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Corazón

«Si la hipotecamos es nuestro problema»: Carmen Borrego no niega los 200.000 euros sobre el ático de su madre y aparece con el coche destrozado

Pedro Serrano González
7 min 47
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Reapareció este miércoles en Vamos a Ver después de varios días callada, y lo hizo para negar que el ático de su madre esté en venta. Pero en mitad de la explicación surgió un dato que no estaba sobre la mesa: que ella y su hermana habrían hipotecado la vivienda por 200.000 euros. Carmen Borrego no lo confirmó, tampoco lo desmintió, y respondió con una frase que resume el tono de toda su intervención: «Si la hipotecamos es nuestro problema».

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A eso se sumó, en la misma tarde, un revés que nada tiene que ver con la herencia: unos desconocidos le destrozaron el coche a las puertas de la urbanización donde vive, a las afueras de Madrid, y se dieron a la fuga. Enseñó las fotografías del vehículo abollado y con la defensa caída en el suelo, y pidió ayuda a sus vecinos. La Policía ya investiga lo ocurrido y apunta a una furgoneta blanca por los restos de pintura que quedaron en el lateral.

«Nunca autorizamos que se hiciesen fotos ni que se subiesen a un portal»

El punto de partida es el anuncio del ático que ella y Terelu Campos heredaron de María Teresa Campos en Málaga, aparecido en un conocido portal inmobiliario por un precio que rondaría el 1.125.000 euros. Su versión es tajante: «Suscribo lo que ha estado diciendo mi hermana estos días. Nunca autorizamos que se hiciesen fotos de la casa ni que se subiesen a un portal. La casa no está en venta. Se ha autorizado a que la visitasen personas que tenían interés».

Ahora bien, aquí llega el matiz importante, y conviene recogerlo con precisión porque afina lo que se había contado hasta ahora: la colaboradora sí reconoce que en mayo envió unas fotografías del ático al agente inmobiliario. Lo que sostiene es que aquellas imágenes «no tienen nada que ver con las que han salido en Idealista» y que en todo momento dejó claro que no eran para publicarse. Y aquí aporta el detalle más verificable de toda su versión, porque no es una impresión sino un mensaje concreto que existe o no existe: dice que las mandó acompañadas de una advertencia expresa —«estas fotos no son para publicar»— y que él le respondió con un audio en el que le decía «no, por supuesto». Las que acabaron en el portal, insiste, no las hizo ella: «Las fotografías las hizo quien entró en la casa».

El intermediario que dio la cara y al que no piensa denunciar

En ningún momento pronunció su nombre —«no voy a dar el nombre de nadie», zanjó—, pero se refería al agente que ya ha dado la cara públicamente y ha admitido que publicó las fotografías por error. Ella lo describió sin identificarlo: «alguien que llegó a nuestra vida a través de un intimísimo amigo y confiábamos plenamente en él». Y ahí está la parte más incómoda del asunto, porque ese vínculo personal es justamente lo que la frena: ha admitido que le resulta muy difícil plantearse medidas legales contra él, pese a calificar lo ocurrido de «gravísimo».

Hay además una escena que no se había contado y que es la más reveladora de todas, porque describe el momento exacto en que ella descubre lo que había pasado y lo que hizo a continuación: «Inmediatamente cuando me dijeron que se había subido al portal le llamé y le dije que me mandara lo que había subido sin autorización y me mandó otras imágenes». Es decir, que cuando le pidió cuentas, lo que recibió no coincidía con lo que estaba publicado. Ese desajuste es el que sostiene toda su versión y, a la vez, el que explica por qué no acaba de convencer a nadie: la casa se enseñó dos veces al mismo matrimonio interesado —en la primera visita estaba su hermana; en la segunda, su marido—, de modo que en ambas ocasiones había alguien de la familia dentro. «No hemos querido hacer un circo», resumió. «Se ha ido de las manos porque alguien ha publicado algo sin autorización».

Sobre la cifra que aparecía en el anuncio fue igual de rotunda: «El precio que ha puesto no tiene nada que ver con lo que hemos hablado. Ni siquiera hemos puesto precio a esa casa». Aunque dejó una puerta entreabierta que probablemente sea la frase más relevante de toda la comparecencia, porque contradice la idea de una negativa absoluta: «Si recibiésemos una buena oferta, a lo mejor la venderíamos». No está en venta, pero se vendería. Y el enfado, dice, es compartido: «Más que cabreadas, Terelu y yo estamos cabreadísimas».

Los 200.000 euros que no niega

El dato nuevo del día llegó por otra vía y con nombre propio. Fue el periodista Luis Pliego quien matizó en el propio plató la afirmación de ella de que la casa «se ha heredado libre de cargas»: según contó, las dos hermanas han hipotecado la vivienda por 200.000 euros. Preguntada por ello, la colaboradora ni lo confirmó ni lo desmintió, y respondió visiblemente enfadada marcando la frontera de lo que considera privado: «No es la herencia de nuestra madre, se ha heredado libre de cargas y ahora es nuestra casa. Si la hipotecamos es nuestro problema y no quiero hablar de este tema porque nos pertenece a nosotros y mi hermana y yo tenemos derecho a tener nuestra intimidad».

La respuesta es interesante por lo que concede sin querer. Al decir que la casa se heredó «libre de cargas» y que ahora es suya, está separando dos cosas: el patrimonio que dejó su madre y lo que ellas hayan hecho después con él. Es una distinción legalmente impecable y periodísticamente reveladora, porque desplaza el foco desde la herencia hacia una decisión propia y actual de las dos hermanas. Y explica también por qué se niega a entrar en detalles: una hipoteca no es un asunto sentimental, es un asunto económico, y ahí es donde ella marca la línea.

Y encima, el coche

El otro golpe llegó donde menos lo esperaba y, sobre todo, cuando menos lo esperaba: acababa de volver a Madrid tras unos días de vacaciones en Málaga. Unos desconocidos le destrozaron el vehículo frente a su casa, en Majadahonda, y se dieron a la fuga. Ni siquiera lo descubrió ella: fue la policía quien se lo comunicó llamando al telefonillo de su domicilio. «Hemos llegado de vacaciones y no paramos. Te das un susto, me llamaron al telefonillo y me lo dijeron», contó en ‘Vamos a ver verano’.

Las imágenes que facilitó al programa muestran el alcance real del destrozo: toda la parte trasera del parachoques abollada, especialmente a la altura de uno de los faros, y pedazos del vehículo esparcidos por el suelo, en el mismo sitio donde estaba estacionado. Por el momento se desconocen tanto las causas como los presuntos autores, y la investigación sigue abierta precisamente porque quien lo hizo se marchó sin dejar aviso.

Ella intentó relativizarlo con la lógica de quien lleva días encajando golpes por todos lados —«al final, como todo, dices que es algo material, pero no deja de ser una faena muy gorda»—, aunque lo que de verdad le duele es el modo: «Que alguien haga esto y se dé a la fuga de la manera que se ha dado». Y dejó incluso una explicación benévola para quien lo hiciera, que dice bastante de cómo encaja las cosas: «Espero que no lo hayan hecho a propósito, simplemente que no tuviera seguro… Dicen que por el tipo de coche podría ser una furgoneta, pero no lo saben». De ahí su petición final, dirigida a quien viva cerca: que si alguien vio algo, se ponga en contacto con el programa.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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