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Corazón

«Me sentía paralizada por no subir la realidad mala que estoy viviendo»: Marta Peñate desvela el patrón de su quimioterapia y por qué se apartó de las redes

Pedro Serrano González
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«Me sentía paralizada por no subir la realidad mala que estoy viviendo»

Hay una frase de Marta Peñate que resume mejor que ninguna otra el momento que atraviesa, y no tiene que ver con las náuseas ni con el hospital: «Me sentía paralizada por no subir la realidad mala que estoy viviendo». La colaboradora ha reaparecido en sus redes tras varios días de silencio para explicar cómo está afrontando las sesiones de quimioterapia que recibe desde que sufrió un segundo embarazo ectópico, y lo ha hecho con un doble mensaje: uno sobre su cuerpo, que ya ha aprendido a leer semana a semana, y otro sobre la incomodidad de contar en público una temporada mala cuando el público espera siempre a la Marta alegre de siempre.

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Cómo se llegó hasta aquí: del metotrexato a la quimioterapia

Conviene recordar el punto de partida para entender la magnitud de lo que está atravesando. La creadora de contenido sufrió un segundo embarazo ectópico durante el proceso para convertirse en madre junto a Tony Spina, un revés que llegó cuando el camino parecía por fin encauzado. Tras confirmarse que el embrión no evolucionaba, los médicos iniciaron un tratamiento con metotrexato destinado a lograr su expulsión, la vía menos invasiva de las disponibles. Sin embargo, después de varias inyecciones sin el resultado esperado, el equipo médico le planteó una disyuntiva que nadie querría afrontar: pasar por una intervención quirúrgica o continuar con la medicación mediante sesiones de quimioterapia. Ella se decantó por la segunda opción.

Desde entonces, la exconcursante de Supervivientes acude cada viernes al hospital, y ha decidido documentar el proceso con una transparencia poco frecuente, compartiendo imágenes de las sesiones y reflexiones sobre cómo va encajando cada etapa. Esa decisión de contarlo no es menor ni gratuita: en un ecosistema digital donde la norma es exhibir únicamente la versión luminosa de la vida, la de Las Palmas de Gran Canaria ha optado por narrar un tratamiento duro y sostenido en el tiempo sin maquillar sus efectos. Conviene precisar, para evitar lecturas equivocadas, que en su caso la quimioterapia es la vía elegida para resolver un embarazo que no podía prosperar, después de que el metotrexato por sí solo no lograra el resultado buscado.

Un patrón semanal que ya se sabe de memoria

Lo más revelador de su última actualización es la precisión con la que ha llegado a conocer la mecánica de su propio tratamiento. Según ha detallado, cada viernes le administran un medicamento distinto, alternando entre uno que tolera razonablemente bien y otro que le provoca bastantes más efectos secundarios. «Este viernes me tocó la quimio del medicamento que me sienta mal», ha explicado, y de ahí se derivó todo lo demás: las molestias arrancaron ese mismo viernes y se prolongaron durante el fin de semana completo, con las náuseas como protagonistas absolutas de unas jornadas que ella misma ha descrito como agotadoras. Ya no hay sorpresa en ese ciclo, sino una regularidad que ha aprendido a anticipar y que le permite organizarse.

Con ese patrón identificado, la influencer ha querido adelantarse a la preocupación de quienes siguen su día a día y ha pedido expresamente que sus ausencias no se lean como una señal de alarma: «Si algunos findes no sabéis de mí, ya sabéis el motivo». Es un aviso práctico y también un gesto de cuidado hacia una audiencia que se ha acostumbrado a su presencia diaria: cuando le toca el fármaco que mejor lleva, mantiene una actividad más o menos habitual; cuando le toca el otro, necesita varios días para recuperarse antes de retomar la rutina. Aun así, ha habido hueco para la normalidad, y de hecho se la pudo ver desde casa siguiendo el partido de la Selección Española en el Mundial, con buen humor y una sonrisa que contrastaba con el relato de las horas previas.

«Me sentía paralizada por no subir la realidad mala que estoy viviendo»
Marta Peñate y su madre.

La otra confesión: el peso de no poder mostrarse triste

La parte más honda de su reaparición no es la física, sino la que tiene que ver con el desgaste emocional y con una contradicción que ella ha verbalizado sin adornos. «Me he dado cuenta de que oculto mucho en mi Instagram», reconoció, antes de explicar el mecanismo que la había llevado a desaparecer: «Como llevo un mes y medio contándoos tristezas que me estaban pasando, pues había decidido no subir nada». Detrás de esa decisión latía una presión muy reconocible, la de sentir que solo se tiene derecho a ocupar el espacio público cuando se está bien. Ella misma lo describió con crudeza: «Llegué a sentirme mal porque llevaba un mes y medio contando solo cosas malas y no sentía que era la Marta alegre de siempre».

La reflexión, sin embargo, terminó llevándola justo al lugar contrario, y ahí reside el valor de su mensaje. Tras darle vueltas, decidió rectificar y seguir compartiendo su realidad con naturalidad, defendiendo en voz alta algo que parece obvio y que sin embargo apenas se enuncia en las redes: «Estoy pasando una mala época de mi vida, las malas épocas acaban y volverán buenas. No siempre puedo estar superfeliz». Esa frase, dicha por alguien cuya presencia digital es también su trabajo, tiene un peso considerable, porque impugna directamente la exigencia tácita de alegría permanente que pesa sobre quienes viven de mostrarse. Y lo hace sin dramatismo ni petición de compasión, simplemente constatando que las temporadas malas existen y que ocultarlas resulta, a la larga, más agotador que contarlas.

«Una más es una menos»: la cuenta atrás como método

Frente a un proceso largo y de desenlace conocido pero lento, la colaboradora ha construido su propio sistema para sobrellevarlo, y consiste básicamente en contar hacia atrás. Tras una de sus visitas recientes al hospital resumió esa filosofía en cuatro palabras que ya se han convertido en su lema: «Una más es una menos». No hay épica en esa fórmula, ni voluntad de convertirse en ejemplo de nada; hay una manera funcional de atravesar semanas idénticas sabiendo que cada una acerca el final. A ello suma el dato concreto que más tranquiliza a su entorno: el próximo viernes le corresponde el medicamento que mejor tolera, de modo que el fin de semana debería transcurrir sin el desgaste de los últimos días.

Su balance final, pese a todo, insiste en separar lo físico de lo anímico, y en esa distinción está probablemente la clave de cómo está sosteniendo el proceso: «Menos mal que de ánimos estoy perfecta». La que fuera participante de La Isla de las Tentaciones y de Gran Hermano lleva semanas repitiendo además una idea que funciona como ancla y con la que ha vuelto a cerrar esta última actualización: «Todo acabará». Dos palabras que no prometen nada extraordinario, solo el final de un tratamiento y la vuelta a una vida sin viernes marcados en rojo en el calendario. Que haya decidido contar el camino entero, incluidas las semanas en las que no puede ni asomarse a una pantalla, dice bastante más de ella que cualquiera de los concursos que la hicieron conocida.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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