En marzo, cuando aparecieron las primeras imágenes suyas con Irene Esser, Iker Casillas no dijo que fueran antiguas ni que estuvieran sacadas de contexto. Dijo algo mucho más contundente: que eran falsas, generadas con Inteligencia Artificial. Cuatro meses después han vuelto a fotografiarlo con ella, esta vez de la mano por Nueva York, y ese argumento se le ha quedado sin sitio.
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Las imágenes las adelantó en exclusiva El verano se mueve, en Telecinco, y las presentó la periodista Sandra Aladro con una frase que resume bien el momento: «Nueva York les ha delatado definitivamente. Sus manos entrelazadas ya no dejan opción al guardameta a negar lo que es toda una evidencia». Aladro fue precisamente quien sostuvo aquella información en marzo y quien se comió el desmentido.
Cuando la inteligencia artificial se usa de escudo
Conviene detenerse en el tipo de negativa que eligió, porque es nueva y va a repetirse. Durante décadas, el desmentido clásico ante una foto comprometida consistía en discutir el contexto: que si era una amiga, que si fue un saludo, que si la imagen tiene dos años. Lo que hizo aquí fue distinto y mucho más ambicioso: negar la existencia misma de la fotografía. No «eso no es lo que parece», sino «eso no ha pasado, eso lo ha fabricado una máquina».

Y ahí está el problema de fondo que este caso deja al descubierto, más allá de con quién pasee nadie. Durante siglo y medio la fotografía funcionó como prueba: si estaba la imagen, se acababa la discusión. Ahora que cualquiera puede fabricar una, cualquiera puede también desacreditar una verdadera con solo decir que la ha hecho un ordenador. La duda ha dejado de ser una herramienta del periodista para convertirse en un escudo del señalado. Lo que ha ocurrido esta vez es que el escudo solo aguanta hasta la segunda tanda de fotos.
16 de julio: dos días antes de la final
Las fotografías tienen fecha y conviene fijarla, porque explica el escenario. Son del 16 de julio, dos días antes de la final del Mundial, cuando la pareja aprovechó para hacer turismo por la ciudad. Estuvieron recorriendo Manhattan y entraron al Empire State. Iban vestidos a juego, un detalle que a estas alturas ya no se le escapa a nadie: ella con un vestido asimétrico en marrón, él con un polo del mismo tono y bermudas beige, y los dos con deportivas blancas.
Lo llamativo es la naturalidad con la que se movieron sabiendo lo que hay. Iban agarrados de la mano todo el rato, y los fotógrafos que les siguieron tuvieron tiempo de captarlos desde varios ángulos sin que ellos se apercibieran. La propia Sandra Aladro lo explica con una observación que vale para casi cualquier famoso fuera de su país: «Suele pasar, que cuando uno se aleja de casa y se siente anónimo, pasea así, como vemos a Iker Casillas, de la mano con su novia». En Madrid no habría bajado la guardia; en la Quinta Avenida, sí.
Quién es Irene Esser, más allá de la corona

De ella contamos aquí el pasado 1 de junio, cuando dimos la relación por buena pese al desmentido. Nació en Ciudad Guayana el 20 de noviembre de 1991 y se crió en Río Caribe, en el estado de Sucre, dentro de una familia de empresarios dedicados al chocolate artesanal. Su salto a la primera línea llegó en 2011, cuando se coronó Miss Venezuela, y un año después quedó segunda finalista en Miss Universo, uno de los mejores resultados posibles en ese circuito.
Lo interesante es lo que hizo después, porque desmonta el cliché con el que se la suele presentar. En lugar de instalarse en el negocio de las marcas y las pasarelas, reorientó su carrera hacia la interpretación y se ha ganado la vida como actriz. En lo sentimental, antes de esta relación se le conocieron noviazgos con el actor Iván García y con el hijo de un expresidente mexicano. Es decir: no es una desconocida que aparece colgada del brazo de un futbolista, es alguien con carrera propia y quince años de exposición pública a sus espaldas.
La primera relación estable desde Sara Carbonero
El dato que da dimensión a todo lo anterior lo apunta la propia periodista que destapó las imágenes: se trata de «la primera pareja estable que tiene después de separarse de Sara Carbonero», y sostiene además que la relación «está más que formalizada en sus círculos más íntimos y familiares». Eso explica bastante bien por qué el desmentido de marzo era insostenible desde el principio: una cosa es tapar un encuentro puntual y otra muy distinta es sostener durante meses que no existe alguien a quien tu entorno ya trata como pareja.
Queda por ver si dice algo, y conviene no dar por hecho que lo hará. Su historial reciente apunta a lo contrario: ni confirmó en marzo, ni ha confirmado desde entonces, y la vía elegida fue negar la propia existencia de las pruebas. La diferencia es que ahora hay una segunda tanda de fotografías, tomadas en otra ciudad, en otro mes y con otros fotógrafos delante. Sostener que también las ha hecho una máquina exigiría ya un esfuerzo que ni siquiera él parece dispuesto a hacer.
