Saltar al contenido
Etiqueta

Marta Goenaga


Marta Goenaga, estilista y directora de vestuario nacida en San Sebastián, ha pasado de vestir a los protagonistas de La casa de papel entre bambalinas a convertirse en noticia de portada como esposa del actor Jaime Lorente, con quien selló su amor en una boda de cuento en el Castillo…

1 artículos

Todo sobre Marta Goenaga

Marta Goenaga, estilista y directora de vestuario nacida en San Sebastián, ha pasado de vestir a los protagonistas de La casa de papel entre bambalinas a convertirse en noticia de portada como esposa del actor Jaime Lorente, con quien selló su amor en una boda de cuento en el Castillo de Batres. Detrás de la cámara: la mujer que viste las ficciones españolas La perla del Cantábrico ha dado al cine español tanto talentos delante de la cámara como detrás de ella, y Marta Goenaga pertenece a esta segunda estirpe. Poco se sabe de los primeros años de esta donostiarra discreta que ha hecho de la privacidad una bandera en un mundo donde la sobreexposición es la norma. Creció en el País Vasco, en un entorno cultural donde la cercanía con el Festival de Cine de San Sebastián, uno de los más prestigiosos de Europa, convierte al séptimo arte en parte del paisaje cotidiano. No es difícil imaginar que aquella proximidad al glamour cinematográfico dejó huella en una joven que acabaría dedicando su vida profesional a vestir los personajes que habitan las ficciones más ambiciosas de la industria española. Lo que sí consta es que su vocación la llevó al departamento de vestuario de producciones de primer nivel, un oficio que exige buen ojo, sensibilidad narrativa y la capacidad de contar historias a través de la tela, el corte y el color. El diseño de vestuario en cine y televisión es una disciplina donde la invisibilidad es sinónimo de éxito: cuando el espectador no repara en la ropa que lleva un personaje pero siente que todo encaja, es que el trabajo del estilista ha sido impecable. Su trabajo como estilista y encargada de vestuario la situó en los sets de rodaje de títulos que han definido la ficción española de la última década. La casa de papel, el fenómeno global de Netflix que convirtió los monos rojos y las máscaras de Dalí en iconos de la cultura pop mundial, contó con Marta Goenaga en su equipo desde la primera temporada en 2017. Aquella experiencia no solo cimentó su reputación profesional sino que cambió su vida personal de una manera que ni el mejor guionista habría anticipado. El flechazo entre bastidores: de compañeros de rodaje a familia Fue precisamente en el rodaje de la primera temporada de La casa de papel, en 2016, donde Marta Goenaga conoció a Jaime Lorente, el actor murciano que daba vida a Denver, uno de los personajes más carismáticos de la serie. La relación entre la estilista vasca y el actor no fue un flechazo instantáneo. Fueron amigos durante años, compartiendo sets, cafés de madrugada y esa intimidad particular que se forja entre quienes trabajan juntos bajo la presión del rodaje. El vínculo, forjado en la camaradería profesional, se transformó con el tiempo en algo más profundo. Su romance se hizo público en septiembre de 2021, justo cuando trascendió que ambos esperaban su primer hijo. La noticia confirmó lo que muchos en la industria ya intuían: que entre la estilista y el actor de El Cid existía una conexión que iba mucho más allá de la amistad. En los meses siguientes, la pareja vivió la llegada de Amaia, su primera hija, y poco después la de Luca, completando una familia que ha encontrado en la discreción su mejor escudo frente al interés mediático. De Berlín a Batres: una carrera que no se detiene Mientras su vida personal acaparaba titulares, Marta Goenaga no dejó de trabajar. Su participación en el equipo de vestuario de Berlín (2023), el spin-off de La casa de papel centrado en el personaje interpretado por Pedro Alonso, y en El embarcadero (2019), la serie de Movistar Plus ambientada en la Albufera valenciana, confirma una trayectoria profesional sólida construida lejos de los focos pero con la consistencia de quien domina su oficio. El trabajo de vestuario en producciones de alto nivel exige mucho más de lo que el espectador imagina. Cada prenda que lleva un personaje cuenta