El mito ha vuelto a blindarse. Tras horas de intensa marejada mediática a cuenta de un presunto y severo bache de salud, el entorno más íntimo de Pepa Flores ha salido al paso de los rumores con una maniobra tan sutil como demoledora. A través de las redes sociales, la mítica Marisol ha reaparecido en un vídeo doméstico que echa por tierra las informaciones publicadas por la revista Semana, donde se apuntaba a un bache de salud complicado, un reciente ingreso hospitalario y la necesidad de cuidados médicos durante las 24 horas del día por parte de sus hijas.
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La encargada de romper el hermetismo familiar ha sido Celia Flores. La hija de la artista ha compartido una secuencia grabada en su Málaga natal donde se ve a la intérprete de ‘Solo los dos’ paseando frente al mar, visiblemente más delgada debido a la lógica edad, pero con un aspecto que dista mucho de la gravedad descrita por las cabeceras del corazón. «Más guapa y mejor que nunca. ¡Para todos ustedes!», ha escrito la joven de forma directa para frenar las especulaciones sobre el bienestar de la estrella de los años 70 y 80.

En el propio documento audiovisual, se escucha a la hija de la cantante afear la ligereza con la que se han propagado los rumores en las últimas horas: «Para toda la información que nos llega, y que nos creemos y no son reales». El desmentido desmonta la tesis de una supuesta reorganización económica y familiar de urgencia provocada por una alarmante pérdida de peso tras pasar por el hospital. Con camisa blanca, falda midi y gafas de sol, el mito viviente del Cine Español ha vuelto a demostrar que sigue siendo dueña absoluta de sus tiempos y de su imagen.
El búnker inexpugnable de María, Tamara y Celia
Esta contundente respuesta es una excepción en la estricta hoja de ruta que la familia de Pepa Flores lleva aplicando desde hace más de cuatro décadas. Desde que en 1985 la actriz tomara la decisión radical de bajarse de los escenarios tras el estreno de la película ‘Caso cerrado’, sus tres hijas —María Esteve, Tamara Esteve y Celia Flores— junto a su fallecida pareja, el exfutbolista Massimo Stecchini, han ejercido como un auténtico escudo impermeable ante la presión de la prensa del corazón.
Ni los talones con cifras astronómicas en la época de las pesetas ni las ofertas de los platós de televisión consiguieron quebrar el retiro voluntario de una mujer que buscó la libertad definitiva en Málaga tras romper con el estereotipo de niña buena que la industria le impuso desde la infancia. Aquel proceso de descompresión arrancó en 1976 con la célebre portada de la revista Interviú, unas fotos tomadas sin su consentimiento que, lejos de amedrentarla, aceleraron su desvinculación de la maquinaria comercial del entretenimiento español.
El recuerdo de los Goya y el precio de la calma
El vídeo publicado en las últimas horas evoca inevitablemente la fascinante tensión que se vivió a principios del año 2020, cuando la Academia de Cine le otorgó el Goya de Honor a toda su carrera. Con la gala celebrándose en su propia ciudad, el sector audiovisual español contuvo el aliento esperando una reaparición histórica que jamás se produjo. En su lugar, fueron sus hijas las encargadas de recoger el busto del pintor en una de las retransmisiones más recordadas de Televisión Española.
«Hoy, agradecida a la Academia, a los compañeros, y a la cantidad de los mensajes que ha recibido, no se está perdiendo ni un detalle desde una televisión grande y un lugar tranquilo», explicaba entonces María Esteve desde el escenario, validando el empeño familiar por proteger ese «lugar en calma» que tanto esfuerzo costó conquistar. Cuatro años después de aquel hito y cuarenta y un años después de su jubilación anticipada a los 37 años de edad, las hijas de Pepa Flores han vuelto a demostrar que el búnker de Marisol sigue siendo impenetrable para la especulación.
