

El descrédito en la calle y la famosa rectificación de las siglas

La distancia entre las consignas políticas emitidas desde los despachos y la realidad a pie de calle terminó por quebrar la credibilidad de los equipos técnicos que se desplazaban a cubrir las protestas sociales. La crispación alcanzó tales niveles que los propios trabajadores de la cadena pública se convirtieron en el objetivo del desprecio de los manifestantes debido a la evidente parcialidad de la línea editorial fijada desde Madrid.

Cisquella recuerda de forma nítida la desesperación de los reporteros enviados a la costa atlántica para cubrir las manifestaciones del movimiento Nunca Máis tras el hundimiento del petrolero: los informadores de Galicia «tuvieron que quitar los capuchones de los micros de TVE porque la gente se les echaba encima, en plenas coberturas del Nunca Máis». El logotipo de la televisión pública se había transformado en un estigma para sus propios empleados.

El periodista cinematográfico Javier Zurro aporta otro de los hitos de esta etapa al señalar el tratamiento de las movilizaciones sindicales. A su juicio, el caso más «flagrante de manipulación del Telediario que entonces dirigía Alfredo Urdaci fue la huelga general», una jornada de protesta que se contó en las pantallas «de mala manera». Los excesos en la edulcoración de los datos y el sesgo informativo de aquella jornada no quedaron impunes y terminaron en los tribunales ordinarios. La justicia obligó a la cadena del Estado a leer una nota de rectificación pública por vulnerar los derechos fundamentales. Un año después, el realizador del informativo «fue condenado a emitir una rectificación donde pronunció C-C-O-O, porque no quiso decir Comisiones Obreras. Se creía en una posición de poder tan grande que pensaba que incluso podía reírse de Comisiones Obreras diciendo las iniciales en aquel momento».

La rebelión de los Goya y la orden de ocultar a la ministra

El punto de ruptura definitivo entre el sector del cine, los propios trabajadores de la televisión estatal y el Ejecutivo se escenificó en la gala de los Premios Goya de 2003. Conducida por el actor Alberto San Juan, la entrega de premios se convirtió de forma planificada en un monumental altavoz contra la participación española en el conflicto de Irak, desbordando por completo las previsiones del Palacio de la Moncloa y las directrices de la propia Academia de Cine.

Los testimonios recogidos confirman que los académicos y los redactores sumaron fuerzas para sortear los filtros impuestos por el ente público. El objetivo colectivo era rebelarse contra el «autoritarismo del Gobierno de Aznar», burlando las órdenes explícitas para introducir de contrabando las proclamas del «No a la guerra» que marcaron el ritmo de toda la noche y que terminaron por desquiciar a las autoridades políticas presentes en el patio de butacas.

El realizador de aquella mítica retransmisión televisiva, Luis Campoy, desveló la presión directa que sufrió durante el directo ante el nerviosismo evidente de Pilar del Castillo, ministra de Cultura de la época. Campoy recibió instrucciones drásticas por el pinganillo para mitigar el impacto visual de la protesta: «Dile a tus cámaras que no le hagan muchos primeros planos. (…) Si pasa cualquier cosa, no saques a la ministra».

El actor Juan Diego Botto refrenda la veracidad de la encerrona al asegurar que «la manipulación estaba ahí presente» de forma estructural. Por su parte, el presentador de aquella velada, Alberto San Juan, concluye con rotundidad que el nivel de injerencia gubernamental alcanzado en aquellos primeros años de la década de los dos mil no ha vuelto a repetirse con tanta impudicia en la historia democrática del medio público: «Siempre se acusa a los servicios informativos de favorecer al Gobierno de turno. Yo no creo que haya habido una ocasión en la que se haya evidenciado esto tanto. Eran descaradamente tendenciosos a favor del Gobierno y del PP».

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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