Kiko Rivera e Irene Rosales han sido captados en Sevilla en su primer encuentro en varios meses ante las cámaras, y lo que muestran las imágenes es una entrega de su hija mayor en un ambiente cordial, con la colaboradora intercambiando unas palabras entre sonrisas con Lola García, la bailarina que es pareja del DJ, a la puerta del domicilio en el que la niña estaba con su madre.
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Un beso a la niña, una charla en la acera y el gesto de una llamada
Las imágenes, grabadas en vídeo, recogen el momento en el que Irene Rosales abandona el edificio junto a la mayor de sus dos hijas y se acerca a la acera donde Kiko Rivera aguardaba con su coche aparcado, acompañado de Lola García, la llegada de la menor. Al encontrarse con la novia de su exmarido, la sevillana se despide de la pequeña con un beso y cruza con la bailarina varias frases en un tono que las imágenes reflejan como amistoso y animado, llegando incluso a sonreír en algún instante de la conversación.

Desde la acera, Irene Rosales se dirige también a Kiko Rivera y le levanta los dedos pulgar y meñique de la mano, imitando la señal de una llamada, un gesto con el que la expareja habría quedado emplazada a una hora para la recogida de la niña. A continuación, la menor besa a su padre, Lola García entra en el vehículo y los tres se marchan para que la pequeña disfrute del tiempo pactado con su progenitor, en la primera ocasión en que ambos coinciden con testigos delante tras meses de desencuentros y duros cruces de declaraciones por la custodia.
De no dirigirse la palabra a la entrega pactada de las niñas
La cordialidad de la escena contrasta con el último encuentro público del que se tenía constancia, que databa de febrero, a la puerta del colegio de sus hijas, cuando la expareja no se habría dirigido la palabra. Durante los meses de mayor tensión, Kiko Rivera e Irene Rosales se comunicaban a través de intermediarios: en el caso de él, la propia Lola García, y en el de ella, una de sus hermanas. Por ello, el interés estaba en comprobar cómo se desenvolverían cara a cara en el momento de entregarse mutuamente a las menores.
Las dos hijas del matrimonio, de diez y ocho años, residen en la actualidad la mayor parte del tiempo con su madre, si bien pasan también temporadas con su padre, que solicitó hace meses la custodia compartida de las dos niñas. El enfrentamiento, iniciado hace tres meses y elevado a la categoría pública con las intervenciones de ambos en televisión, había rebajado su tono en las últimas semanas, y la presencia del DJ en redes sociales se ha reducido de forma notable desde que anunció que se apartaría del ruido mediático.
Un divorcio amistoso que derivó en reproches

Kiko Rivera e Irene Rosales anunciaron su separación en agosto de 2025, tras once años de relación y con la promesa de una ruptura en buenos términos. La calma duró poco: en enero, el DJ pidió formalmente la custodia compartida de sus hijas, una decisión que dinamitó el pacto verbal que mantenía la expareja, con Lola García designada por él como persona autorizada para recoger a las niñas.
El verano añadió nuevos frentes, como la pulla del DJ a la campaña publicitaria de frutos secos que protagoniza su exmujer, a la que ella respondió que «parece que no ha pasado página». En julio, el hijo de Isabel Pantoja comunicó que había sufrido un nuevo ictus y anunció que a partir de entonces iba a «priorizarse», mientras Irene Rosales cumplía en septiembre un año de relación con el empresario Guillermo Famín.
