Le ha devuelto el golpe con una sola frase, y de las que duelen precisamente porque no gritan. Irene Rosales ha respondido a la última pulla que Kiko Rivera le ha lanzado en redes sociales a cuenta de su campaña publicitaria, y lo ha hecho con una lectura que deja al hijo de Isabel Pantoja en una posición incómoda: «Parece que no ha pasado página». Es decir, ella no entra a discutir el contenido de la broma. Entra a preguntarse por qué, meses después de la ruptura, con la vida rehecha y una relación nueva ya presentada en público, él sigue pendiente de cada movimiento suyo. La reflexión, que trasladó a la periodista Leticia Requejo, se contó este martes en el plató de ‘El verano se mueve‘ (Telecinco), programa en el que la sevillana colabora.
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La campaña de los frutos secos: el chiste que a él no le hace gracia
Para entender el tamaño del asunto hay que retroceder unas semanas. La colaboradora protagoniza una campaña publicitaria de una marca de frutos secos construida sobre un juego de palabras tan evidente como demoledor: la idea de que «un mix con un mal kiko es un mal mix». El guiño era imposible de no captar y, sobre todo, imposible de que el aludido lo dejara pasar. No lo dejó. El DJ reaccionó entonces con una frase que dio la vuelta a España: «Recuerda de dónde venías. La vida que tienes es gracias a haberte comido un Kiko».
La respuesta de ella fue de las que se quedan grabadas: «También me he comido ser la cornuda de España». Después llegó el bloqueo en redes sociales, el silencio, y el episodio parecía cerrado. Hasta que él ha vuelto a bromear públicamente con la misma campaña, reabriendo por su propia iniciativa un frente que ya nadie estaba alimentando. Y ahí es donde el argumento de la sevillana adquiere toda su fuerza.
El que no pasa página no es ella
Porque, mirado con perspectiva, el balance de estos meses es bastante claro. Ella ha rehecho su vida profesional, se ha consolidado como colaboradora en Mediaset, ha firmado una campaña publicitaria de peso y el pasado 3 de julio presentó oficialmente a su nueva pareja en un evento repleto de compañeros de profesión, en un gesto que era en sí mismo una declaración: aquí no queda nada pendiente. Él, en cambio, ha ido dejando un rastro de reproches, indirectas y reacciones que hablan por sí solos. Bloquear a alguien en redes y, aun así, seguir comentando sus anuncios es una contradicción que no necesita traducción.
De ahí que su frase funcione tan bien: al decir que «parece que no ha pasado página», no está lanzando un insulto ni una acusación. Está describiendo lo que cualquiera puede ver. Y lo hace, además, desde una posición cómoda, porque el rastro público lo ha ido dejando él.
Una guerra que él reabre cada vez que se apaga
El patrón se repite con una regularidad casi matemática. Cada vez que el ruido se calma, aparece un mensaje, una historia en redes o una broma que lo reactiva todo. Ocurrió con el anuncio, ocurrió con las imágenes del estado de Cantora —sobre las que ella se limitó a decir que le daba «tristeza», sin cargar contra nadie— y vuelve a ocurrir ahora. La diferencia es que la sevillana ha aprendido a no morder el anzuelo: responde poco, responde tarde y responde corto. Justo lo contrario de lo que se espera de una guerra mediática.
Mientras tanto, el músico atraviesa su propio momento vital: una relación consolidada con la bailarina Lola García, a la que ha dedicado públicas declaraciones de amor, y una reconciliación con su madre que parecía imposible hace apenas un año. Con ese panorama, resulta aún más llamativo que siga dedicando tiempo a comentar las campañas publicitarias de su expareja. Y esa, exactamente esa, es la contradicción que la madre de sus hijas ha señalado sin levantar la voz. No hace falta más.
