Carlota Casiraghi cumple este lunes 40 años convertida en una de las figuras más admiradas de la familia Grimaldi, sin haber ostentado nunca el título de princesa y sin necesitarlo: la hija mayor de Carolina de Mónaco ha construido en las últimas dos décadas una identidad propia que combina la moda de alta gama, la filosofía y una vida familiar que hoy atraviesa, según ha contado ella misma, uno de sus momentos más plenos. Nacida en Montecarlo el 3 de agosto de 1986, Carlota ha convertido su apellido en un activo que se mueve con la misma naturalidad entre las pasarelas de París y los actos institucionales del Principado, algo que pocas herederas de las grandes casas europeas han logrado sin renunciar a ninguna de las dos facetas.
Te recomendamos

Julián Contreras estalla en redes contra las conversaciones privadas filtradas en televisión, un día después de sentirse ‘expulsado’ por sus hermanos

Ariana Grande deja su debut en el West End y se retirará de los focos al acabar su gira

Cristina Pedroche rompe una norma que llevaba tres años: la primera imagen real de su hija Laia

Isabel Pantoja habla por primera vez en vídeo por su 70 cumpleaños, en plena reconciliación con su hijo
El secreto que la unió a Chanel: «Es casi como si hubiera nacido con la firma»

Hoy, coincidiendo con este cumpleaños, se recuerda que la relación de Carlota Casiraghi con Chanel viene de mucho antes de que la maison la nombrara embajadora oficial a finales de 2020, un anuncio que, según recoge Vanitatis, apenas sorprendió en París porque el vínculo entre la firma y los Grimaldi era ya antiguo: Karl Lagerfeld retrató durante años a Carolina de Mónaco y mantuvo una estrecha amistad con la familia, por lo que conoció a Carlota cuando todavía era una niña. La propia Casiraghi resumió aquel vínculo con una frase que se ha repetido desde entonces: «Es casi como si hubiera nacido con Chanel», recordando las fotografías de su madre embarazada de ella y vestida por la casa francesa. Su papel, sin embargo, no se ha quedado en las campañas publicitarias ni en las apariciones durante la Semana de la Moda: la maison le abrió un espacio propio para dirigir conversaciones sobre literatura y pensamiento junto a escritoras, editoras y filósofas, una iniciativa poco habitual dentro del sector del lujo que encajaba con una faceta intelectual que Carlota llevaba años cultivando lejos de los flashes.

Ese contrato con Chanel, además, no alteró en ningún momento su agenda en Mónaco: Carlota Casiraghi siguió ocupando su lugar en el Baile de la Rosa, en la Gala de la Cruz Roja o durante la Fiesta Nacional, igual que hacía antes de convertirse en la imagen de la firma francesa. Con apenas 11 años, su abuelo Rainiero III la nombró madrina de la Dirección de Seguridad Pública de Mónaco, una función simbólica que ha mantenido con el paso del tiempo, y más adelante asumió la presidencia de honor del Jumping Internacional de Montecarlo, ligado a su otra gran pasión, la equitación. Son compromisos discretos, alejados del foco que acompaña a los grandes actos oficiales, pero que explican por qué Carlota nunca ha necesitado un título nobiliario para convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la dinastía Grimaldi.
De la Sorbona a «La Fêlure»: la faceta intelectual que la aleja del papel de simple musa