una historia, define un estatus, marca una evolución emocional. Es un lenguaje silencioso pero decisivo que profesionales como Goenaga manejan con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de un artista. Su ojo para el detalle, forjado en los camerinos de las producciones más exigentes de la industria española, es su carta de presentación profesional en un sector donde el talento habla más alto que los apellidos. La boda del año: un sí quiero en el Castillo de Batres El 7 de junio de 2025, Marta Goenaga y Jaime Lorente se dieron el sí quiero en el Castillo de Batres, una fortaleza del siglo XV situada en la localidad madrileña del mismo nombre, en una ceremonia que los medios calificaron como la boda de cine del año. La estilista, fiel a su conocimiento del sector, eligió un vestido de Rosa Clará: un diseño asimétrico de corte sirena con detalle cut-out, confeccionado en encaje con malla de micropedrería y crepé bielástico que se ajustaba a su figura con la elegancia de quien sabe exactamente lo que quiere. Acompañada por su padre y sosteniendo en brazos al pequeño Luca, Marta caminó hacia el altar mientras Amaia, la mayor de sus hijos, llevaba los anillos en un cofre de cristal entre guirnaldas de flores. La imagen, publicada en exclusiva por Hola!, condensaba la esencia de una pareja que ha construido su historia de amor al margen de los convencionalismos, con la naturalidad de quienes se enamoraron entre bastidores y han decidido vivir su vida a su manera. Jaime Lorente compartió después una de las fotografías de la celebración con un texto escueto y contundente: el mejor día de mi vida. Una declaración que, en su sencillez, lo decía todo. Entre los invitados, rostros conocidos de la industria audiovisual española que habían compartido rodajes y camerinos con la pareja. La ceremonia, cubierta en exclusiva por Hola!, combinó la solemnidad de un enclave histórico con la calidez de una celebración familiar donde los protagonistas no eran los famosos sino los enamorados. Ni grandes fastos ni ostentación innecesaria: una boda construida a imagen y semejanza de una pareja que siempre ha priorizado lo esencial sobre lo accesorio. La maternidad entre rodajes: Amaia, Luca y el arte de conciliar La llegada de Amaia en 2021 y de Luca poco después convirtió a Marta Goenaga y Jaime Lorente en una de las familias más seguidas del panorama mediático español, aunque ellos hayan hecho todo lo posible por mantener a sus hijos alejados de la exposición pública. La maternidad en el contexto de la industria audiovisual implica desafíos logísticos que pocas profesiones pueden igualar: rodajes de meses fuera de casa, horarios impredecibles, viajes constantes y la presión de un oficio que no entiende de bajas ni de conciliación. Marta ha gestionado esa realidad con la misma eficiencia con la que organiza el vestuario de una producción de alto presupuesto. Su capacidad para mantener activa su carrera profesional mientras cría a dos niños pequeños y gestiona una vida familiar que se desarrolla bajo el escrutinio mediático habla de una fortaleza interior que no necesita redes sociales para manifestarse. Los que la conocen describen a una mujer práctica, organizada y con los pies en la tierra, cualidades que en un entorno tan volátil como el del cine resultan más valiosas que cualquier talento artístico. La discreción como declaración de principios En una era en la que las parejas de celebrities convierten su vida privada en contenido, Marta Goenaga ha optado por el camino contrario. Sus redes sociales permanecen en privado, sus declaraciones públicas son prácticamente inexistentes y su presencia mediática se limita a los eventos inevitables. Es, en el sentido más estricto del término, la antítesis del personaje público contemporáneo. Esa discreción, lejos de restarle interés, ha alimentado una curiosidad que los medios del corazón intentan saciar con cada fotografía robada y cada detalle filtrado. Pero Marta Goenaga sigue firme en su decisión de que su mejor trabajo se vea en la pantalla, no en las portadas. Una profesional del cine español que ha demostrado que se puede ser protagonista de una historia de amor de portada sin perder un solo gramo de privacidad ni de identidad propia.