Mario Vaquerizo debuta este sábado en el teatro como maestro de ceremonias del musical Cabaret, que estrena su segunda temporada en el Espacio Delicias, en Madrid, y a dos días del estreno ha asegurado en una entrevista con ABC que «hoy en día, dar tu opinión puede ser un poco coñazo» porque «está todo tan politizado que cuando dices algo ya te catalogan».
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Releva a Víctor Palmero y Abril Zamora en el Kit Kat Klub de Delicias

La nueva puesta en escena con Mario Vaquerizo toma el relevo de la función que interpretaron los actores Víctor Palmero y Abril Zamora, la primera mujer en asumir el papel protagonista, y conserva el formato inmersivo con el que el montaje convierte la sala en el propio Kit Kat Klub, el cabaret del Berlín de los años treinta: los actores se desplazan y se mezclan entre el público, que asiste a la función con una oferta gastronómica propia, en el ambiente nocturno de la ciudad durante el ascenso de los nazis. El musical se estrenó en Nueva York el 20 de noviembre de 1966 y sigue a un joven escritor estadounidense que llega a Berlín en busca de inspiración y se enamora de Sally Bowles, la estrella del local.

Mario Vaquerizo admite que asumir el personaje «era un reto» y que llega al estreno «un poquito nervioso», aunque cree que lo hará bien porque se ha preparado a conciencia, sometiéndose, según detalló, «a las directrices de los distintos directores: el musical, el de coreografía y el de acento». Pese a la imagen de alma libre que proyecta, se define como una persona «muy obediente» y lo explicó así: «Yo me subo al escenario cuando quiero, como quiero y siendo yo, pero cuando subo para interpretar a un personaje que no soy yo, entonces soy muy obediente». La disciplina de «coreografía, texto y vestuario» que ha asumido durante los ensayos la vincula a su oficio: «Es la responsabilidad que deriva de la profesionalidad y yo soy muy profesional», sostuvo, «aunque, por mi forma de ser, la gente piense que me tomo todo a la ligera, en verdad soy muy germánico».
Una peluca rubio platino y una vida «muy casera» lejos de la juerga

Para meterse en la piel del maestro de ceremonias, Vaquerizo ha cambiado su melena larga, morena y cardada por el pelo corto y rubio platino, un aspecto con el que reconoce que se ve «muy guapo», aunque descarta conservarlo fuera del teatro porque «la decoloración es muy traicionera» y acabaría calvo, por lo que en el espectáculo luce una peluca. A su juicio, «la peluca es una forma de construirse a uno mismo» y funciona «como el maquillaje o la vestimenta».

Vaquerizo tampoco se reconoce en la etiqueta de juerguista que le acompaña desde hace años. «No me gusta tanto la juerga. Es verdad que yo me río mucho de mí mismo, soy muy alocado, bebo cerveza y viajo muchísimo por trabajo pero, en verdad soy muy casero», confesó, antes de añadir que la gente tiene de él una imagen «distorsionada» que no le preocupa y que, cuando no está de viaje por trabajo, lo que le gusta es quedarse en casa. Se describe como una persona «poliédrica, seria, listo y tonto, pero sobre todo profesional».
Prefiere el teatro a los conciertos: «Es un privilegio trabajar en un sitio fijo»

El vocalista de las Nancys Rubias asegura que le gusta más la vida de actor de teatro que la de cantante, y lo argumenta por el ritmo de trabajo: «Es un privilegio trabajar en un sitio fijo y no de bolos. Actúas durante unas horas y después puedes aprovechar el día, mientras que con los conciertos es ir de un lado para otro sin parar». Al repasar su trayectoria recordó sus primeros empleos, cuando con 15 años era el que «llevaba los marcadores de los partidos de baloncesto en el Palacio de los Deportes y cuando me despidieron me puse a repartir flyers».
Mario Vaquerizo comenzó las carreras de Periodismo y de Biblioteconomía y Documentación, pero se volcó en la música, y además de cantar ha ejercido como representante de Dover, Merche, Elsa Pataky y Leonor Watling. En la actualidad lo es de Fangoria, el dúo de Alaska, una situación que asume con normalidad: «Yo lo vivo de forma natural. Estoy casado con mi mujer Olvido que, a la vez, es mi jefa y trabajamos juntos. Pero nos entendemos bien. Si no estuviera a gusto no lo haría, porque no hay necesidad ni obligación».
«Está todo tan politizado que cuando dices algo ya te catalogan»

Preguntado por el clima a la hora de opinar en público, Vaquerizo se situó al margen de los bandos: «Hoy en día, dar tu opinión puede ser un poco coñazo porque todo está muy segmentado, pero yo creo que las cosas no tienen por qué ser ni blanco ni negro. Está todo tan politizado que cuando dices algo ya te catalogan. Pues mira, yo no estoy ni en un sitio ni en otro. Yo estoy en todos lados, porque soy una persona muy transversal».
Esa defensa de no casarse con nadie se suma, en el caso de Vaquerizo, a otras declaraciones recientes en las que habló de su fe y de la paternidad. En una entrevista anterior contó que, aunque no ha sido padre, ejerce «de padre y madre de las personas a las que quiero», y afirmó que «Jesucristo es para mí el hombre más importante de la humanidad», una convicción religiosa que nunca ha visto incompatible con su forma de vestir, de hablar o de desenvolverse.
A los 52 años no piensa en retirarse: «Lo único que pido es vivir mi jubilación con salud»

Con 52 años, Vaquerizo tampoco contempla por ahora la retirada. «No sé lo que me depara la vida. Yo lo único que pido es vivir mi jubilación con salud y acomodado. Tener un ‘colchoncito’ que me permita vivir bien», declaró, y entre las cosas que más le apetecen cuando llegue ese momento citó la de «tener tiempo para recrearme en todos esos libros que no me ha dado tiempo a leer por estar trabajando».
Su fichaje para Cabaret se anunció en agosto, y entonces le discutieron si estaba capacitado para el papel: el actor y cantante Iván Elliot habló de intrusismo y puso como ejemplo a Abril Zamora, y él respondió que «no hay mejor desprecio que no hacer aprecio», el mismo día en que detalló que había invertido en seis pisos de la Gran Vía. En junio, en El Hormiguero, relató su encuentro con el papa León XIV, y en febrero ya había plantado cara a los rumores sobre su matrimonio con Alaska asegurando que prefería que le llamaran «maricón» antes que «fascista».