Carlota tenía apenas cuatro años cuando la muerte de su padre, el empresario italiano Stefano Casiraghi, en un accidente náutico en 1990, marcó para siempre a la familia. Carolina de Mónaco decidió entonces alejarse del foco mediático y trasladarse con sus hijos —Carlota, Andrea y Pierre— a la Provenza francesa, una etapa que, según La Vanguardia, resultó decisiva en la educación de los tres hermanos y que contribuyó a forjar el carácter discreto que todavía hoy define a Carlota. Licenciada en Filosofía por la Universidad de la Sorbona, impulsa desde 2015 los Rencontres Philosophiques de Mónaco, un foro que reúne a pensadores contemporáneos, y ha convertido esa vocación en una faceta editorial propia: en 2018 publicó junto al filósofo Robert Maggiori el ensayo Archipel des passions, dedicado a la memoria de su padre, y a comienzos de este año ha dado un paso más con La Fêlure («La grieta»), su primer libro en solitario, una obra de marcado carácter autobiográfico en la que aborda el amor, la maternidad y la propia muerte de Stefano Casiraghi, con referencias a autores como F. Scott Fitzgerald e Ingeborg Bachmann. «Me costó muchísimo sentirme legítima», reconoció en una entrevista promocional del libro, admitiendo que su nombre y su estatus social «siempre serán primordiales» para quienes buscan restarle mérito propio.

Hoy, este cumpleaños también pone en valor su faceta de madre: Carlota es madre de Raphaël, nacido en 2013 de su relación con el humorista Gad Elmaleh, y de Balthazar, nacido en 2018 durante su matrimonio con el productor de cine Dimitri Rassam, del que se divorció en 2024 tras una separación que, según recogió entonces la prensa francesa, se produjo de forma discreta pese al perfil público de ambos. Desde hace más de dos años mantiene una relación con el escritor francés Nicolas Mathieu, ganador del Premio Goncourt en 2018 y criado, a diferencia de ella, lejos de cualquier círculo aristocrático, en la región francesa de los Vosgos. La pareja ha llevado su historia con discreción, aunque sus apariciones públicas se han hecho más frecuentes: en abril de este año se les vio juntos en un partido del torneo de tenis de Montecarlo, sentados junto al príncipe Alberto II y acompañados por Óscar, el hijo del escritor, en una imagen que confirmó la solidez de la relación.
Del desfile de Chanel en vaqueros al «glow up» que ha marcado sus últimos años

Hoy también se pone en valor su evolución de estilo, parte de su relato público: HOLA ha repasado con motivo de este cumpleaños cuarenta looks que resumen ese cambio, desde los vestidos más clásicos y florales con los que empezó a pisar el Festival de Cannes a comienzos de la pasada década hasta la ruptura de códigos de los últimos años, con apariciones tan comentadas como la de julio pasado, cuando acudió a un desfile de Alta Costura de Chanel en vaqueros, camisa de rayas y zapatos negros, o el look oversize con grandes pendientes rojos que lució en el desfile Crucero de la maison en Biarritz. Ese «glow up», como lo define la propia revista, convive con guiños constantes a la memoria de su abuela Grace Kelly, de quien ha heredado no solo los rasgos sino también los acabados glamurosos de la Edad de Oro de Hollywood que ha recreado en citas como el Baile de la Rosa, y con incursiones puntuales en la firma Saint Laurent, con la que ha protagonizado algunos de sus estilismos más atrevidos, como el mono corto bordado que lució en Cannes en 2019 o el vestido de lentejuelas con el que disimuló su embarazo en la gala MET de 2018.
Ese equilibrio entre la exposición pública y la protección de su intimidad es, según ella misma ha explicado, una elección consciente: «No creo que se pueda controlar por completo lo que los demás proyectan sobre ti, en especial cuando estás expuesta. Por eso preservar la intimidad es esencial», ha declarado, consciente de que su vida sentimental ha sido escrutada por la prensa europea desde la adolescencia, hasta el punto de ser una de las royals a las que más embarazos falsos se le han atribuido en portadas. Cuatro décadas después de nacer en Montecarlo, Carlota Casiraghi llega a este cumpleaños en lo que ella misma describe como una etapa de serenidad, con su faceta institucional en Mónaco consolidada como uno de los principales apoyos de su tío, el príncipe Alberto II, su carrera como autora en marcha y una relación estable que, a diferencia de sus años más mediáticos, prefiere vivir lejos del ruido.
